Carramimbre 75 - Cáceres 71

El Carramimbre despierta a tiempo

Gantt lanza un contraataque ante la defensa de Rakocevic. /Rodrigo Jiménez
Gantt lanza un contraataque ante la defensa de Rakocevic. / Rodrigo Jiménez

Se impone al Cáceres en un partido en el que se mostró errático en el tiro y apático atrás, y que resolvió en la prórroga

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Dicen que el elogio debilita y el Carramimbre venía de recibir unos cuantos en Bilbao, donde se quedó a tres minutos de tocar pelo en una de las canchas más complicadas de la categoría. Cuesta bajar a la arena y encontrar la motivación suficiente para, después de lucir frac ante uno de los transatlánticos de la liga, ponerse el mono para batir a una plantilla que dista varias cuadras del talento que atesora, hoy por hoy, el equipo vallisoletano.

No había enfrente un Brown ni un Larsen. Tampoco un Javi Salgado o un Schreiner. Y la concentración, muchas veces de manera inconsciente, se difumina. Se disipa. Por la cabeza del jugador se traza una regla de tres y se piensa que si te has quedado a la orilla de ganar al colíder, perfectamente puedes ganarle al vicecolista jugando a medio gas.

Y no. Ni en ACB ni en ninguna categoría, mucho menos en LEB Oro, regalan las victorias sin bajar del autobús. No llegó a ponerse por delante nunca el Cáceres pero su aliento se hizo notar en la nuca del Carramimbre prácticamente durante treinta minutos. Se salvaron minutos del primer cuarto donde, sin ser brillante, el equipo de Paco García mostró su solvencia y calidad ofensiva, y otro puñado en el tercero, donde a base de apretar los dientes se hizo con una máxima renta de diez puntos (48-38). El resto será motivo de análisis de puertas adentro esta semana.

Salió Paco García con el mismo quinteto de Bilbao, con la contundencia que aporta Aboubacar en la 'pintura', la versatilidad que ofrece Sergio de la Fuente, el equilibrio de Novas, el control de Alvarado y la explosividad de Gantt. Y este quinteto fue el que dio las mejores posesiones a los aficionados que se citaron en Pisuerga.

Posesiones, porque el problema no estaba ayer en ataque. La fuga vino atrás y desde ahí vino la confusión generalizada hasta acabar contagiando a los propios tiradores, de lo más fiable de la categoría (16% en triples ayer). El Cáceres, sin brillo pero con los conceptos muy claros, fue capaz de sacar los colores a un Carramimbre que distó mucho en la primera parte del equipo que tuteó días antes al Retabet Bilbao. Ganaba por clase y una mayor calidad de sus jugadores, pero suspendía en esfuerzo. Pareció haberse firmado un pacto de no agresión. 'Yo no defiendo si tú no me complicas, y si me dejas, yo miro hacia otro lado'. Los pasillos llegaron a ser infinitos. Y si Cáceres no tomó ventaja fue por su desacierto, acorde por otro lado al nivel que está demostrando en liga. El equipo de Ñete Bohigas, sexta temporada consecutiva en ésta su segunda etapa en Cáceres, ganó al filial del Barça, repitió hace una semana ante el Leyma Coruña de Aranzana, y el resto de la competición ha vagado sin pena ni gloria. Su técnico diseñó un equipo en torno a dos jugadores y ninguno de los dos se ha vestido esta temporada. El base polaco Andy Mazurczak se lesionó en el tobillo el segundo día de pretemporada, y el americano Anton Grady no llegó si quiera a calzarse las zapatillas cuando el club le requirió una prueba de orina por un positivo por cannabis en su etapa en Inglaterra.

Sin uno y sin el otro han tenido que capear Cáceres en este arranque de curso, y sin los dos se presentó ayer en Pisuerga, llegando a tutear a un desconocido Carramimbre en la primera parte. Dispuso incluso de bola para ponerse por delante en la penúltima posesión antes de llegar al descanso (36-36), pero una falta de ataque truncó esa posibilidad. El enfado de Paco García, por entonces, era más que palpable. Iba 'in crescendo'. Hasta explotar a segundos del descanso, manteniéndose al margen en el último tiempo muerto pedido por Cáceres. Autogestión en los segundos finales y aviso serio para los jugadores, que al descanso recibieron a buen seguro lo que el técnico se guardó en el tiempo muerto.

Efecto tuvo, porque la respuesta en el regreso a pista poco tuvo que ver. Sin ser el esperado, mejoró, sobre todo en intensidad y concentración. No en acierto. Después de la tormenta, costó sacudirse la galbana pero al menos la filípica sí sirvió para mejorar las prestaciones atrás. Sin boato pero también sin la displicencia y generosidad con la que se empleó en los dos primeros cuartos, el Carramimbre empezó a encadenar –a impulsos, eso sí– varias posesiones de mérito. Ahora sí ganaba la batalla bajo tableros, consiguió atar en corto a Serrano –canterano del Unicaja que ayer tuvo autopista, sobre todo en la primera parte–, y su defensa pudo sacar a flote y maquillar su mal día en el tiro. Eso sí, costaba un mundo anotar, lo hacía a regañadientes, y ocho puntos consecutivos de Serrano mandó el partido a la prórroga con Cáceres en su media anotadora de todo el año (65-65). Corrales dispuso de un triple frontal para sacudir Pisuerga, pero no entró, y ahí desperdició su penúltima bala. La última, con 71-70 a un minuto del final.

Espabiló a tiempo el Carramimbre y la quinta victoria, esa que en otro tiempo hubiera tomado la ruta de la Plata, se quedó en Valladolid. Toca terapia grupal. Cualquier otro rival no hubiera perdonado...

 

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