Adiós Cenera de Zalima, adiós

Un ciclista toma fotos en el borde del pantano de Aguilar. /Nuria Estalayo
Un ciclista toma fotos en el borde del pantano de Aguilar. / Nuria Estalayo

Los pantanos han crecido y vuelven a sumergirse los restos de algunos pueblos

NURIA ESTALAYOAguilar

De nuevo, Cenera de Zalima vuelve a estar bajo las aguas. Ya no se pueden contemplar esos seductores vestigios llenos de belleza, misterio y desconcierto que la sequía dejó al descubierto. Esos fascinantes escombros tan visitados, comentados y fotografiados durante los últimos meses, han sido de nuevo engullidos por el embalse. Ya no se ven esos trazados sinuosos y llenos de encanto de lo que fueron las calles, huertas y casas de ese pueblo inundado en los años 60.

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Aunque no todo está sumergido, ya que aún se divisa una pequeña parte de sus ruinas, la más altiva, la más alzada, la más aclamada: los restos de la torre de su iglesia. Estas son las únicas piedras del frecuentado pueblo palentino que reciben todavía el aire fresco de la montaña.

Pero lo que no se podrá tragar el pantano en esta ocasión son esos capiteles que al abrirse las aguas el verano pasado adornaban todavía dos de los muros de la iglesia de Santa Eugenia de Cenera y que el pasado mes de noviembre fueron rescatados por la Confederación Hidrográfica del Duero para su conservación y exposición pública. Aún está por determinar el lugar donde se exhibirán, probablemente de forma permanente, estos capiteles, solos, columnas y muros recuperados.

Las recientes precipitaciones han hecho subir aunque ligeramente el nivel del embalse de Aguilar de Campoo que actualmente ronda el 16% de su capacidad. También se nota la subida, aunque no de forma tan impactante, en el antiguo pueblo de Villanueva del Río. Su admirado puente se sigue vislumbrando en su totalidad, pero ahora son tres, y no uno de sus ojos, los que reciben al Pisuerga, notándose un ensanchamiento del río por esa zona.

Estos días, tras ser uno de los lugares más concurridos de la provincia durante el segundo semestre del 2017, los visitantes son escasos. Además, el trayecto se ha tornado dificultoso ya que el suelo se encuentra totalmente embarrado y es complicada la caminata. No obstante, siempre hay quien es atrapado por la intriga y aún se acerca, a pie o en bicicleta, para averiguar hasta qué punto han avanzado las aguas.

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