Tres años y diez meses para el conductor ebrio que causó la muerte de una mujer en Valladolid en 2017

El accidente de 2017 en Parquesol. /J. Asua
El accidente de 2017 en Parquesol. / J. Asua

El hombre circuló a gran velocidad hasta Parquesol, donde colisionó con otro coche, cuya ocupante falleció cuatro días después

IRIS SIMÓN ASTUDILLOValladolid

El Juzgado de lo Penal número 4 ha condenado a tres años y diez meses de cárcel al conductor que ocasionó la muerte de una mujer en la calle Hernando de Acuña, en Parquesol, el 4 de agosto de 2017. Además, se le retirará el permiso de conducir por un periodo de cinco años y seis meses, y tendrá que abonar una indemnización de más de 120.000 euros para los familiares de la víctima, Sonia Herrero, de 30 años. Carlos Drouet Medina, de 33, ha sido considerado como autor de los delitos de homicidio por imprudencia grave, contra la seguridad vial y conducción temeraria.

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En el momento de los hechos, el ahora condenado circulaba a gran velocidad y bajo los efectos del alcohol por la plaza de Juan de Austria en dirección al Paseo de Zorrilla y colisionó con un taxi que se encontraba estacionado en la parada de El Corte Inglés. Al apearse del vehículo, aparentemente con la intención de hacer un parte amistoso, el taxista apreció signos de que el acusado podía estar bajo la influencia del alcohol, por lo que llamó a la Policía. El acusado reinició la marcha y huyó de nuevo a gran velocidad, se saltó hasta tres semáforos en rojo y «pasó rozando a toda velocidad en dirección a la avenida de Salamanca» a un motociclista y a su pasajera.

El acusado circulaba sin luces, se saltó tres semáforos y quintuplicó la tasa de alcoholemia

Con esta misma actitud accedió al barrio de Parquesol, donde circulaba sin luces. Un joven del barrio y su novia presencieron la trayectoria del vehículo a la altura de Doctor Villacián, en el cruce con Adolfo Miaja de la Muela. Un poco más arriba, en Hernando de Acuña con Manuel Silvela, golpeó el coche de la víctima, que murió cuatro días después en el hospital. «Dio marcha atrás quemando rueda, se saltó el semáforo en rojo, siguió acelerando, se saltó el segundo y a los pocos segundos oí el golpe fuerte», recordó el testigo antes de insistir en que lo primero que pensó «es que era un ataque terrorista. Iba descontrolado, era como un kamikaze». Ya en el Río Hortega, el acusado dio su consentimiento para comprobar su tasa de alcohol mediante un análisis de sangre, que arrojó un resultado de 2,47 gramos por litro, una tasa equivalente a 1,23 miligramos por litro de aire expirado –el límite es de 0,25–.

El hombre declaró en el juicio, celebrado a finales de junio, que no recordaba nada de los hechos «ni del momento en el que salí del bar», según indicó a la única pregunta del fiscal, que optó por no continuar preguntándole. Según las agentes de la Policía Local que realizaron el atestado, el conductor «olía mucho a alcohol y apenas articulaba palabra». El subinspector que realizó el informe técnico corroboró que el conductor iba a 85 kilómetros por hora en una vía limitada a 50.