Degustación de arte en el Mercado del Val

Degustación de arte en el Mercado del Val
Carlos Espeso

El improvisado 'flash-mob' del coro lírico Calderón se topa con un inusitado éxito de público

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRA Valladolid

La idea parecía espectacular: irrumpir en medio de la cotidianidad tranquila, de la rutina diaria del Mercado del Val, del «Paco, ponme otra» y del «¿No tienes alguna merluza un poquito más grande?». De esta manera, se pillaría desprevenida a la ciudad, al día a día urbano, con una irrupción amable y tranquila del mero arte de teatro, en pleno sábado y sorprendiendo a un acto tan urbano como es la compra del mediodía. Ese fue el propósito del coro lírico Calderón, que hoy, 18 de mayo de 2019, planeaba pillar con la guardia baja a los compradores del Mercado del Val, en una suerte de 'flash-mob' como al que nos tiene acostumbrados la Red. Pero las cosas no han salido como planeaban.

Eso no quiere decir que la intervención artística en el plano de lo cotidiano fuera un fracaso. Ni mucho menos. Pero, ya por el escenario montado para la pianista que aportaría el (mínimo pero necesario) apoyo musical, ya porque anoche se estrenara el primer espectáculo inaugural de la XX edición del TAC, o ya porque viniera anunciado en el propio Comediante, el volumen de público presente y expectante ante, paradójicamente, la sorpresa que estaba por sucederse a las 13.00 horas, excedió, con mucho, el habitual flujo de personas que registra el Mercado del Val otros sábados a la misma hora.

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El arranque fue fenomenal: las mujeres del coro subieron en la escalera mecánica que separa la planta del sótano de la principal, situándose en línea ante la cristalera (tras la cual también se desarrollaba, en plena calle, otra irrupción de lo cotidiano; los últimos acordes de un acto de campaña electoral del Partido Socialista con Óscar Puente y Luis Tudanca). La aparición de los hombres fue la más propia de un 'flash-mob'; vestidos, como ellas, de paisano, empezaron a cantar para sorpresa de otros espectadores que se encontraban a escasos centímetros de ellos.

La afluencia del público propició algún que otro tropezón, más de un «Disculpe, ahí no puede quedarse» y un particular ojo de los cantantes («Cuidado con la niña, no la pises»). Sin embargo, artistas y espectadores supieron tanto guardar sus formas y sus sitios como mezclarse cuando la situación lo requería, si bien al final unos y otros lamentaban que el éxito hubiera sido tan grande: de haber sido menos personas todo hubiese sido mucho más fluido. Entre las muchas canciones allí entonadas, se pudieron escuchar éxitos clásicos de nuestra zarzuela (como 'El rey que rabió' o la celebérrima 'Virgen de la Paloma', en la que alguna de las cantantes se avino a que su 'partenaire' fuera un intérprete no profesional improvisado) hasta grandes éxitos como 'Das klinget so herrlich' de 'La flauta mágica' de Mozart, o el muy aplaudido 'La zingarella', de 'Il trovatore' de Verdi y que cosechó improvisados apoyos musicales en la percusión de botellines de cerveza y vasos, además del muy merecido bis final.