Dos médicos confirman que Sara tenía signos de maltrato y de falta de cuidados

El pediatra de urgencias del hospital Campo Grande relata lo sucedido en la consulta que examinó a Sara, el 11 de julio de 2017, dos semanas antes de la muerte de la niña. /EFE-Pool
El pediatra de urgencias del hospital Campo Grande relata lo sucedido en la consulta que examinó a Sara, el 11 de julio de 2017, dos semanas antes de la muerte de la niña. / EFE-Pool

El pediatra y la doctora que asistieron a la niña señalan que su higiene bucal era como la de «un indigente»

M. J. Pascual
M. J. PASCUAL

El pediatra y la doctora forense que examinaron a la niña Sara el 11 de julio de 2017, dos semanas antes de su muerte, cuando denunciaron que podía estar sufriendo maltrato familiar, declararon este lunes ante el jurado que los hematomas que presentaba la pequeña de 4 años en todo el cuerpo y, muy especialmente, en las nalgas, eran marcas de dedos, de golpes realizados en distintos tiempos y, desde luego, «incompatibles» con las lesiones que suelen hacerse los niños jugando.

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Los facultativos, que fueron los primeros en testificar en la tercera jornada del juicio por el asesinato de la niña, que falleció el 3 de agosto de hace dos años como consecuencia de maltrato continuado, agresión sexual y los golpes recibidos en la cabeza, mantuvieron que la menor fue víctima de maltrato continuado a tenor de la coloración de los moratones, si bien en la exploración completa que se le realizó ese día no se detectó signos de agresión sexual, pues «tenía el himen intacto y también la zona anal», según corroboró la doctora que estaba de guardia aquel día y que, por sus conocimientos como médico forense, el pediatra de urgencias del hospital que atendió inicialmente a Sara le solicitó que le ayudara a realizar un diagnóstico ante sus sospechas de malos tratos.

El pediatra, un profesional con treinta años de experiencia y que además fue consejero técnico del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, relató a preguntas de la fiscal que esa mañana, Davinia Muñoz llegó con sus dos hijas a urgencias. Sara, la pequeña, tenía el labio muy hinchado y heridas en las comisuras y quería que el médico la examinase. Entonces el doctor se fijó en que la niña presentaba también moratones en brazos y le realizó una primera exploración, fijándose en los hematomas del pecho y de la espalda. La pequeña, indicó, presentaba una gran infección en la boca, «con mucha caries por falta de higiene dental», pero entonces no presentaba ni el uñero ni quemaduras en otro de los dedos. Según recordó el doctor, la madre se mostró «pasiva» y solo cuando le preguntó por el origen de los cardenales que tenía la niña respondió que «se caía mucho y se golpeaba».

Entonces llamó a su compañera y realizó una exploración más detallada. Ambos coincidieron en que era un posible maltrato, nada accidental y mucho menos que la niña padeciera una dermatitis atópica que tuviera que ver con esas lesiones: «Presentaba hematomas por todo el cuerpo, en las nalgas tenía hematomas más recientes, de tres o cuatro días, y más antiguos, con la mano claramente marcada»; además de «un estado deficitario de higiene, con los genitales y las braguitas sucias». Al testigo no le pareció que fueran «los hematomas de un niño que se cae». Los más antiguos podrían ser de una semana o diez días, calcula.

Formación forense

Su compañera, la médica de guardia que con anterioridad a su trabajo en el Campo Grande había ejercido más de ocho años como forense, fue mucho más gráfica en su descripción del estado que presentaba la pequeña cuando realizó la exploración: «Tenía la boca séptica, infectada, con las encías negras, piezas que faltaban y otras rotas; nosotros lo comparamos con la boca de un indigente». Pero cree que la gran hinchazón de los labios que presentaba la pequeña no eran tanto producto de la infección como de un traumatismo, de un golpe, especialmente por los pequeños arañazos de las comisuras. Sobre si pudo morderse ella misma, que es uno de los argumentos que sostiene la defensa de la madre, la doctora consideró que «con el estado de los dientes que tenía no creo que se pudiera morder los labios, me parece una lesión excesiva como para que se mordiese ella misma».

Lo que más le llamó la atención, subrayó la testigo, es que las nalgas «estaban cosidas de hematomas, era una colección importante de hematomas zurcidos, bien de azotes o realizados con otros objetos, en zigzag, que presentaba distintos estadios. Pero no eran los de una persona que se cae corriendo o de la bici». La imagen, recordó, «se me quedó grabada, porque los hematomas eran numerosos e importantes».

Respecto de la actitud de la madre en cuando a las lesiones, la doctora indicó que cuando llegó ella al box donde se encontraba prácticamente no decía nada, estaba impasible. Otra cosa que le llamó la atención, y que no suele ser tónica general cuando se trata de explorar a niños, subrayó, fue que la pequeña Sara no puso ningún problema a que la desnudaran. «No es normal, normalmente no nos dejan, lloran. Hay pocos niños que colaboren tanto», aunque la pequeña tampoco hablaba mucho, lo que «es frecuente porque las batas blancas les imponen».

Y miraron hacia el padre

En la mañana del lunes también declararon los policías que acudieron a la llamada de los facultativos del Campo Grande, quienes explicaron que se abrió el protocolo de violencia contra la mujer en el momento en el que Davinia les dijo que su expareja, el padre de Sara, la maltrataba a ella y a sus hijas. Sin embargo, cuando se le ofreció que denunciara, les dijo que no porque el hombre se había marchado de su casa el 4 de julio y posteriormente había cogido un autobús para salir de España, el 7 de ese mes, y el problema se había terminado. En ningún momento, señalaron los agentes, la madre de Sara les mencionó que hubiera otro hombre en su casa que hubiera podido causar daño a ella o a las niñas, motivo por el que consideraron, en la evaluación de riesgos de Viogén, que el que tenía la mujer no era alto. Aún así, ante la falta de higiene que presentaba la niña, explicó una inspectora, el expediente se remitió a la Fiscalía de Menores para que notificara el posible abandono de la pequeña Sara a los Servicios Sociales. «La única preocupación que tenía es que le quitáramos a las niñas», indicaron los agentes a preguntas de las acusaciones.

La hermana de la víctima no declarará ante el jurado

Este martes está programado que declaren los tíos de Sara, hermanos de su madre. En la actualidad, la hija mayor de la acusada está bajo la tutela de una de sus tías y no declarará en el juicio, aunque el jurado podrá escuchar una grabación con su testimonio. Según declararon los policías que participaron en la investigación, la niña, que entonces contaba con 12 años, apenas ha hablado de lo sucedido y solo en una ocasión les indicó, llorando, que «había hecho daño a su hermana jugando». Cuando fueron al centro de menores de acogida donde se encontraba bajo tutela de la Junta, a las pocas horas de fallecer su hermana, les contó que el 28 de julio se había levantado a las siete de la mañana para ir al cuarto de baño y que luego fue a ver a su hermana a su habitación «y la vio normal». Dos horas después se levantó y se sentó en el sofá con la tablet. A continuación salió Roberto, el novio de la madre y principal acusado del crimen, y luego Sara, con un enorme golpe en la sien, y que ambos le contaron que la niña se había golpeado contra la mesilla.