Hallan a un anciano que llevaba más de una semana muerto y rodeado de basura en Valladolid

Retirada del cadáver en el barrio vallisoletano de Las Viudas. / Rodrigo Jiménez

Jesús, un agricultor palentino de 85 años que sufría diógenes, vivía solo en un bajo de Las Viudas

J. Sanz
J. SANZ

«La verdad es que llevaba ya muchos días oliendo muy mal en el portal, pero tampoco le dimos mucha importancia porque de la casa de Jesús siempre salía bastante mal olor», reconocían visiblemente afectados los vecinos del bloque del número 6 de la calle Ebro después de descubrir que el origen del hedor no era está vez la basura y desperdicios que el inquilino del bajo acumulaba habitualmente desde hacía años. Jesús G., el vecino del minúsculo piso, un agricultor jubilado, llevaba «más de una semana» muerto tendido sobre la cama de su habitación. Allí encontraron su cuerpo, ya en avanzado estado de descomposición y literalmente rodeado de suciedad, los Bomberos que lograron acceder a la vivienda a través de una ventana a raíz de que una sobrina alertara a los servicios de emergencia después de dos días sin conseguir hablar con él por ­teléfono.

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El fallecido, otra víctima en soledad, y ya van diecisiete casos conocidos en el último año y medio solo en la capital, se llamaba Jesús, tenía 85 años y vivía solo. El hombre recaló casi por casualidad hace diez años en uno de los diminutos bajos de los bloques de la barriada de Las Viudas, en Delicias, que heredó al fallecer un familiar cercano. Era palentino y allí había trabajado como agricultor «toda su vida» hasta su jubilación y su marcha a la capital vallisoletana. «Siempre contaba que le había ido mal y que se había tenido que mudar aquí», relataban ayer sus vecinos cuando policías locales y nacionales, sanitarios y forenses inspeccionaban aún el interior de su domicilio pasadas las seis de la tarde, cuando la sobrina del fallecido alertó de su ausencia.

Atendido por una sobrina

«Teníamos una relación complicada debido a su carácter, pero lo cierto es que hablaba con bastante asiduidad con él, le llevaba al médico siempre que lo necesitaba y, aunque físicamente estaba bastante bien, llevamos unas semanas mirando por recomendación de los médicos a ver si podíamos hablar con los trabajadores sociales y buscarle una salida fuera de su casa», recordaba la sobrina de la víctima antes de lamentar que «al final no hemos podido ayudarle a tiempo». Su tío vivía solo desde que se mudó a Las Viudas y allí hacía una vida «bastante normal» con el vecindario: «Le veías prácticamente a diario acarreando un carrito por la calle para hacer la compra y luego regresaba siempre a paso lento a su casa», explicó uno de sus vecinos del más que humilde bloque de dos alturas, típico de la barriada, en el que residía.

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Los residentes recuerdan que tenían un «buen trato» con él, aunque destacan que tenía un carácter fuerte y que vivía encerrado en su casa. Tanto es así que su puerta tenía varios cerrojos y candados cerrados por dentro que impidieron a los Bomberos acceder con rapidez a su domicilio (llegaron en pocos segundos al estar situado el parque de Canterac a escasos metros del ­bloque).

«No me cogía el teléfono desde hacía un par de días y esta misma mañana vine y llamé a la puerta, pero no contestó y supuse que podía estar dormido», añadió su sobrina, quien regresó por la tarde. Tampoco contestó nadie en el bajo de Jesús. Fue entonces cuando los vecinos le informaron de que «llevaba ya días oliendo fatal en el portal». Así que avisó a los servicios de emergencia. Los Bomberos optaron finalmente por arrancar la verja de la ventana del salón, que mira a la calle de atrás, y romper el cristal para entrar al bajo. Después descubrieron su cadáver tendido sobre la cama. Tanto ellos como el resto de efectivos (policías, sanitarios, forenses...) tuvieron que entrar a la vivienda con mascarillas debido al fuerte hedor que desprendía no solo su cuerpo sino «las basuras que lo rodeaban».

Un «caso típico» de soledad

«Es un caso típico, por desgracia, de persona mayor que vive sola, que sufre un síndrome de Diógenes y que muere sola», lamentaron fuentes forenses antes de concretar que el vecino de la calle Ebro llevaba, al menos, «siete días fallecido». Todo apunta, a ­falta del informe definitivo, a que murió por causas naturales. Los residentes confirmaron que llevaban «una semana sin ver a Jesús».

 El cuerpo de la enésima víctima de la soledad fue trasladado al Instituto de Medicina Legal minutos antes de las ocho de la ­tarde.