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Festín de otoño

Aspecto otoñal del interior del hayedo de Ciñera de Gordón en la montaña leonesa. /Javier Prieto
Aspecto otoñal del interior del hayedo de Ciñera de Gordón en la montaña leonesa. / Javier Prieto

Bosques, jardines, rincones y paisajes en los que esta estación se despliega con sus mejores galas

JAVIER PRIETO

El otoño, cuando viene como es debido, es el tiempo de los buscadores de setas, de los recolectores de frutos, de los pintores, de los fotógrafos y de todos aquellos a los que se les pone la piel de gallina contemplando la ladera de un monte en plena transmutación cromática, con más colores que un catálogo Pantone. Es, por tanto, un tiempo propicio para el viaje, para descubrir aquellos rincones que lucen en estas semanas sus mejores galas o para revisitar lugares ya conocidos pero a los que el otoño, con su encanto, hace parecer completamente distintos. Aquí van diez propuestas para componer un menú degustación que cada cual deberá a combinar al gusto.

1. SIERRA DE ANCARES (León)

La esquina en la que se juntan las provincias de León y Lugo se funden en un monumental lío de valles intrincados y montañas que superan los dos mil metros. Tan intrincado y difícil de recorrer que durante siglos fue como una burbuja que se hubiera quedado perdida en el tiempo. Ese es el encanto que aún destilan algunos de sus pueblos más emblemáticos, como Balouta. Recorrer con calma los Ancares es siempre una muy buena recomendación pero hacerlo en otoño tiene la gratificación de disfrutar de un paisaje en plena efervescencia: la de sus castañares y hayedos en plena mudanza.

2. CASTAÑAR DE HERMISENDE (Zamora)

Hay lugares tocados por una magia especial. Eso sucede en Hermisende, una pequeña localidad sanabresa en cuyo entorno confluyen Portugal, Zamora y Orense, y se localizan algunos de los castaños más longevos y grandes de toda Sanabria. Quien desee darse un garbeo por territorio tan singular tiene a su alcance varias rutas señalizadas que transitan por los viejos caminos usados por estas poblaciones de la frontera para ir haciendo su vida. Una de ellas es la que lleva por título 'Ruta de los castaños y prados de Hermisende', un paseo circular que discurre entre alguno de los sotos con castaños más añejos y monumentales de toda Sanabria.

3. LA RIBERA DEL DUERO ENTRE PEÑAFIEL Y PESQUERA (Valladolid)

Las riberas son también paisajes tocados por la mano de los dioses en los que el otoño se encuentran en su salsa. Un paseo en el que disfrutar del amarillo y rojos intensos con los que las hojas caducas se despiden de las ramas puede ser el que discurre entre las localidades de Peñafiel y Pesquera de Duero. Median 8,3 kilómetros que pueden hacerse en unas dos horas. Son fáciles, sin apenas desniveles y bien señalizados como GR.14. Se puede hacer bien con niños pero teniendo en cuenta que la distancia podría ser excesiva dado que hay que regresar por el mismo camino.

4. JARDINES DE LA GRANJA (Segovia)

Cuando se piensa en jardines se suele pensar en flores. Y, claro, estas lucen más en primavera. Sin embargo, existen jardines que, en realidad, son auténticos bosques domesticados. Este es el caso de los que arropan el Palacio Real de la Granja. Pensados y trazados para el deleite real, más para el paseo que para la contemplación, aglutinan entre los parterres un variadísimo número de especies arbóreas, casi todas de hoja caduca. Lo que se traduce, llegado el otoño, en un festival multicolor que la estupenda colección de estatuas y fuentes parecen celebrar bailando. Y, además, la entrada es gratuita.

5. CAMINO DE LOS PRODIGIOS (Salamanca)

La Sierra de Francia es uno de los lugares de Castilla y León que el otoño hace lucir de una manera especial. La abundancia de castañares en el entorno de muchas localidades –basta echar un vistazo a algunos topónimos– garantiza colores y castañas al llegar estos meses. Una posibilidad es recorrer el Camino de los Prodigios, una de las rutas senderistas señalizadas en la Sierra de Francia que discurre entre Miranda del Castañar y Villanueva del Conde. Es un trazado circular que tiene una longitud de 10 km y puede hacerse en unas cuatro horas.

6. MONTE SANTIAGO (Burgos)

Este espacio natural atesora uno de los hayedos más notables del norte de Burgos. A tiro de piedra ya de la costa cantábrica se beneficia de un clima atlántico húmedo y cambiante. Por supuesto, al espectáculo de sus hayas despidiendo la hoja se suma el de unos precipicios con más de 300 metros de altura y el de una cascada, la que protagoniza el río Nervión en tiempo de lluvias, a los pocos metros de nacer. La Senda del Cortado combina estos tres espectáculos en tres sencillos kilómetros. Más información: Casa del Parque, tel. tel. 947 35 16 22.

7. LAS MÉDULAS (León)

Fue la mayor mina de oro del imperio romano en el siglo II. La abundancia de castaños dentro y en los alrededores del yacimiento arqueológico de Las Médulas hace que durante el otoño parezca un lugar aún más mágico y fuera de este mundo de lo que parece habitualmente. Un territorio lleno de magia en el que, a los colores del otoño, se suma el intenso color rojizo de la tierra. Un lugar excepcional desde el que contemplar este espectáculo es el Mirador de Orellán. Para sumergirse en él puede recorrerse la Senda de las Valiñas, de 3,5 km, más o menos en una hora. Arranca del Centro de Recepción de Visitantes. Más información: Casa del Monumento Natural de Las Médulas: tel. 987 42 06 22.

Canal de Castilla.
Canal de Castilla. / Javier Prieto

8. EL CANAL DE CASTILLA (Palencia)

El largo pasillo de agua que los ingenieros de la Ilustración soñaron como una gran autopista que comunicara Castilla con el Cantábrico se convierte, con el otoño, en una larga cinta amarilla alfombrada de hojas. Cualquier paseo por las sirgas sirve para el disfrute pero uno, en concreto, que no defrauda es el tramo que lleva desde la esclusa de Calahorra de Ribas, el punto donde dieron inicio las obras del canal, hasta el puente de Valdemudo. 5,6 km que se realizan por cualquiera de las dos orillas.

9. FAEDO DE CIÑERA (León)

En una zona donde la minería a cielo abierto ha dejado enormes boquetes, este hayedo se presenta como un superviviente nato. Es pequeño pero recucón. Además cuenta con leyenda propia, la de la Bruja Haeda, que los niños pueden leer junto a una de sus hayas más grandes. Un fácil paseo de 2, 5 km lleva hasta él desde Ciñera de Gordón.

10. HAYEDO DE CARRALES (Burgos)

Con diez kilómetros de largo y uno y medio de ancho pasa por ser uno de los más extensos y mejor conservados de toda la provincia de Burgos. La senda señalizada SL.BU-19 lo recorre en parte brindando buenas oportunidades para disfrutar de algunos de sus impresionantes rincones. El inicio del paseo, marcado en todo el itinerario con pintura verde y blanca, se localiza en la carretera que, poco después de culminar el puerto de Carrales, une la N-623 con la localidad de Torres de Arriba. Un cartel situado a un costado de esta carretera, 700 metros después de la desviación, indica el arranque del itinerario, además de facilitar información sobre el desnivel y el trayecto a recorrer.

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