Los Hijos de Baco navegan hacia la victoria en el descenso del río Esgueva

Un participante prepara su embarcación. /Henar Sastre
Un participante prepara su embarcación. / Henar Sastre

Siete peñas disputan la decimotercera edición de la tradicional regata ante la mirada de decenas de curiosos

Álvaro Gómez
ÁLVARO GÓMEZValladolid

Es una competición de lo más peculiar cuyo mayor premio es llenar de alegría y jolgorio las aguas del río Esgueva durante unas horas. Con los pantalones arremangados por debajo de las rodillas y el calzado acuático enfundado se echaron al agua los timoneles encargados de dirigir las embarcaciones de sus respectivas peñas, cuyas creaciones fueron de nuevo de lo más peculiares. Una lancha con hélices que no funcionan, un barco adornado con fotos de los peñistas y hasta una tortilla de patata que flota a pesar de tener el tamaño de una rueda de moto.

Los chicos de Metal Heart, Los Comuneros, Los Orejas, La Despensa, Simpáticos Lugareños, Los Hijos de Baco y Velardes compitieron en dos carreras previas con el objetivo de clasificarse para la gran final. Ya en la primera se vio que la Ingeniería Naval no es el punto fuerte de estos peñistas, pues un par de barcos luchaban contra la fuerza del río y no había manera que los hiciera avanzar. De hecho, la gran tortilla parecía ser de cangrejo porque incomprensiblemente se movía hacia atrás. Una vez pasado el farragoso inicio, los barcos comenzaron poco a poco a seguir el curso de las aguas para la alegría de los peñistas que seguían la carrera desde el lado que daba la sombra en el Paseo del Cauce.

Llegaron las primeras celebraciones con la clasificación de Comuneros e Hijos de Baco, que esperarían en la finalísima a las dos lanchas más veloces de la segunda carrera de este evento de la Federación de Peñas. Desde el público llegaban los gritos de unos niños, «¡Despensa, Despensa!», animando a su peña y una pequeña apreciación sobre la barca más original de la tarde: «¿pero de cuántos huevos es esa tortilla?».

En una final más rápida de lo esperado tras las interminables carreras anteriores, los Hijos de Baco se hicieron con el esperado primer puesto gracias a su bólido circular comandado por un pequeño mapache. Los peñistas con falda escocesa celebraron con contención, saboreando el primer puesto del descenso del Esgueva, pero con la mente puesta en la siguiente competición.

Carrera de relevos con flotador

Era el turno de la carrera de relevos con flotador por los tobillos, una disciplina que nadie puede explicar el por qué de no ser olímpica. El tiempo empieza a contar con el inflado del flotador por parte del primer participante de cada peña que, tras enfundárselo a media altura de las piernas, corren o saltan por el río para llegar hasta su compañero y cederle el flotador para cederle el turno.

En esta ocasión los campeones fueron los Comuneros y esta vez sí, celebraron en el agua por todo lo alto. Los Simpáticos Lugareños compitieron ambas disciplinas, pero no consiguieron el trofeo de ninguna al quedar segundos en ambas. Más allá de los resultados, los verdaderos ganadores fueron los peñistas que se contaban por decenas y otros tantos curiosos que hicieron más amena su tarde con este evento, rodeados de música, alguna que otra cerveza y ese ambiente festivo que se apodera de Valladolid durante estos días.