La larga lucha para conseguir el día internacional del braille

Una persona invidente lee un libro en braile. /R. S. / EFE
Una persona invidente lee un libro en braile. / R. S. / EFE

Las personas ciegas celebran un reconocimiento que supone un hito en la defensa de los derechos del colectivo

RUBÉN V. JUSTO Valladolid

El 17 de diciembre de 2018 la Unión Mundial de Ciegos se reunía con el comité de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York. La negociación marcaría un antes y un después en la historia del colectivo. Allí se acordó que el 4 de enero sería el Día Internacional del Braille, un hito en la lucha por los derechos del colectivo.

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El delegado autonómico de la Once en Castilla y León, Ismael Pérez, admite que no ha sido fácil «conseguir el reconocimiento». La lucha por la inserción social de las personas sin visión se remonta al nacimiento de Luis Braille en 1809. Durante su vida desarrolló un sistema que permitiría a las personas sin visión acceder al conocimiento y poder comunicarse de forma efectiva. Y es que, según la escritora Coia Valls en su novela 'Los caminos de la luz', «antes de Braille los ciegos estaban abocados a la mendicidad».

Lejos de de esa situación, se ha logrado su integración. Aunque «quedan muchas cosas que hacer», dice Ismael Pérez, como la aplicación de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad o el Tratado de Marrakech de la Ompi.

En «España la situación del braille es dispar dependiendo del lugar». El principal objetivo de la Once es «potenciar entre el colectivo su conocimiento» porque «es el sistema de lectoescritura por antonomasia de las personas ciegas, al igual que no lo es para las personas no ciegas el texto en tinta». Un sistema que, con la incursión de las tecnologías en la sociedad, «ha ido en decadencia».

«Fuera de la Once el braille en general es conocido ya que, afortunadamente, desde hace bastante años nuestros hijos en los colegios aprenden que hay sistemas de comunicación diferentes al habitual». En Castilla y León se han registrado 4.200 personas sin visión. Es el caso de María José Castaño, una vallisoletana de 58 años que perdió completamente la visión cuando tenía trece.

El delegado autonómico d a Once apostilla que el braille «debe estar presente en los ámbitos de la educación, la cultura, el consumo de productos, bienes y servicios, el etiquetado de productos alimentarios y los productos de farmacia», lo que facilita la comunicación, y el día a día, a las persona sin visión.

 

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