El Norte de Castilla

Un policía de El Espinar idea un exitoso método para la búsqueda de personas desaparecidas

José Ángel Sánchez López.
José Ángel Sánchez López. / El Norte
  • José Ángel Sánchez, responsable de la Unidad de Búsqueda IPA Madrid, ha sido premiado por la fundación europea presidida por Paco Lobatón.

José Ángel Sánchez López (Madrid, 1978) es policía local en El Espinar, pero como responsable de la Unidad de Búsqueda de la Asociación Internacional de Policía (IPA) Madrid, ha organizado el X Curso de Búsqueda en Grandes Áreas de Personas Desaparecidas sin Causa Aparente, que se celebra hoy en la localidad espinariega. Durante la formación teórico-práctica, se aplicará el procedimiento BGA (Búsqueda en Grandes Áreas), que él ha creado y publicado con éxito. De hecho, fue premiado por la Fundación Europea para las Personas Desaparecidas, presidida por Paco Lobatón.

–¿En que consiste ese procedimiento de búsqueda?

–Se trata de un procedimiento que persigue reducir la improvisación y la intuición y aumentar la eficacia y la eficiencia en las labores de búsqueda de una persona desaparecida. Tener un trabajo hecho antes de que desaparezca una persona y mejorar la coordinación de los recursos existentes en un dispositivo son aspectos fundamentales. Sobre todo, se trata de tener todo listo cuando surja un caso y reducir los tiempos de búsqueda. Y esto es lo que queremos explicar en el curso que hoy se celebra en El Espinar.

–Es un protocolo reglado.

–Sí, un protocolo con dos fases: una fase previa, que conlleva todo el trabajo que se hace antes de que se produzca la desaparición de una persona (transporte, cámaras de grabación, recogida de información, funciones que tiene cada miembro del equipo, quiénes conforman el puesto de mando, qué pautas de actuación tienen que llevar los efectivos, cómo se convoca a todas las personas que deben intervenir, cómo está distribuido el puesto de mando...); y una segunda fase en la que se pone en marcha el protocolo de actuación propiamente dicho y en la que se trabajan los cálculos y parámetros sobre cómo puede progresar una persona en montaña o casco urbano. No es lo mismo que desaparezca un niño que un anciano o una persona con síndrome de down o un niño con autismo o un anciano con alzheimer. Cada casuística exige unos cálculos y unos parámetros distintos, y en función de ello hay que organizar los grupos de trabajo.

–A la hora de desarrollar el procedimiento, ¿ha pesado su propia experiencia?

–Sí. Mi experiencia se remonta al año 2009. Desde entonces hemos intervenido en cincuenta y siete dispositivos, pudiendo coordinar treinta, de los cuales hemos ayudado a resolver veintiséis aplicando este procedimiento. Ahora soy policía local en El Espinar, pero antes lo fui en Guadalix de la Sierra (Madrid). El Espinar es un municipio con muchos riesgos. Tiene una superficie de 204 kilómetros cuadrados y está enclavado en plena sierra de Guadarrama, en un terreno lleno de pinares. Enviar efectivos a un área tan complicada conlleva unos riesgos muy serios. Hay que tener a la gente muy formada.

–Su procedimiento ha sido premiado por la Fundación Europea para las Personas Desaparecidas. Supongo que es un acicate para usted.

–Fue en marzo, a raíz de la localización, en Guadalajara, de una anciana que llevaba nueve meses desaparecida. Aplicando el procedimiento y todos los cálculos y parámetros, dimos con el sector concreto y encontramos el cuerpo. La familia pudo así descansar. La mujer estaba muerta, claro, pero los familiares cerraron un capítulo de incertidumbre y dolor. Y, sí, el premio es el reconocimiento a una labor de muchos años, porque este es un trabajo que a veces no se ve, porque si no hay resultados, parece que la búsqueda no se ha realizado. El simple hallazgo de un resto óseo del desaparecido es muy importante porque permite mantener el caso abierto.

–Cuando desaparece una persona, ¿a partir de qué número de horas se pierde la esperanza de encontrarla con vida?

–Bueno, depende de muchos factores: el clima, la época del año, la alimentación de esa persona, su estado de salud, su edad... No es lo mismo un montañero habituado y perfectamente equipado que una persona mayor, con una salud débil o sometida a una medicación, o que un niño. Los tiempos de supervivencia dependen mucho del caso. En una zona como la de El Espinar, donde las temperaturas bajan mucho por las noches, las condiciones son muy agresivas para una persona que, por ejemplo, vaya sin abrigo. No hay unas horas determinadas porque depende del caso, pero podemos decir que cuarenta y ocho o setenta y dos horas ya son muchas. Por eso, las primeras horas son cruciales en una búsqueda. Si se tarda en reaccionar, malo.

–¿Qué factores motivan una desaparición?

–Yo me he enfrentado, sobre todo, a casos de personas ancianas con episodios de desorientación. Los casos de enfermos de alzheimer son muy frecuentes. También hay muchas personas que se desorientan en la montaña, porque la gente se echa al monte sin prepararse. Esto suele suceder en verano o en otoño, en la época de la recogida de setas. Pero estos son casos de personas perdidas, no desaparecidas. No es lo mismo.

–¿Cuántas personas están desaparecidas en España?

–En estos momentos, según los datos que manejamos, son catorce mil.

–¿Hay algún caso en el que haya participado que recuerde de manera especial?

–El de Juan Antonio Gómez Alarcón, un espeleólogo que desapareció en la sierra de Mijas en el año 2010. Salió a la montaña a pasar unos días y nunca más se supo de él. Llevamos trabajando hasta hoy, buscando, analizando el terreno, viendo cavidades, senderos, pistas. Es un caso que me llama la atención por tratarse de un espeleólogo experimentado, un deportista conocedor de la montaña... Que desapareciera y no dejara rastro... Y luego influye la implicación emocional con la familia:al final, todos somos parte de esa familia. En fin, hay otros casos, cada uno con sus peculiaridades, todos diferentes. Niños, ancianos, jóvenes... Está el caso de José Carlos Marcos, el montañero que estuvo un año desaparecido en La Pedriza y al final encontramos su cuerpo en una grieta... Son experiencias que se te quedan grabadas. Todas conllevan un conjunto de vivencias que no puedes olvidar.

–La montaña es un lugar especialmente complicado.

–Está a la orden del día. Mucha gente no toma medidas de precaución, actúa de manera imprudente y al final comete errores que le acaban pasando factura.

–¿Hay mucha gente que desaparece de manera voluntaria?

–Sí, sí. Son desapariciones voluntarias. Gente que ha tenido una discusión previa, un conflicto familiar... Casos de acoso escolar, problemas de salud mental... Hay personas que desaparecen, al día siguiente se arrepienten y regresan.

–Usted ha promovido la organización del curso como responsable de la Unidad de Búsqueda de la Asociación Internacional de Policía. ¿Cuál es el objetivo?

–El Espinar es un lugar propicio porque queda tarea por hacer. Se va a intentar establecer una colaboración entre todos los equipos que quieran intervenir (grupos de Protección Civil, Policía Local, Policía Nacional, Guardia Civil) para que, formados debidamente, puedan dar una respuesta inmediata en cualquier caso que pudiera presentarse. La Policía Nacional y la Guardia Civil son los cuerpos competentes en la materia, como fuerza pública, pero eso no quita para que exista una colaboración, tal y como establece la legislación, y todos vayamos a una. El objetivo es tenerlo todo preparado para cuando desaparezca alguien.