«Hemos tenido que okupar porque si nos quedamos en casa, nos matan»

Los juguetes de los niños de los okupas, en la estancia en la que han iniciado una vida tras forzar la puerta. /Marta Moras
Los juguetes de los niños de los okupas, en la estancia en la que han iniciado una vida tras forzar la puerta. / Marta Moras

Los okupas de la Casa del Agua de Palencia aseguran que una riña familiar y la imposibilidad de acceder al alquiler les motivaron a entrar en el inmueble por la fuerza

M. A. Palencia

La pareja con tres hijos que ha okupado la Casa del Agua asegura que se ha visto obligada a tomar esta determinación empujada por una desavenencia familiar que acabó en trifulca. «Hemos tenido que okupar porque si nos quedamos en casa, nos matan. Nos hemos peleado con unos familiares, han amenazado a mis hijos y a mi mujer, y nosotros, los gitanos, no podemos denunciarnos entre nosotros por nuestra Ley», explicó ayer el padre de familia poco antes de señalar que la riña pudo acabar en tragedia. «La Policía Nacional vio cómo me tiraron puñaladas con una navaja y me intentaron pegar con un pedazo de hierro», añadió.

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Esta pareja de jóvenes vivía con sus tres hijos en un piso de setenta metros cuadrados en el que compartían estancia con otras cinco personas, y tras la riña con sus familiares, que vivían en el mismo bloque, decidieron marcharse para evitar futuros encontronazos. No obstante, aseguran que no pudieron encontrar un piso de alquiler y decidieron okupar la segunda planta de la Casa del Agua, un edificio de titularidad municipal. «Hemos buscado pisos, pero nadie nos quiere alquilar porque somos gitanos. Así que tuvimos que meternos aquí porque no nos quedaba otra», explica este padre de familia.

El Ayuntamiento cedió este edificio protegido centenario a la Asociación Cultural Alkimia 130, y la sorpresa de los responsables de del colectivo fue mayúscula cuando se encontraron con que no podían acceder al inmueble, que ha sido escuela de teatro durante años y que, hasta la llegada de los okupas, era un lugar dedicado a la investigación y creación de proyectos culturales. «El último uso ha sido a finales de diciembre y en Navidad no hemos subido. El día 8 nos avisó un vecino y nos dijo que alguien había okupado nuestro espacio, entonces subimos con la Policía Nacional, que nos dijo que una vez que alguien ha entrado en el lugar nosotros no podemos hacer nada. Nos encontramos con esta situación de indefensión absoluta», afirman desde la Asociación Cultural Alkimia 130.

Dibujos realizados por los hijos de los okupas, en los que se hace referencia a Dios y a su nueva casa.
Dibujos realizados por los hijos de los okupas, en los que se hace referencia a Dios y a su nueva casa. / Marta Moras

Una vez que los responsables de la asociación se cercioraron de que la información que les facilitó el vecino era cierta, trataron al menos de recoger las pertenencias que tenían dentro de la casa. «Nosotros lo máximo que podíamos hacer es denunciar y lo hemos hecho. Al día siguiente, pedimos que alguien mediara para que pudiéramos sacar nuestros enseres y nos encontramos con que el mobiliario estaba similar a como lo dejamos, pero nuestro material creativo estaba degradado. Los okupas no sabían lo que era, lo metieron en bolsas y lo acumularon en rincones. Ahora estamos valorando el estado en el que está», inciden desde Alkimia 130.

Los okupas aseveran que son conscientes de los problemas que están causando a terceros con su actitud, pero creen que la necesidad que ellos tienen de vivir bajo un techo sin sentirse amenazados justifica sus actos. «Yo les entiendo. Ellos tienen aquí su lugar para hacer sus reuniones, pero yo pienso, y a lo mejor me equivoco, que este sitio le hace más falta a una persona amenazada con tres hijos que no puede estar en su domicilio», sentenció ayer el okupa, que asegura que no se marchará del edificio hasta que se le conceda una vivienda «No nos vamos a ir hasta que nos busquen un alquiler social. Lo que quiero es ser un persona normal, como todo el mundo, con su trabajo, su casa y sus hijos. No pido nada más», concluye este padre en paro, que ha visto cómo sus hijos ya sienten la Casa del Agua como suya e incluso han llegado a pintar un dibujo que preside la estancia –y que se puede observar en la imagen que aparece sobre esta líneas– en el que se ve a una madre y tres pequeños que, de la mano, están junto a una vivienda bajo el título 'Mi nueva casa'.

La nueva casa de estos tres pequeños no es de mamá ni de papá, es del Ayuntamiento, y ahora se inicia un proceso en el que los tres implicados: Consistorio, asociación cultural y okupas tratarán de defender sus posturas. «Tendremos que solucionar esto de la mejor manera posible para todos. Sé a ciencia cierta que el Ayuntamiento tiene casas cerradas y solo quiero que me dejen una», incidió ayer para concluir el okupa.

 

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