Un matrimonio de okupas con dos hijas será desahuciado en mayo de la casa en la que vive en Palencia

El matrimonio pasea con sus dos hijas por la Plaza de San Miguel. /Antonio Quintero
El matrimonio pasea con sus dos hijas por la Plaza de San Miguel. / Antonio Quintero

La familia ha ofrecido 23.000 euros por la compra de la vivienda al banco propietario del inmueble, que se ha negado

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

David, Soledad y sus dos hijas de 2 y 4 años serán desahuciados a primeros del mes que viene en Palencia. Este matrimonio decidió okupar una vivienda al poco tiempo de nacer su primera pequeña y, después de cuatro años de vivencias bajo un techo que no es suyo han llegado a llamarlo su casa, pero no lo es. Tan es así, que serán desahuciados un día que tiene mucho significado para David, ya que les echarán de 'su' casa el Día del Trabajo y precisamente fue la ausencia de eso, de un trabajo, lo que le empujó a tomar la decisión de okupar.

«No negociamos con okupas porque eso sentaría un precedente» La opinión del banco

«Decidimos okupar porque sin trabajo nadie quería alquilarnos una vivienda. Nació mi primera niña y me pasaba diez días con mis padres y otros diez, con mi suegro. No podíamos vivir así y solicitamos una vivienda social a la Junta porque en ese momento tampoco percibíamos ninguna ayuda del Estado», recuerda.

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La falta de ingresos de la familia hacía inviable el alquiler de una vivienda y David se fijó en un piso en el que podía comenzar una nueva vida. «Esa vivienda llevaba vacía 8 años y estaba abierta. Unos chavales lo tenían a modo de local. Era del banco y es del banco, pero tomé esa decisión porque no tenía otra», explica David, al que la vida le ha cambiado para mejor. Ahora tiene trabajo, con un contrato indefinido, y ha llegado incluso a ofrecer al banco propietario del inmueble, Bankia, la posibilidad de comprar el piso. «Ellos piden 26.000 euros por el piso y les hemos ofrecido 23.000, pero nos han dicho que no», recalca David, que parece convencido de que el mes que viene tendrá que cambiar de residencia, algo que no le resultará sencillo. «Yo soy gitano y eso echa para atrás a los particulares y a las inmobiliarias para alquilarnos un piso», apunta este padre familia que quiere cambiar su situación.

«Hemos ido sacando las cosas poco a poco para que, cuando llegue el día, no nos pille todo de golpe» la opinión de los okupas

Bankia, por su parte, asegura que no le puede vender la vivienda porque va en contra de su política. «Les hemos dado muchísimas posibilidades para que encontraran una solución. Llevamos dos años avisándoles para que no se queden en la calle, pero si después de todo ese tiempo no han encontrado una solución o no quieren encontrarla, no podemos hacer más. No nos gusta echar a la calle a nadie, pero no negociamos con okupas», explican desde el banco en un discurso en el que defienden que su postura no tiene que ver con dinero. «Aunque nos hubieran ofrecido el triple de lo que quisiéramos negociar por el piso, les hubiéramos dicho que no porque sentaríamos un precedente. Podría parecer que si se okupa, es más fácil comprar o alquilar una vivienda, que premiamos una ilegalidad», añaden.

La okupación de este piso, ubicado en la calle Francisco Reinoso, parece que llega a su fin y su protagonista confía que el desahucio no suponga un drama. «Estamos mirando por el barrio pisos pequeñitos y puede ser que no nos quedemos en la calle. Hemos ido sacando las cosas poco a poco para que, cuando llegue el 1 de mayo, no nos pille de golpe», explica David, que cuenta con más recursos de los que tenía cuando decidió okupar y que ahora quiere encontrar acomodo en una vivienda a la que pueda llamar su casa con todas las de la ley. «Espero que al final podamos mudarnos sin problemas a una nueva casa», sentencia este joven que, gracias a su contrato indefinido, sueña con sacar a su familia de su complicada situación.

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Los okupas de la Casa del Agua no se marchan, pese a vivir «sin agua ni luz»

La pareja con tres hijos que okupó el 2 de enero la Casa del Agua sigue viviendo en este inmueble, de propiedad municipal, pese a que se les ha cortado el agua y la luz. El padre de familia asegura que hoy debería haber entregado las llaves al Ayuntamiento, pero no lo ha hecho porque la administración no le ha dado una solución habitacional. «Nos ha llegado una carta que nos decía que teníamos un mes para entregar la casa y vence mañana –por hoy–. Hablé con ellos y les dije que si me ponían un alquiler social o me daban alguna ayuda, dejaba la casa porque no es una casa para vivir. No tiene ducha, ni cocina», explicaba ayer el okupa, que manifiesta «vivir sin agua y sin luz», razón por la que ha decidido dejar a sus hijos en la casa de los abuelos, en la que residen diez personas.

Este joven padre afirmó, a los pocos días de okupar la casa, que se vio obligado a tomar esta determinación empujado por una desavenencia familiar que acabó en trifulca. «Hemos tenido que okupar porque si nos quedamos en casa, nos matan. Nos hemos peleado con unos familiares y han amenazado a mis hijos y a mi mujer», señaló en enero en una frase que corroboró ayer este vecino, que permanece a la espera de una solución para encontrar un lugar en el que poder vivir junto a su mujer y sus hijos, de 8, 3 y 2 años.