La mujer cumple 30 años en la Guardia Civil con 48 efectivos en Palencia

Cinco guardias civiles que prestan servicio en la Comandancia. /Antonio Quintero
Cinco guardias civiles que prestan servicio en la Comandancia. / Antonio Quintero

Desde su incorporación en 1988 al instituto armado, más de 150 mujeres han prestado servicio en la Comandancia

Ricardo Sánchez Rico
RICARDO SÁNCHEZ RICOPalencia

Su presencia hoy en la calle, uniformadas de verde, forma parte de la cotidianidad, pero hace ahora tres décadas, su incorporación al Cuerpo tuvo su impacto entre una sociedad acostumbrada al bigote bajo el tricornio. Por aquel entonces, en el año 1988, pensar en una agente de Tráfico sobre una motocicleta o dando el alto en un control, era casi una quimera, pero los tiempos han cambiado y actualmente una coleta sobre la guerrera no sorprendería ni al mismísimo IIDuque de Ahumada. Son las mujeres de la Guardia Civil, que cumplen 30 años desde su llegada al instituto armado y que en Palencia se suman a tal fecha con 48 efectivos en la Comandancia. De ese total de 48 mujeres beneméritas, una tiene el grado de teniente, otras tres son sargentos y el resto, guardias. Y por unidades, dos se agrupan en Policía Judicial; una en Información; tres, en Intervención de Armas; cuatro, en servicios burocráticos y las otras 38, en Seguridad Ciudadana, según los datos aportados por el instituto armado, que cifra en más de 150 las mujeres que han prestado servicio dentro la Guardia Civil en Palencia en los 30 años transcurridos desde su incorporación.

Los testimonios

Aunque la incorporación efectiva de la mujer al instituto armado no se llevó a cabo hasta 1989, hay que remontarse a 1948 para encontrar a las primeras mujeres vestidas con el uniforme de la Benemérita (sin divisas ni armamento). En dicho año se producía la absorción del Cuerpo de Carabineros dentro de la Guardia Civil, y fue a través de dicho acontecimiento cuando surgió la necesidad de la presencia de la mujer para llevar a cabo tareas tales como los registros corporales, que únicamente podían ser efectuados por estas y que resultaban del todo imprescindibles para unidades como las responsables del Resguardo Fiscal del Estado. Estas mujeres, denominadas 'matronas', por lo general habían enviudado de guardias civiles o eran huérfanas de los mismos, y de esta manera continuaban vinculadas con el Cuerpo.

Pasarían varias décadas hasta que surgiera la inquietud en España de abrir las puertas de las Fuerzas Armadas y de los cuerpos policiales a la mujer, al igual que habían hecho otros cuerpos del resto del mundo. Fue en 1988 cuando se promulgó el Real Decreto-Ley número 1 de 22 de febrero, que permitió ese mismo año el acceso a las pruebas de selección a todas aquellas mujeres cuya vocación les encaminaba hacia la Guardia Civil. Ese Real Decreto era una consecuencia de las Leyes Orgánicas de Criterios Básicos de la Defensa Nacional (1980-1984) y del Plan para la Igualdad de Oportunidades para la mujer. En este último se establecía en el preámbulo que no podía existir en el proceso de selección más diferencias que aquellas derivadas de las «distintas condiciones físicas», que la mujer podría alcanzar todos los empleos militares y que los destinos a ocupar serían los mismos que los de los hombres, salvo los que se derivasen de las condiciones fisiológicas.

De un total de 2.817 aspirantes, en 1988 ingresaron 197 mujeres en la Guardia Civil, formando parte de la 94ª promoción, pensando que ya habían superado todos los obstáculos para llegar a ser agentes de la Guardia Civil. Sin embargo, se encontraron con que la normalización de la mujer dentro del Cuerpo tenía todavía un largo recorrido por delante. Al igual que en otros ámbitos, la incorporación de las mujeres a un colectivo claramente masculino tuvo que hacer frente a resistencias al cambio por la ruptura de roles y estereotipos hasta entonces asentados en la sociedad.

A su llegada, las instalaciones estaban preparadas para acoger solo a hombres, la uniformidad estaba diseñada por y para el hombre, existía una reglamentación que no hacía referencia a la realidad de la mujer y, por supuesto, el conjunto del colectivo no estaba preparado para su llegada.

No fue hasta 1993 cuando ingresaría la primera mujer en la Academia General Militar de Zaragoza, donde inician la formación de cinco años los oficiales de la Guardia Civil, por lo que la primera oficial, teniente de la Guardia Civil, obtuvo su empleo en 1998.

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