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Nada de trigo

Nada de trigo

Así es la lucha contra el gluten de un celíaco desde que se levanta

EL NORTEValladolid

Legumbres, carnes, pescados, huevos, lácteos, frutas, verduras, hortalizas y cereales sin gluten, es decir, arroz y maíz. Nada de trigo. Esa es la dieta que sigue a diario una persona celíaca, desde que se levanta hasta que se acuesta, permanezca en su casa, vaya a trabajar o salga con familiares o amigos. Afrontar el día a día no es fácil porque en cualquier plancha, sartén o freidora puede estar el peligro a causa de la contaminación cruzada por los alimentos con gluten que se hayan cocinado antes. Al mismo tiempo, los productos sin gluten encarecen la cesta de la compra. Patricia García Egido fue diagnosticada de la enfermedad celíaca con 15 meses y en la actualidad preside la Asociación Celíaca de Castilla y León (Acecale), una organización cuyo principal objetivos es contribuir a mejorar la calidad de vida del colectivo celíaco. Patricia relata cómo es su día a día.

La leche, la fruta, los zumos, el café y las mermeladas naturales son sus aliados a la hora del desayuno, pero están prohibidos el chocolate y las confituras, galletas, bizcochos, y magdalenas, a no ser que los prepare ella misma con harinas de arroz o maíz. Tiene su propio tostador.

A la hora del almuerzo, recurre a sobres de café y descafeinados porque las máquinas de las empresas comparten el mismo canal (café y chocolate) por lo que es fácil que haya contaminación cruzada. Si sale a una cafetería no mira a la bollería, pero tampoco se atreve a tomar un pincho de tortilla. Lo mejor es llevarse el almuerzo de casa.

La comida es casa no tiene dificultades. A la hora de la merienda fuera de casa pasa lo mismo que en el almuerzo. La opción son las frutas y los lácteos. Llega la hora de la cena y lo más fácil es comer una ensalada o embutidos en los que no haya trazas de gluten. Patricia hace sus propias pizzas. Esos sí, el horno tiene que estar limpio, «utilizo papel vegetal para asegurarme».

El suplicio de unas simples migas

En una mesa compartida, unas simples migas de pan pueden ser un auténtico suplicio. Jamás se puede mezclar el pan con y sin gluten.

Por supuesto, tiene que advertir a los amigos cuando va a comer o a cenar a sus casas. Sin embargo, es mucho más complicado salir a un restaurante porque «tengo que someter a un interrogatorio al camarero» para garantizar que no haya ni gluten en los platos ni contaminación cruzada. La directa es pedir verduras, pescados y carnes al vapor, a la plancha o al horno.

Los restaurantes tienen obligación de informar a los clientes sobre los alérgenos. «La realidad es que la información es muy insuficiente», se lamenta. Con las nuevas técnicas culinarias ha aumentado el número de ingredientes en los platos, de manera que crece también el peligro para un celíaco. De hecho, por el momento, en los restaurantes Michelin no hay espigas barradas, que son el símbolo internacional sin gluten.

Por todo ello, los celíacos tienen una máxima: «Si tienes alguna duda, no lo comas».

 

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