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Emilio Moro 2016, mejor vino de la Ribera del Duero para el diario 'The New York Times'

Bodega Emilio Moro, en Pesquera de Duero, Valladolid. /EL NORTE
Bodega Emilio Moro, en Pesquera de Duero, Valladolid. / EL NORTE

Encabeza una lista de diez riberas teniendo en cuenta una franja de precios moderados y la calidad

Agapito Ojosnegros Lázaro
AGAPITO OJOSNEGROS LÁZAROPeñafiel

El prestigioso diario 'The New York Times', dentro de su sección dedicada a bebidas fermentadas y cócteles, ha dedicado un artículo que versa sobre una cata de tintos de la Ribera del Duero, realizada por catadores del plantel de la publicación y por expertos invitados. Encabezados por quien escribe la crítica, Eric Asimov, los catadores han elaborado una lista de diez vinos que lidera el vino Emilio Moro 2016. Además de la calidad, la elección de los fermentos testados responde especialmente a que estos tienen un precio moderado para el tipo de elaboración-envejecimiento en barricas-, que oscila entre los 13 y los 35 dólares. Emilio Moro 2016, por ejemplo, ronda los 25 dólares.

Asimov en su artículo explica que «si Rioja se inspiró en Burdeos, se dijo que Ribera del Duero era más una versión en español del Valle de Napa (California)». Esta decantación ribereña por el hacer vitivinícola del citado valle californiano, para el prescriptor estadounidense, «fue una formulación conveniente. Pero mucho ha cambiado el vino en la última década. Las regiones que eran conocidas por extraer la mayor madurez, potencia y fructificación posible para hacer sus vinos tintos están encaminándose hacia la armonía. Ha sucedido en toda California, incluso en el valle de Napa». Por lo que antes de iniciar la cata de los Ribera del Duero seleccionados, su equipo se pregunta en el artículo: «¿Qué pasa con la Ribera del Duero?». «Como alguien que valora las cualidades de moderación, equilibrio y acidez refrescante, que escaseaban en la Ribera del Duero, no siempre he tendido hacia los vinos de la región», señala Asimov, quien, a su vez, se plantea «si esta región, que había logrado tanto éxito con este estilo en particular, también había evolucionado mucho hacia vinos más elegantes y tensos».

En busca de respuestas los expertos de la cata organizada por 'The New York Times', descorcharon las 20 botellas de Ribera del Duero seleccionadas.

Otro de los planteamientos antes de probar los vinos  fue establecer los criterios del juicio: «¿Cómo es un vino típico de la Ribera del Duero? ¿Buscábamos vinos que encajaran con esas características, cualesquiera que fueran?», inquiere Asimov. Él mismo se contesta: «No, y no. Ribera del Duero es  moderna. La denominación no llegó a ser oficial hasta 1982, más de un siglo después de que la bodega insignia de la región, Vega Sicilia, comenzara» a elaborar.

Vega Sicilia, escribe el periodista estadounidense, «es uno de los grandes productores del mundo. Su vino principal, Único, una magnífica combinación de intensidad y sutileza, cuesta más de cien dólares y puede evolucionar durante décadas. Sin embargo, Vega Sicilia nunca ha servido de modelo para el resto de la región. Muchos de los enólogos de la zona buscaron inspiración fuera de la Ribera del Duero y fuera del país. Lo encontraron en el moderno modelo internacionalmente famoso de los poderosos tintos de roble».

«Grandes y poderosos», pero también «equilibrados»

Expuesto todo esto, y algunos detalles más acerca de su conocimiento de la Ribera del Duero, el periodista entra al detalle de la cata realizada. «Estuvimos de acuerdo en que nuestra sección transversal de 20 botellas ofrecía mucha más diversidad de estilos de lo que podríamos haber encontrado hace una década. Encontramos fruta y demasiado roble en algunos de los vinos. Pero también encontramos mucha más frescura de la que esperábamos, con más acidez y equilibrio», subraya Asimov, mientras que su compañera de cata Gabriela Davogustto expone que «algunos son grandes y poderosos, eso es Ribera», pero «también pueden ser equilibrados».

Los 'top 10'

«Los mejores tenían sabores de frutas picantes en lugar de la dulzura que podría provenir de uvas demasiado maduras, y una especie de 'terrenalidad' que uno podría inferir que es la típica del tempranillo de clima cálido», estima el crítico, que pasa a desgranar el 'top 10' de la cata.

 «Nuestra botella  número uno fue el 2016 de Emilio Moro, uno de los grandes nombres de la región. Este vino era intenso y pulido en el estilo moderno, a la vez que complejo y equilibrado, con sabores terrosos y expresivos. El número dos fue el 2015 Los Cantos, de Finca Torremilanos, puro y armonioso, con sabores de flores y frutas oscuras. Como sucedió con muchos de los vinos más tánicos en la degustación, se beneficiará de algunos años más de envejecimiento». 

Con un precio de 17 dólares, Finca Torremilanos «fue nuestra elección en cuanto a mejor relación calidad-precio, aunque muchos vinos pudieron haber cumplido ese papel», incluida nuestra botella número tres, «la firme pero fresca Viña Solorca Barrica 2016, con un precio de 15 dólares; y nuestra botella número siete, la picante Torremorón 2016 de solo  13 dólares».

 «El número cuatro fue un valor atípico», destaca Asimov, «el joven Viñas Viejas 2017 de Goyo García, un vino hecho naturalmente, con mínima intervención, de viñas viejas. Si tuviera que elegir una de estas botellas para beber esta noche, elegiría este vino jugoso, puro, picante y refrescante». 

En el quinto lugar está el Mibal Joven 2016, de Hornillos Ballesteros, «concentrado y rico, pero equilibrado y terrenal, mientras que el número seis fue el firme y resonante 2015 de Dominio del Soto. También cabe destacar Finca Rústica 2015, agradablemente rústico; Antídoto 2016, alegre y tánico; y el enérgico Roble 2016 de Valdrinal». 

Eric Asimov explica que «quizás una de las razones por las que nos impresionaron nuestros diez elegidos fue que eran del extremo más barato del espectro, donde el envejecimiento prolongado en barriles de roble nuevo a menudo se considera demasiado costoso. Las tres botellas más caras en la degustación, todas de más de 50 dólares, fueron rechazadas por ser demasiado 'maderizadas', demasiado dulces o simplemente demasiado», resalta el crítico. 

«No obstante, todos lo tomamos como una buena señal de que podríamos encontrar muchos vinos que nos gustasen. Fue una indicación de que los vinos de Ribera del Duero se dirigen en una dirección más emocionante».