«Hay compañeros a los que les cuesta ir apoyados por una mujer»

Las guardias civiles en la comandancia. /Antonio Quintero
Las guardias civiles en la comandancia. / Antonio Quintero

El testimonio de varias guardias civiles destinadas en Palencia

El Norte
EL NORTEPalencia

Yolanda U. Agente en la Comandancia.

Cumple 25 años en un Cuerpo en el que ingresó con 18 de forma vocacional, porque no tenía familia en la Guardia Civil. Estaba estudiando y cuando tuve la edad, salieron las plazas y me presenté. Dejé los estudios para presentarme, tenía claro que quería ser guardia civil. Es un cuerpo que me da muchísimo respeto y para mí era lo más, totalmente vocacional. A día de hoy, volvería a ser guardia civil», señala la agente Yolanda U., cuyo primer destino fue en la Sección Fiscal del Puerto de Barcelona.

Contexto

«Estuve tres años allí, luego en Seguridad Ciudadana en Valladolid en dos pueblos, la gente allí era muy agradable con nosotros, te abrían las puertas de su casa», agrega Yolanda, que presta ahora servicios burocráticos en la Comandancia de Palencia, aunque ha estado catorce años en el Núcleo de Reserva.

«A algunos compañeros les cuesta mucho comprender que tienen que ir apoyados por una mujer, aunque en todas las unidades tendría que haber una. A mí me han llegado a decir que las mujeres guardias tenemos más mala leche, entonces nos respetan más, se cortan un poco. La fuerza física no sé si he tenido que usarla una o dos veces en estos 25 años, pero las mujeres tenemos más psicología... Estuve comisionada en el Núcleo de Reserva y fueron años muy intensos, me lo pasé muy bien», señala Yolanda, a quien, cuando se quedó embarazada, «no sabían ni dónde meterme»

«Vine a la Comandancia de Palencia de siete meses, al séptimo mes todavía no tenía uniforme de premamá y hacía servicios burocráticos de paisano. Venía de Valladolid y aquí sí que conseguí que me diesen uniforme para esos dos meses. Di a luz en mi día libre», comenta.

Inma Y. Guardia civil comisionada en el COS

«La Guardia Civil se va modernizando poco a poco»

La guardia civil Inma Y. está destinada en Villarramiel, pero apenas ha prestado servicio en el puesto porque está comisionada en el Centro Operativo de Servicios (COS). En la Guardia Civil desde el 2006, antes estuvo destinada en lugares como Guadalajara, Teruel o Aguilar de Campoo.

«Poco a poco, vamos modernizándonos en la Guardia Civil», señala Inma, que está comisionada en el COSen la Comandancia de Palencia pero que tiene destino en Villarramiel, «un pueblo 'chiquitito' pero que también tiene su encanto».

Cualquiera pudiera pensar en la dificultad para adaptarse al medio rural, pero la naturaleza y la demarcación del Cuerpo obliga, y en ese sentido Inma no tiene ningún problema. «Tú decides vivir en un pueblo cuando haces la papeleta de vacantes. Antes pedías la provincia y no sabías dónde te iban a mandar, pero es un cuerpo eminentemente rural y sabes que tienes el 80% de posibilidades de ir a un puesto, por lo menos al principio. Eso sí, tienes la esperanza de que sea un pueblo grande, apostilla Inma, que en el COS atiende también la línea del 062 y la centralita de la Comandancia.

Begoña H. Guardia civil de la primera promoción

«En pleno invierno, hacía puertas con 'faldita' y zapatos de salón»

Con treinta años en el Cuerpo, desde el 1 de septiembre de 1988, Begoña H. forma parte de la primera promoción de mujeres en la Guardia Civil y su destino inicial fue Becerril. Otras tres mujeres ingresaron ese año en el Cuerpo en Palencia, destinadas a Paredes de Nava, Torquemada y Cevico de la Torre. «Al principio fue un choque para nosotras, pero también para los compañeros y para la sociedad. Te miraban como un bicho raro, por lo menos en Becerril. Los compañeros, era tal el choque que te trataban con mucho respeto, no tengo ninguna queja de ellos», apunta Begoña, que asegura que, «si lo hubiera pensado, a lo mejor no me hubiera hecho guardia civil». «Yo vivía aquí en este cuartel, mi marido era guardia, con tres hijas no veía mucha salida y salió la posibilidad. Como daba la talla, me dije: ¡Voy, y ya está! Y así fue», agrega Begoña, que recuerda una anécdota de cuando llevaba ya dos años en Becerril.

«Llamaron al puesto y pregunté que con quién hablaba, y la otra persona me dijo que si yo era la mujer del sargento, no una guardia civil», detalla Begoña, a quien, cuando llevó los muebles, también le decían que de quién era mujer. «En el pueblo mantenían mucho la distancia, no se paraban a hablar conmigo, no sabían qué decirte, pero siempre fueron muy correctos», subraya Begoña, que cuando ingresó en el Cuerpo no había uniformidad para embarazadas, ni las mujeres tenían pantalón.

«Solo teníamos falda y la guerrera, así que, en Becerril, en pleno invierno, hacíamos puertas con faldita y zapatos de salón. Tampoco existía la conciliación, a una embarazada no se le daba puesto burocrático, con la 'panza' estaba haciendo servicio en la calle. Con algún compañero tuve alguna discusión, porque decía que si una mujer no podía ser motorista porque no podía con la moto. Las mujeres, si no estamos en todas las unidades es porque no queremos, no porque no podamos», agrega Begoña en tono reivindicativo del género femenino.

«Nosotras tenemos que demostrar día a día que somos guardias civiles, lo que ellos no. Pero lo tenemos asumido, algún día cambiará. Pero la sociedad nos respeta más todavía que a los hombres, no se dirigen a nosotras como a un compañero hombre. Las mujeres trabajamos de forma más organizada», concluye Begoña.

Natalia G. Teniente del instituto armado en Aguilar

«Las mujeres en la Academia General somos un cadete más»

Integrante de la última promoción de la Academia de Oficiales de la Guardia Civil, la teniente Natalia G., segoviana de 24 años, está destinada en Aguilar. Juventud, pero gran aplomo, una mujer con mando en un Cuerpo eminentemente masculino. «Entré en la Guardia Civil por herencia familiar. Mi padre fue guardia civil, mi abuelo también y desde pequeña quería ser guardia civil. Luché por ello y conseguí entrar en la Academia General. El tránsito es duro, pero recompensa, también te tienen que curtir. Son cinco años, dos en Zaragoza junto con el Ejército de Tierra, y luego tres en Aranjuez solo Guardia Civil», explica Natalia G. que en la Academia de Oficiales realizó un grado de Ingeniería de la Seguridad y un máster de Dirección Operativa de la Seguridad.

«Hay momentos en que te surge alguna duda y algún momento de flaqueza, pero se acaba superando y recordando por qué estás ahí», explica la teniente del instituto armado, que está destinada en la Compañía de Herrera de Pisuerga, con residencia en Aguilar de Campoo.

«Imagino que en los inicios de la mujer en el Cuerpo sería más difícil, pero a todos los cambios hay que adaptarse. Hoy en día, las mujeres somos un cadete más en la Academia de Oficiales, da igual que seas mujer o hombre», apostilla Natalia G., que tiene ante sí toda una carrera militar por delante.

«Mi intención, por supuesto, es ascender», concluye la teniente de la Guardia Civil.

María del Valle C. Sargento en Intervención de Armas, estuvo antes en Tráfico

«No he tenido nunca ningún problema haciendo pruebas de alcoholemia»

La sargento María del Valle C. lleva en la Guardia Civil desde el año 2002. Actualmente presta servicio en Intervención de Armas, pero antes estuvo destinada en el Destacamento de Tráfico de Herrera de Pisuerga y también fue comandante de puesto en Osorno.

«En Osorno estuve poco tiempo dirigiendo el puesto. Allí había más mujeres y no tuve nunca ningún problema con nadie, lo mismo que ahora, en Intervención de Armas, tampoco los tengo, llevando más personal aquí que en el puesto. Son trabajos diferentes, también he estado en Seguridad Ciudadana y en el Destacamento de Tráfico de Herrera de Pisuerga.

«Todos se piensan que en Tráfico somos malos, pero cuando estás en Atestados, ayudas a mucha gente y ellos ven que Tráfico no solo está para denunciar. Cuando tienen un accidente, ven que estás ahí, que les acompañas», explica María del Valle, una de las tres mujeres con el grado de sargento en la Guardia Civil de Palencia.

Ahondando en sus tiempos de servicio en el Destacamento de Tráfico, María del Valle incide también en que nunca vio menoscabo el respeto entre los conductores por ser una mujer la que les pedía la documentación o les sancionaba por una infracción. «Los hombres lo toman igual que te multe una mujer que un hombre. Ytampoco he tenido nunca ningún problema haciendo pruebas de alcoholemia», agrega María del Valle, que considera que las mujeres en la Guardia Civil pueden llegar hasta dónde se propongan.

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