Autorizan a una vallisoletana a acceder a la cripta del Valle de los Caídos

Familiares de víctimas del franquismo, en la cripta del Valle de los Caídos. /EFE
Familiares de víctimas del franquismo, en la cripta del Valle de los Caídos. / EFE

Mercedes Abril visita los trabajos de exhumación de 81 cuerpos, entre los que confía que se encuentre su padre, asesinado en la Guerra Civil

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

Es una ventana pequeña, excavada en la pared, protegida por una puerta de climalit, en las tripas del Valle de los Caídos. Ya ella se asoma Mercedes Abril, 85 años, para ver al otro lado «una habitación llena de cajas, había muchísimas», en cuyo interior, tal vez, Mercedes está segura, se encuentran los restos de su padre, Rafael Abril Avo, asesinado en las primeras semanas de la Guerra Civil, sin noticias suyas desde la última carta que escribió el 22 septiembre de 1936. «Nunca desde entonces he estado tan cerca de él. Solo he podido echar un vistazo a la cripta, solo lo he visto a través del cristal, pero ha sido emocionante, algo tremendo:pensar que ahí, tan cerquita, está por fin mi padre».

Mercedes es una de las familiares de víctimas del franquismo que por primera vez han accedido a la cripta del Valle de los Caídos (en el tercer nivel de la capilla delSanto Sepulcro) para ver el lugar en el que, supuestamente, seguramente, están enterrados sus allegados. No lo saben con certeza. Para eso es necesario cotejar la huella genética. El Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses del Ministerio de Justicia ya ha tomado a Mercedes las muestras de ADN. Ahora, está a la espera de la exhumación de los cadáveres que permita cotejar las pruebas. Y confirmar así que esos huesos metidos en cajas, apiladas detrás del cristal, son, de verdad, los de su padre.

Se trata de un momento «histórico», como lo calificó Eduardo Ranz, el abogado de las seis familias que el pasado 20 de noviembre fueron recibidas en La Moncloa para acordar los pasos que se darían a partir de entonces para cumplir una sentencia pionera, de marzo de 2016 (hace tres años ya), en la que un juez de San Lorenzo del Escorial reconocía el derecho de la familia Lapeña a exhumar los cuerpos de Manuel y Antonio, dos hermanos que fueron fusilados en Calatayud en las mismas fechas en las que mataron al padre de Mercedes.

Mercedes Abril, con una foto de sus padres, en su casa de Valladolid.
Mercedes Abril, con una foto de sus padres, en su casa de Valladolid. / ALBERTO MINGUEZA

Patrimonio Nacional reconoce que «el 8 de abril de 1959 ingresaron como desconocidas 81 personas correspondientes al número de registro del 9.466 al 9.546 procedentes de Calatayud». No hay nombres. Solo una cifra: 81 cuerpos. Entre ellos están, seguramente, los hermanos Lapeña. Y la prueba de ADN se debe hacer a todos, a los 81, para comprobar cuáles de ellos son Manuel y Antonio Lapeña. «Si mi padre está ahí, también le harán la prueba.Y podrán comprobarlo con mi ADN», cuenta esperanzada Mercedes. «Esa es la solución para abrazar de nuevo a mi padre», explicaba ayer.

Mercedes acudió a la cripta del Valle de los Caídos acompañada por su hija y por los familiares de las otras cinco familias que en 2012 iniciaron una batalla judicial que parece tener ya los días contados.El Gobierno, en aquella reunión de noviembre, acordó tomar las muestras de ADNa los familiares, elaborar un nuevo informe técnico y permitir a las familias la visita al lugar en el que están enterrados aquellos 81 cuerpos que llegaron desde Calatayud y comprobar cómo se llevan a cabo las labores de exhumación.

Entre ellos, entre los 81, tal vez Rafael Abril Avo (Alicante, 1907). Muy joven, Rafael se mudó a Valladolid, sacó una oposición como ferroviario, aquí se casó con Eusebia Alonso. En 1930, lo enviaron como jefe de estación a Calatayud. Al poco, se trasladó a Clarés de Ribota, donde Mercedes nació en 1933. En septiembre de 1936, «la Falange y la Guardia Civil se lo llevaron detenido y lo encerraron en la estación de Calatayud».

Rafael envió cuatro postales a su familia.La última, el 22 de septiembre, en la que mandaba «besos para Merceditas». Su hija conserva esas cartas. También la misiva que envió su madre y que le fue devuelta. El motivo: «Salió». La familia supo que lo habían fusilado. Mercedes conserva además la delación que hizo el cura del pueblo, Francisco. Acusaba a Rafael de «destacado comunista extremista», dudaba de que estuviera casado por la iglesia, de que la hija estuviera bautizada. «Todo falso», dice Mercedes. Su madre, tras la desaparición de su esposo, regresó a Valladolid. Hoy, 83 años después, Mercedes quiere abrir por fin esa ventana de la cripta del Valle de los Caídos y recuperar así los restos de su padre.

Aquí puedes leer al completo la historia de Mercedes Abril.