Pulsos en la cumbre

El golpe de efecto de Macron al invitar a Irán al G-7 da la medida de la desconfianza en que se mueve hoy la diplomacia mundial

Cumbre del G-7 en Biárriz (Francia)./REUTERS
Cumbre del G-7 en Biárriz (Francia). / REUTERS
El Norte
EL NORTEValladolid

La invitación del presidente Macron al ministro de Asuntos de Exteriores de Irán, Mohamad Javad Zarif, para reunirse en el marco del G-7 en Biárriz constituye un golpe de efecto que sitúa en otros parámetros la cumbre, marcada de partida por las crisis inmediatas y acuciantes que suponen el 'brexit' y la guerra comercial EE UU-China, con preocupantes ramificaciones sobre Europa y la economía global.

Pero está por ver en qué se traduce el comprometido movimiento con el que el jefe del Estado francés pretende hacer visible el liderazgo internacional que persigue y trascender un cónclave amenazado por la fractura y el riesgo de que acabe resultando inane. La confusión y los sobreentendidos rodearon ayer el viaje de Javad Zarif, sin que se sepa a ciencia cierta hasta dónde puede alcanzar el intento de mediación de Macron entre Estados Unidos e Irán y qué sabía del mismo Donald Trump. Lo cual no invita a esperar una reconsideración por parte del líder norteamericano ni de su desmarque del acuerdo de desnuclearización con el Gobierno de Teherán ni de las sanciones impuestas a un país muy sensible en el avispero de Oriente Medio.

Pero el episodio, el golpe de efecto de Macron, sí da ya la medida de en qué clima se desenvuelven las relaciones diplomáticas en este trance de la historia. La invitación por sorpresa a Irán a participar en el escenario del G-7, aunque sus encuentros estuvieran restringidos a los anfitriones, refleja la desconfianza abisal que se ha abierto entre la Europa clásica y los EE UU de Trump. Desconfianza inflamada por otro golpe de efecto –el del propio Trump ordenando a las empresas estadounidenses que abandonen China y amenazando con aranceles al vino francés en las horas previas a su presencia en Biarritz– y por la entente bilateral que tratan de labrar el presidente norteamericano y el 'premier' británico, Boris Johnson, en plena convulsión por el 'brexit'.

Macron parece querer imprimir una mezcla de pragmatismo y grandeza a su mandato. Pero lo que proyecta hasta ahora este G-7 es un cuadro de las potencias mundiales pintado por una sucesión de pulsos. Y donde los nuevos liderazgos en Estados con peso específico resultan tan excéntricos, imprecedibles y ensimismados en su nacionalismo que hacen imposible una mirada común e identificable sobre el bamboleante orden mundial.