El orgullo del siglo XVI

El orgullo del siglo XVI

El poeta Damasio de Frías, contemporáneo de Cervantes, alabó el grandioso patrimonio de la Valladolid de la época

A. G. ENCINASValladolid

La 'Miscelánea Vallisoletana' de Narciso Alonso Cortés recoge un texto que dibuja, con mucho entusiasmo, eso sí, la Valladolid del siglo XVI. Lo escribió el poeta Damasio de Frías, contemporáneo y alabado por Cervantes (en 'La Galatea') o Baltasar Gracián, que en 1582 publicó una obra llamada 'Diálogo en alabanza a Valladolid', en la que un ciudadano trata de convencer a un peregrino de las bondades de la villa. (El texto completo se puede consultar aquí).

Es curioso cómo en ese texto desgrana precisamente lo que se contempla ahora esbozado sobre el plano del Plan General de Ordenación Urbana. Dice Damasio de Frías -quien al parecer era afincado en Valladolid, pero no se sabe si nacido aquí-, por boca de uno de los personajes: «Cuando ningunos edificios tuviera Valladolid particulares buenos, sino los de la Corredera [de San Pablo], podría solo con estos tener nombre los demás de muy lindos, porque verdaderamente la Corredera es un gentil pedazo de villa en la cual hay tan magníficos y suntuosos edificios como es San Pablo, San Gregorio, las casas del comendador mayor de Castilla [...]».

Enumera a continuación bastantes de esas edificaciones, muchas de ellas hoy desaparecidas. «Están allí las del Conde de Miranda, en sitio, huerta y aposento loadas sumamente de cuantos las ven. Están las del Marqués de Viana, que habiéndolas edificado a su gusto y traza siendo tan curiosas, podréis creer que no son las peores. Están las del Conde de Rivadavia, una sola ventana de las cuales es más loada que grandes otros edificios, [...] las del Marqués de Tábara, aposento que fueron mucho tiempo de los Reyes de Castilla. Están las del Conde de Salinas, [...] las de Don Pedro de Velasco, [...] las de Doña Magdalena de Ulloa, [...] las de Leguizamo, aunque no están acabadas [...]. Pero saliendo de la corredera, llegados a las casas del conde de Benavente, ellas son tales que competen justamente en grandeza [...] con cualquiera Alcácar Real de España»

Un patrimonio perdido pero cuyo valor, en parte, se quiere recuperar con este proyecto de casco histórico.

Resulta curioso que algunas de las virtudes que Damasio de Frías atribuye a Valladolid en el siglo XVI siguen vigentes a día de hoy. Así, hacia referencia al tamaño de la villa. «Veréis, pues, -le dice el ciudadano al peregrino- que Valladolid se llama gran pueblo porque tiene muchos ciudadanos, pero no tantos que excedan el debido tamaño de una villa o ciudad, conforme y razonablemente grande, porque no creo que baja de nueve mil vecinos ni creo que pasa de diez mil, que tal tamaño, si bien me acuerdo, loan algunos en un bien instituido pueblo y bien gobernado».

Un tamaño confortable que redundaba, a juicio de Damasio de Frías, en el buen trato con amigos y familiares. «Cómoda grandeza de Valladolid que estén los amigos a mano para poderse tratar con facilidad y verse cada día sin que les estorbe la mucha distancia y apartamiento de las casas, como acaece en pueblos de excesiva grandeza, en los cuales, como dice el refrán latino, con el silencio se pierden muchas amistades».

Hasta el río recibe su rosario de alabanzas de parte del poeta-ciudadano, entusiasmado al cantar las maravillas de la ciudad. «Porque puente, río, ribera, salidas, frescuras, todo junto no sé yo que algunos de los principales pueblos de estos reinos los tenga mejores, y no sé si algunos tan buenos, siendo Pisuerga entre los seis ríos famosos de España, Ebro, Duero, Tajo, Guadiana, Guadalquivir, por ventura que si no el primero el segundo; pues, como dice el refrán de Castilla, Duero lleva la fama y Pisuerga el agua».

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