Los acusados de herir a un oso en Casavegas, en Palencia, aseguran que dispararon a un lobo y a un jabalí

El acusado J. M. G., durante la declaración que realizó ayer en el Juzgado de lo Penal de Palencia./M. A.
El acusado J. M. G., durante la declaración que realizó ayer en el Juzgado de lo Penal de Palencia. / M. A.

El fiscal mantiene su petición de 15 meses de prisión para cada uno por un presunto delito contra la fauna

Marco Alonso
MARCO ALONSO

El Juzgado de lo Penal de Palencia celebró ayer un juicio para tratar de esclarecer si los dos acusados de disparar a un oso durante una cacería de jabalíes en la Reserva de Fuentes Carrionas el 18 de noviembre de 2017 efectuaron los disparos que hirieron al plantígrado, que dejó un rastro de sangre tras pasar por los puestos número 5 y 6 de la montería pero no fue hallado por los perros de rastreo que peinaron la zona en su busca. El Ministerio Público mantuvo la petición de pena de 15 meses de prisión para cada uno de los dos hombres, a los que acusa de un presunto delito contra la fauna. El fiscal pidió, asimismo, para cada uno de los acusados la inhabilitación para la práctica de la caza o para ejercer una profesión relacionada con animales silvestres por tiempo de cuatro años. Alternativamente, de forma subsidiaria, en caso de apreciarse únicamente imprudencia grave, el fiscal también pide tres meses de prisión e inhabilitación en los mismos términos por dos años.

Noticias relacionadas

El primero de los acusados en exponer a la sala su testimonio fue M. A. Z., cazador de 66 años que durante aquella jornada de caza mayor se encontraba apostado en el puesto número 6. Este experimentado montero, que lleva cazando desde los 15 años, aseguró que fue el autor de uno de los disparos que se efectuaron en torno a las 11:30 horas de aquel día, pero afirmó que miró a través de la mirilla y disparó a una pieza que se podía cazar en esa montería. «Estoy completamente seguro de que tiré a un jabalí», aseguró M. A. Z., que explicó poco después que se comunicó por radio con el otro acusado para indicarle que el jabalí se adentraba en su zona de tiro. «Le dije: ahí te baja un jabalí», reiteró.

«Mi compañero me dijo: 'Mira, es un lobo'. Quité el seguro, le encaré y le disparé» J. m. C. Acusado

El otro acusado, el cazador de 43 años J. M. G., aquel día se encontraba apostado en el puesto número 5 y aseguró que escuchó cómo M. A. Z. le indicaba por radio la presencia de una pieza. «La cacería comenzó y transcurridas unas dos horas fue cuando se oyeron perros y un disparo de mi compañero. Y me dijo ahí te baja, lo del jabalí no lo percibí», explicó J. M. G., que se encontraba junto a otra persona en su puesto que le alertó de que la pieza que se le puso a tiro era un lobo. «Mi compañero me dijo: 'mírale. Es un lobo'. Quité el seguro, le encaré y le disparé. Nos quedamos mirando en la ladera para volver a tirarle, por si le volvíamos a ver. Cuando al rato, por mi izquierda, en una esquinita de un prado, apareció el oso corriendo y en el momento en el que le vi, dije: 'no disparéis más'. Según grité eso, el oso se giró de golpe, cambió de dirección para correr por el prado hasta que nos taparon unos setos y le perdimos de vista», indicó el acusado.

La cacería organizada aquel día de otoño de 2017 estaba destinada a abatir jabalíes y los organizadores contaban además con permiso para matar un ejemplar de lobo. En este tipo de monterías, los participantes están conectados por radio y el primero que abate al lobo, lo comunica rápidamente por radio para evitar que otro montero dispare a un segundo cánido, para el que no habría licencia. No obstante, J. M. G. afirmó ayer que no alertó por radio de que había disparado a un lobo porque no tenía la certeza de haberlo abatido. «Hay que esperar y mirar. Si crees que no le has dado, le puedes ver en otro claro. No se tira y se dice inmediatamente por la emisora, porque si hablas, asustas a los animales. Si lo hubiera abatido, sí. Si mato un lobo y veo claramente que lo he dejado allí, lo digo rápidamente porque solo podemos matar un lobo. Si matásemos dos, nos sancionarían», explicó ayer este cazador en su declaración.

«Estoy completamente seguro de que el animal al disparé era un jabalí. No era un oso» M. A. Z. Acusado

Ni el jabalí ni el lobo al que aseguraron haber disparado estos dos cazadores aparecieron en el lugar en el que afirmaron haber tirado. Lo que sí se encontró en la zona de actuación de los acusados fueron unas manchas de sangre frescas que, tras ser analizadas, resultaron ser de una osa. La defensa quiso sembrar dudas sobre la procedencia de esas manchas de sangre. «La herida podría ser debida a una causa natural, de una herida realizada por un perro, por un lobo, por otro oso o por una simple cortada contra el suelo o contra los mismo palos de una zona que acababa de ser desbrozada. Cabe la posibilidad de que un animal se pueda pinchar en una huida rápida», apuntó uno de los abogados defensores.

Por su parte, el jefe de sección del Seprona e instructor del atestado aseguró que, del rastro y de la situación de los puestos, se podía deducir que la sangre podía deberse a una herida producida por un disparo de alguno de los cazadores. «Teniendo en cuenta la distancia de tiro, tanto de uno de los puestos como del otro, al lugar en el que se encontraron las manchas de sangre y las armas que ellos portaban, había el alcance suficiente para impactar sobre el oso», explicó el instructor del atestado, que aseguró que es muy improbable que coincidan un jabalí, un lobo y un oso en un mismo momento.

El juicio quedó ayer visto para sentencia tras una vista que duró casi seis horas

«Animales tan territoriales como los que estamos hablando, presas y cazadores, que coincidan en momento y un punto concreto me resulta muy llamativo», añadió el jefe de sección del Seprona durante el juicio, que ayer quedó visto para sentencia.

La introducción de un corzo pudo interferir en las labores de rastreo

El día después de la cacería, el 19 de noviembre de 2017, apareció un corzo muerto en el lugar de los hechos que nadie había visto en las batidas realizadas tras el suceso. El animal murió, según los análisis realizados, a consecuencia de las heridas causadas por un impacto contra un vehículo y su presencia en esa zona de la Reserva de Fuentes Carrionas puede tener una explicación, según el jefe de sección del Seprona.

«La sospecha que yo tengo es que el corzo lo introdujo alguien allí de manera intencionada para cortar el rastro de sangre del oso. Se sabía que se iban a traer perros de rastreo y mi sospecha es que alguien quiso contaminar la escena con sangre de otro animal, puesto que los perros no distinguen entre sangre de oso o de corzo, y eso fue elemento distractor para los perros», afirmó el jefe de sección del Seprona antes de confirmar que en la zona no se encontraron huellas de otros animales, ni del jabalí ni del lobo que aseguraron haber disparado los cazadores.