Rubén Pinar sale triunfador, con una oreja, de la primera corrida de abono en Íscar

Rubén Pinar, durante su actuación en la plaza de toros de Íscar. /CRUZ CATALINA
Rubén Pinar, durante su actuación en la plaza de toros de Íscar. / CRUZ CATALINA

La afición rindió homenaje a Manuel Jesús 'El Cid', quien se despide esta temporada de los ruedos

Cruz Catalina
CRUZ CATALINAÍscar

El diestro sevillano Manuel Jesús 'El Cid' (en su despedida de los ruedos después de 25 años de carrera), Manuel Escribano, y el albaceteño Rubén Pinar, quien se convirtió en el triunfador de la cita al lograr el único trofeo de la tarde, fueron los protagonistas este domingo del primer festejo de abono de las fiestas de Íscar.

El Cid, a quien se entregó un detalle conmemorativo de su carrera tras el paseíllo, no anduvo muy fino y se fue de vacío. En el primero anduvo bien con el capote y curioso con la muleta, rematando la faena con una estocada reventona que no le reportó premio. En el segundo de su lote, que si tuvo algo fue codicia con el caballo, la faena fue, aunque un poco mas airosa, un calco de la anterior: erró estrepitosamente con la espada al hacerla asomar por un costado, lo que le obligó a rematar con la cruceta.

Manuel Escribano se fue igualmente de vacío. Brilló en las faenas de capote y banderillas, algo menos en la de muleta, dada la poca colaboración de sus dos oponentes. El segundo fue algo mas voluntarioso y con los aceros le faltó un poco de puntería. El único premio que se llevó fue el sonido de la música de las charangas de las peñas, porque para orejas no hizo méritos.

Rubén Pinar, que suplió la ausencia justificada de Juan del Álamo aquejado de cervicalgia, tuvo la oportunidad de cortar un apéndice al primero de su lote, sin duda el mejor de los seis Adolfos, con una cuajada faena llena de detalles, incluidas banderillas con tres pares de bonita factura, que se desvaneció a la hora de matar, ya que necesitó hasta seis intentos para mandar a 'Cartuchero' al desolladero. Con el que cerraba el festejo (otro calco del tercero) fue una faena de menos a más que el público entendió, acompañándola con continuos olés y aplausos. Remató al tercer intento con la espada. Voluntariedad y entrega que le valió una oreja.