La ciudad despide a Tomás Rodríguez Bolaños al grito de 'Viva el alcalde de Valladolid'

Cientos de vallisoletanos ante el féretro de Rodríguez Bolaños en el Ayuntamiento de Valladolid. / Gabriel Villamil

La capilla ardiente se instaló en el Ayuntamiento, que nombrará al exregidor Hijo Predilecto y le concederá de la Medalla de Oro 

Víctor Vela/
VÍCTOR VELA/VALLADOLID

U n aplauso como una ola, que se forma en la calle Ferrari y rompe en la orilla de la Casa Consistorial, acompaña al cortejo fúnebre de Tomás Rodríguez Bolaños (exalcalde de la ciudad entre 1979 y 1995) cuando, a las 19:47 horas, llega a la Plaza Mayor. Le espera un océano ciudadano, agrupado en torno al pasillo que dibujan bomberos, policías locales, maceros y agentes de gala, los integrantes de la Corporación municipal (salvo el regidor, Óscar Puente, ausente por un viaje a París)y cientos de vecinos, familiares y amigos que aplauden y responden a un grito que emerge tres veces seguidas de la multitud: «¡Viva el alcalde de Valladolid! ¡Viva el alcalde de Valladolid! ¡Viva el alcalde de Valladolid!». Tomás Rodríguez Bolaños, el primer regidor de la democracia, regresó al que durante años fue su segundo hogar –el Ayuntamiento– recibir el homenaje de sus convecinos, de sus paisanos, de los habitantes de la ciudad que durante 16 años pilotó bajo las siglas del PSOE.

Diez agentes de la Policía Municipal portaron el féretro hasta el salón de recepciones de la Casa Consistorial, donde se instaló la capilla ardiente. Sobre el ataúd, sus tres hijos (Jorge, Marta y Pablo) depositaron un beso y la bandera de la ciudad. «Está muy feliz de estar aquí, estoy seguro», dijo Pablo, el menor. «Mi padre nos decía que él siempre había hecho las cosas por el bien de la comunidad y de su Valladolid tan querida». «Se ha ido muy feliz. Muy pronto, es lo único. Pero feliz. Paseando, al lado del mar, enviándonos fotos y rodeado de muy buenos amigos. Porque tenía buenos amigos y unos cuantos han estado con él. Yo no veo otra manera de que se fuese, porque las cosas le salían muy bien a mi padre. Eso es karma», apuntó.

Noticias relacionadas

Rodríguez Bolaños (Valladolid, 1944) falleció el pasado viernes, sobre las 15:00 horas, sobre las 15:00 horas, después de sufrir un infarto mientras subía los 241 escalones que llevan a la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, una de las más potentes estampas turísticas del País Vasco. Rodríguez Bolaños, y su esposa Irene, habían reservado una casa rural junto con dos parejas de amigos, las de Leandro Martín Puertas (quien durante años fue su jefe de Gabinete)e Ignacio Álvarez (alcalde de Portillo) para pasar el puente de Todos los Santos. El viernes no madrugaron. Mantuvieron una animada charla durante el desayuno, que se prolongó más allá del mediodía y, antes de comer, decidieron ascender hasta la ermita. «Tomás en ningún momento dijo que se encontrara mal. Subía a muy buen ritmo. Estaba animado. Hizo muchísimas fotos que envió por el teléfono», recuerdan sus compañeros. Sobre las 15.00 horas sufrió un infarto. Hasta el lugar se desplazaron dos helicópteros de la Ertzaintza y el Servicio Vasco de Salud. Los médicos no pudieron hacer nada por salvar su vida. El cuerpo de Rodríguez Bolaños permaneció en Vizcaya hasta primera hora de la tarde del sábado, cuando lo trasladaron hasta Valladolid para su capilla ardiente en la Casa Consistorial, donde llegó minutos antes de las ocho. Esta tarde, a las 17:30 horas, tendrá lugar la despedida en el crematorio de Las Contiendas.

Pero cientos de vallisoletanos ya le dieron su adiós. A las 16:30 horas abrieron las puertas delAyuntamiento para que quien así lo deseara dejara su mensaje en un libro de condolencias. La primera en acercarse fue Suintila Benedit 'Tila', 84 años, vecina de Caño Argales, una histórica del socialismo vallisoletano. «Hemos sido compañeros de partido durante 40 años, aunque a Tomás ya le conocía de antes, de las manifestaciones, cuando luchábamos contra la dictadura, cuando íbamos a Villalar para reclamar la autonomía. Fue un alcalde bueno, simpático, cariñoso, que se preocupó por los barrios», dijo Tila, antes de estampar su firma en el libro que será entregado a la familia. El primer mensaje, curiosamente, lo dejó un tocayo de nombre y apellido, Tomás Rodríguez, quien destacó la «humildad» y el «don conciliador» del exalcalde. Ydespués, las palabras y rúbricas de cientos de vallisoletanos, que también desfilaron frente al féretro para tributar su último adiós. Justo al lado, el retrato que le pintó Rafael Cano. A los pies, decenas de centros, ramos y coronas enviados por la presidencia del Senado, el Real Valladolid, las Cortes de Castilla y León, los grupos políticos en el Ayuntamiento y la Junta, la federación vecinal Antonio Machado y las casas regionales, la asociación Territorios de la Memoria, agrupaciones del PSOE... El primer motivo floral en llegar fue la corona de Renault España, donde Bolaños trabajó como técnico de laboratorio antes de su salto a la política. El presidente de Renault en España, José Vicente de los Mozos, transmitió «el profundo pesar» de toda la compañía.

El Ayuntamiento ha decretado, desde este sábado, tres días de luto. Durante esas tres jornadas, las banderas ondearán a media asta. Elpleno municipal celebrará mañana lunes una sesión extraordinaria, a las 11:30 horas, para aprobar una declaración institucional e iniciar el expediente para la concesión de la Medalla de Oro de Valladolid y la distinción de Hijo Predilecto de la Ciudad que, según el reglamento de distinciones del Ayuntamiento, se otorga «exclusivamente, a aquellas personas que ostentan méritos de acusada excepcionalidad y mantienen una vinculación íntima y continuada con la vida local y la comunidad vallisoletana». El alcalde accidental, Manuel Saravia, en la capilla ardiente, ante familiares y amigos, subrayó que «ya habrá tiempo de glosar su trabajo y lo que nos dejó. Lo que cabe hoy, desde el Ayuntamiento y desde el corazón, es decir:'Gracias, Tomás'».