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Cocina creativa de raíces clásicas

Cocina creativa de raíces clásicas

¿Cómo disfrutar de los mejores platos cuando las apariencias casi siempre engañan?

El Barco de Ávila

Las apariencias casi siempre engañan. Es el caso de LY.2, restaurante que se encuentra en la bonita localidad de El Barco de Ávila, en las faldas de Gredos. Junto a las piscinas de la localidad, un local que desde el exterior no dice mucho, pero que sorprende por una decoración cuidada, una cocina esmerada y un servicio atento. Este establecimiento, que regenta el chef Luis Miguel Macías, destaca por una oferta diferente a la más clásica y habitual en esta población abulense. Ofrece las reconocidas judías del Barco o el chuletón de Ávila, platos estrellas de los fogones de este pueblo situado en la comarca del Alto Tormes. Sin renunciar a esa cocina tradicional, la carta encierra platos más actuales y con raíces internacionales, al gusto de lo que se cuece en una gastronomía más ecléctica y abierta a fórmulas originarias de otras culturas y latitudes.

Como entrante, uno no puede dejar pasar la oportunidad de probar las judías del Barco, que aquí tienen un toque muy personal. La legumbre llega a la mesa con carrilleras y boletus. El plato, para estas fechas en las que el frío invita a optar por la siempre socorrida cuchara, resulta soberbio. Una interpretación deliciosa de una preparación habitual a la que el chef da un enfoque propio y en el que la suma de productos es perfecta. El nivel se mantiene en una ensalada en la que la fusión de materias resulta también notable. En ella hay cigalas, vieiras y aceite de tomillo. Rúcula y canónigos con un aderezo delicioso. Dos brochetas de vieiras rodeadas de beicon y un par de cigalas, de porte generoso, a la plancha.

En los segundos, cierto exceso de elementos y sabores desdice las elaboraciones. Una lástima. Sucede con el tataki de presa ibérica con Idiazábal y salsa romesco. La carne llega técnicamente perfecta a la mesa. Descansa sobre una cama de dulce de membrillo y sobre ella se encuentran lascas del tradicional queso vasco ahumado. Como acompañantes la mencionada salsa romesco, confitura de tomate, otra salsa con un toque de trufa blanca e hilos de chili. Demasiados elementos que confieren un carácter barroco y que desdicen el resultado final.

Algo parecido sucede con el pescado, en concreto con la merluza braseada, melón y pies de cerdo. Sobre las esferas de melón, sal para potenciar el sabor. El ensamblaje de todos los elementos no resulta del todo apropiado. El plato queda algo deslucido.

El nivel sube en el postre, donde la torrija caramelizada con una reducción de vino aromático resulta perfecta. El helado de canela que acompaña a la elaboración redondea la preparación.

LY.2 ofrece una bodega no muy amplia, pero sí con interesantes recomendaciones.

En resumen, un local de cocina actual que sorprende por sus elaboraciones, aunque algunas resulten demasiado abigarradas para el paladar. Pese a ello, interesante, sin duda alguna.

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