Javier, un jubilado de 67 años, murió siete días antes del hallazgo de su cuerpo en Valladolid

El jubilado vivía en un ático de la calle Moraña, entre Vallsur y la sede de la Seguridad Social./J. Sanz
El jubilado vivía en un ático de la calle Moraña, entre Vallsur y la sede de la Seguridad Social. / J. Sanz

Los vecinos alertaron del mal olor en el ático del extrabajador de Fasa, situado frente a Vallsur, que falleció a causa de un infarto en el salón

J. Sanz
J. SANZValladolid

«Javier era un tío muy amable y sociable, que hacía mucha vida por el barrio», destacaba ayer visiblemente apenado el portero del bloque de pisos de alquiler de la calle Moraña, en LasVillas, ante de lamentar que «es una auténtica pena que muriera así, tan solo, sin que nos diéramos cuenta hasta que fue demasiado tarde». El cuerpo sin vida de la enésima víctima de la soledad, Javier Pérez, un extrabajador de Fasa de 67 años (cumplía los 68 en agosto), fue encontrado a primera hora de la mañana del lunes en su ático de la quinta planta del inmueble de los números 2 al 14 de la calle Moraña, situado entre el centro comercial Vallsur y la Tesorería de la Seguridad Social.

«Javier era un tío amable y sociable... Es una pena que muriera así, tan solo, sin que nos diéramos cuenta»

La secuencia anterior a las 9:25 horas del lunes, cuando los vecinos, a través del propio conserje y de la administradora, alertaron a los servicios de emergencia sobre el posible fallecimiento de Javier, responde al guion de las anteriores víctimas de la soledad registradas este año en la capital (tres solo en lo que va de mes y siete desde enero). El inquilino del ático, de 67 años y natural de Burgos, aunque afincado en la capital desde hacía lustros, estaba jubilado y vivía solo. Tenía, al menos, un hermano «con el que mantiene un contacto bastante frecuente», si bien parece que residía fuera.

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El caso es que nadie echó en falta a Javier, al menos, durante los siete u ocho días que transcurrieron desde que la muerte le sorprendió cuando se encontraba en el salón de su vivienda, un ático situado en la quinta planta del número 10 de la calle Moraña, hasta el hallazgo de su cuerpo. El examen forense determinó que el jubilado falleció fruto de un infarto «entre siete u ocho días» antes del lunes, según confirmaron fuentes de la investigación. Esa mañana fue cuando los Bomberos, después de intentar, sin éxito, abrir la puerta principal, accedieron al ático de la víctima con la escala a través de una ventana del balcón. Dentro encontraron su cuerpo sin vida, tendido entre los sofás del salón y en avanzado estado de descomposición debido al calor de la semana larga que llevaba allí tendido.

Dieciocho mayores fallecidos en soledad desde el año pasado

El hallazgo del cuerpo sin vida de un jubilado de 67 años en su domicilio de la calle Moraña, en Las Villas, tuvo lugar solo seis días después de la localización del cuerpo de Jesús, de 85 años, que perdió la vida en circunstancias similares en su bajo de la calle Ebro, en LasViudas. La semana anterior, el 2 de julio, fue Concepción, una viuda de 83 años, la que encontraba sin vida en su domicilio de la calle Tórtola, en Pajarillos. A estas tres víctimas de la soledad de los últimos quince días hay que sumar, al menos, otros cuatro casos conocidos registrados en la capital en lo que va de año. Diez mayores más que vivían solos ya fueron encontrados en sus hogares en 2018. Un drama contra el que solo cabe apelar a la compañía, los servicios de teleasistencia...

Y fue precisamente el mal olor procedente de su vivienda el que llevó al vecino de al lado a avisar al conserje el domingo anterior (estaba de descanso). «A veces te encuentras con bolsas de basura o comida en mal estado que causa el mal olor», lamenta el conserje del edificio 'Villas Norte' antes de aclarar que acudió a comprobarlo a primera hora de la mañana del lunes, en cuanto comenzó su jornada laboral. «Llamé a la puerta y, al no contestar, le llamé el móvil y escuché que sonaba dentro de su casa», relata el testigo. Después llegaron los bomberos, policías, forenses y la parafernalia habitual ante una muerte en un domicilio. También su hermano acudió a la vivienda en cuanto recibió el aviso.

«Es muy triste morir así», reitera el conserje antes de recordar cómo Javier, que llevaba dos años en el bloque, «era una persona que salía a diario y que aparentaba estar bien de salud». Pero la muerte le sorprendió solo, al menos, una semana antes de que los bomberos encontraron su cuerpo en el piso.