Cinco fosas aún sin localizar albergan los restos de 324 represaliados en el cementerio de El Carmen de Valladolid

Estado actual del memorial de los represaliados del franquismo en el Cuadro 63 del cementerio de El Carmen./J. S.
Estado actual del memorial de los represaliados del franquismo en el Cuadro 63 del cementerio de El Carmen. / J. S.

El memorial con los cuerpos de 247 fusilados será inaugurado en abril, en el aniversario de la II República

J. SANZValladolid

El 4 de agosto de 1936, apenas unas semanas después del alzamiento nacional, se abrió la primera fosa común documentada en el cementerio de El Carmen para acoger una montonera de cuerpos de las decenas de personas que fueron ejecutadas por el bando franquista en los primeros momentos de la Guerra Civil. Los sepultureros aún excavarían en otros nueve puntos del camposanto. «Ahora sabemos que llegaron a abrir diez fosas comunes entre 1936 y 1938 y que en ellas fueron enterradas 571 personas», explica Julio del Olmo, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), quien aclara que han podido llegar a esta conclusión después de examinar decenas de legajos de la época. Él y un grupo de arqueólogos consiguieron localizar cinco de estas fosas en el tristemente célebre Cuadro 63. De allí rescataron del olvido los restos de 247 represaliados en los últimos dos años y allí, en el punto exacto en el que fueron desenterradas las víctimas, está a punto de concluirse el memorial que les rendirá homenaje y en el que sus restos podrán descansar con la dignidad que sus familiares llevan más de ochenta años pidiendo.

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Las obras están ya muy avanzadas y la idea de los familiares es poder inaugurar el memorial, que lucirá los nombres de todos los vallisoletanos represaliados, «coincidiendo con la celebración del próximo 88 aniversario de la II República (el 13 o el 14 de abril)». Los restos de los 247 ajusticiados, que en su inmensa mayoría están sin identificar, reposaran en su interior a la espera de una chispa de suerte que permita ponerles nombres y apellidos. «Tenemos las identidades de 80 de los 247 y sabemos las fosas en las que fueron enterrados, pero hasta ahora solo hemos podido identificar fehacientemente a cinco de ellos», reconoce el arqueólogo de la ARMH.

Catas en el cuadro de al lado

Justo al lado del Cuadro 63 se encuentra el 57 y allí sitúan los investigadores las cinco fosas comunes que aún no han podido localizar después de un par de semanas realizando catas «en las tumbas vacías». Los trabajos de búsqueda concluyeron sin éxito la semana pasada. «No hemos encontrado nada, pero intentaremos proseguir con esta labor», anticipa Julio del Olmo, quien aclara que solo en esas fosas está documentada la presencia de otros 324 cuerpos de personas fusiladas entre el 4 de agosto de 1936, cuando se abrió la primera, y el 6 de junio de 1938, cuando se tapó la última.

El ADN permite identificar al alcalde socialista de Casasola, ejecutado en 1936

Mateo Gómez Díez tenía 47 años, estaba casado con Engracia y tenía cuatro hijos (de 20, 18, 9 y 5 años) cuando estalló la sublevación militar que puso fin a la II República. Él era un jornalero afiliado al Partido Socialista, fue concejal en su pueblo desde las primeras elecciones de 1931 y accedió al cargo de alcalde de Casasola de Arión en febrero de 1936. Siete meses después, el 6 de septiembre, fue fusilado y arrojado a una fosa común en el cementerio de El Carmen. Sus restos, junto a los de otras 51 personas, vieron la luz hace dos años y ahora, por fin, acaban de ser identificados con una comparativa de ADN tomada de su única hija viva, la menor, hoy de 89 años.

«La historia de mi abuelo estuvo silenciada durante años y mi madre -la hija de Mateo Gómez- siempre tuvo el deseo de saber dónde estaba su padre», explicaba ayer Ángeles, su nieta, antes de visitar a su progenitora en la residencia en la que reside para comunicarle que, por fin, habían localizado a su padre 83 años después de su fusilamiento.

La muerte del alcalde socialista de Casasola de Arión, en aquel lejano 6 de septiembre de 1936, solo fue el comienzo de una pesadilla que marco para siempre a su familia. Su hija pequeña, entonces de tan solo 5 años, podrá ahora «cerrar esta página de su historia con una mezcla de alegría y de cierta amargura por tener que remover el pasado». Un pasado trágico que comenzó con el fusilamiento de Mateo Gómez Díez. La represión franquista se cebaría después con su viuda e hijos. Los dos mayores, de 18 y 20 años, fueron reclutados a la fuerza por el bando nacional y enviados al frente más peligroso de la Guerra Civil, como fue el de la batalla del Ebro. «Les dieron a elegir entre correr la misma suerte de su padre o alistarse», recuerda su sobrina.

Los dos, pese a todo, sobrevivieron a la guerra. Pero a la familia aún le esperaba una sorpresa en forma de condena administrativa por sus «responsabilidades políticas» a Mateo Gómez Díez, un lustro después de muerto, en un proceso habitual a partir de 1939 que «buscaba perseguir y atormentar a las familias». Tanto es así que se condenaba a su viuda y herederos (los hijos mayores) al pago de una multa de 700 pesetas el 24 de junio de 1941. «Eran cantidades inasumibles para estas familias», relata Julio del Olmo, de la Asociación de la Memoria Histórica (ARMH).

Los descendientes de Mateo Gómez tendrán que decidir si sus restos descansan en su Casasola natal o en el memorial de El Carmen. «Es una decisión que tengo que hablar con mi madre», concluye su nieta.

La mecánica de la represión franquista cambió entonces y, aunque se cree que rozan el millar los represaliados que están enterrados en El Carmen, los cuerpos de muchos de ellos fueron entregados a partir de 1938 a los familiares. Con anterioridad a la apertura de grandes fosas, en los primeros días del alzamiento, los primeros ajusticiados fueron sepultados en fosas individuales en las que se tiraban, y ese es el verbo, entre tres y once cuerpos.

Los trabajos arqueológicos, y la colaboración de las familias, han permitido identificar a cuatro víctimas por el ADN -la prueba cuesta mil euros-, como son la palentina Lina Franco Neira, las vallisoletanas María Doyagüez y María Ruiz Doyagüez (madre e hija) y el alcalde socialista de Casasola de Arión, Mateo Gómez Díez -los resultados del laboratorio llegaron la semana pasada-. Una quinta persona, el sargento segoviano Francisco González Mayoral, también ha podido ser localizada.

Sus restos y los de sus compañeros de infortunio que han sido recuperados en las fosas abiertas hasta la fecha -de todos ellos se han tomado muestras de ADN- reposarán en adelante en el sencillo memorial construido en el Cuadro 63 de El Carmen a la espera de su identificación.