La Policía ratifica que el pelo hallado en el interior del pantalón del pijama del acusado era de la niña Sara

Roberto Hernández sale de uno de los registros realizados en la vivienda de la calle Torquemada, escoltado por la Policía. /Castilla y León TV
Roberto Hernández sale de uno de los registros realizados en la vivienda de la calle Torquemada, escoltado por la Policía. / Castilla y León TV

El magistrado presidente del jurado, Feliciano Trebolle, anunció la suspensión, apenas una hora después de empezar la vista de hoy, al conocer el fallecimiento de su padre

M. J. Pascual
M. J. PASCUALValladolid

El magistrado Feliciano Trebolle estaba desde ayer esperando la fatal llamada desde Orense, su tierra natal. Y la recibió cuando no había pasado ni una hora desde que arrancó la sexta sesión del juicio por el asesinato de la niña Sara. Fue en mitad de la declaración de la inspectora de la policía científica que, el día 3 de agosto de 2017, participó con sus compañeros en el registro y toma de muestras y fotografías del escenario del crimen, el piso de la calle Torquemada donde vivía la acusada, Davinia Muñoz, con sus dos hijas. Tras concluir el testimonio de la policía, el presidente del jurado anunció, con la voz cargada de emoción, que su padre, de avanzada edad, había fallecido y se veía obligado a suspender el juicio.

Pero antes de la suspensión el jurado tuvo oportunidad de escuchar a tres de los integrantes de la brigada de la policía científica que 'procesaron' el piso. Los especialistas de la Policía Nacional corroboraron que, durante la inspección ocular, encontraron en la sábana bajera de la cama de la niña Sara un pelo púbico así como salpicaduras, al igual que manchas recientes de sangre en las paredes del dormitorio de la pequeña, junto al cabecero y en una esquina. Tras los análisis posteriores de ADN, el pelo resultó ser de Roberto y la sangre, de la pequeña Sara.

El desarrollo del juicio

En la habitación grande, donde dormía la pareja, en un montón de ropa junto a la cama, había un pantalón corto gris que, según les dijo Davinia, era el que utilizaba Roberto para dormir. En el interior de la prenda, que también tenía salpicaduras de sangre, encontraron un mechón de cabello fino y rubio. El agente que participó en las inspecciones oculares del domicilio ambos días, el 2 de agosto, (cuando fue ingresada la niña en el Clínico) y el 3 por la tarde (cuando la pequeña ya había fallecido y los sospechosos fueron detenidos), explicó que tras encontrar el mechón se dirigió al Instituto de Medicina Legal para recoger lo que en el argot jurídicopolicial se llama «una muestra indubitada» del pelo de la niña asesinada y se llevaron «personalmente» a Madrid para la comparativa de ADN. Remitieron también uñas y material biológico que había bajo los dedos de la pequeña y muestras de la sangre y otros fluidos que había en las paredes de su pequeño dormitorio que, según la inspectora «dieron mucha fosforescencia de restos biológicos» al pasarles la luz infrarroja.

Como habían sospechado, tras los análisis de las muestras realizado en Madrid, el mechón encontrado en los pantalones de Roberto era de Sara.

Los investigadores encontraron más sangre en una pequeña camiseta, en las sábanas y en la funda nórdica del dormitorio de la madre, así como otras manchas sospechosas en una colcha que encontraron en la lavadora y la funda de una almohada con restos de vómito. El agente ha relatado que, además, se realizó un reportaje fotográfico (algunas de estas fotos se proyectaron en la sala de vistas) y se tomaron instantáneas también de las manos de Roberto Hernández, el supuesto autor del crimen, pues presentaba pequeños arañazos en ambas.

La mesa negra

En el dormitorio de Sara, junto al cabecero y justo debajo de la ventana, había una mesa negra cuadrada, «de las de tipo Ikea», de poco peso. Supuestamente, ese era el mueble donde Roberto Hernández declaró que podía haberse golpeado Sara en la sien el 28 de julio, cuatro días antes de morir. Según el policía de la Científica, esa mesita, era la única que había en el atestado dormitorio y cuando la examinaron no presentaba ninguna mancha de sangre.

Lo que también apreciaron los policías durante su inspección del domicilio fue «el desorden y la falta de limpieza general en todos los sitios«. En el cuarto de Sara, muy pequeño y atestado de juguetes por el suelo, la agente se dio cuenta de que la mesita estaba junto a la cama y debajo de la ventana, a donde la niña se podía fácilmente encaramar. «Comentamos los compañeros lo peligroso que era la ubicación de la mesa, que la niña podía haberse subido a ella y caer por la ventana», ha relatado la policía que se ocupó de fotografiar el escenario.

Reajuste del calendario

Las vistas se retomarán el próximo miércoles 8 de mayo, a las 11:00 horas, según ha confirmado el Tribunal Superior de Justicia (TSJ), con las declaraciones de los testigos que hoy viernes iban a comparecer, todos ellos policías que participaron en el registro de la vivienda y la detención de los acusados. El jueves 9 está previsto que declare el padre biológico de la menor asesinada, Marinel F., que ejerce la acusación particular en el caso y solo pide la prisión permanente revisable para Roberto Hernández, a quien le acusa del asesinato y también de la violación y los malos tratos, y exculpa a su expareja Davinia Muñoz de todos los cargos. El día 10 están citados a declarar algunos vecinos del edificio y los días 14 y 15 de mayo serán los doctores y forenses quienes expondrán sus informes periciales.

Con posterioridad a esas fechas se programará la prueba documental y las partes expondrán sus conclusiones. A continuación, el magistrado presidente entregará el objeto del veredicto al jurado, que se retirará a deliberar. Con este retraso sobrevenido, el veredicto del jurado no se espera que se pueda producir antes de la semana del 20 de mayo, según calculan las fuentes jurídicas consultadas.