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El Camino entre viñedos

Dos peregrinas de origen coreano caminan junto a un viñedo del Bierzo. /Ramón Gómez
Dos peregrinas de origen coreano caminan junto a un viñedo del Bierzo. / Ramón Gómez

El peregrino atraviesa numerosas zonas de calidad vitivinícola en Castilla y León por la Ruta Jacobea

Agapito Ojosnegros Lázaro
AGAPITO OJOSNEGROS LÁZAROValladolid

Hacemos nuestro el verso del poeta que declama aquello de que no hay camino, que este se hace al andar. Y así, calzados con el gerundio de este verbo, iniciamos nuestro peregrinar hacia Compostela pero siguiendo la estela del vino y su paisaje, de sus múltiples sabores y aromas que inundan el más famoso de los caminos hacia Santiago: el camino francés. Atravesaremos diferentes denominaciones de origen y, también, desde la senda compostelana, nos acercaremos a otras que surgen por sus flancos para ver la diversidad vitivinícola de esa franja del norte del país. El sosiego, la planificación y un sentido del gusto aventurero deben de ser los principales pertrechos de nuestro equipaje peregrino.

El camino francés penetra en la Península Ibérica por dos puntos pirenaicos que pronto se unen en la localidad navarra de Puente la Reina, como navarra es también una de las localidades de partida, Roncesvalles, y aragonesa la otra: Canfranc. Hasta seis son los destinos que desde esas coordenadas parpadean en nuestro GPS enológico, repartiéndose por las comunidades autónomas del País Vasco, Navarra, Aragón y La Rioja.

Conocida como 'el imperio de la garnacha', Campo de Borja es la DO que aporta Aragón a nuestro camino particular, y que se sitúa justo debajo de dos grandes denominaciones que atraviesa el Camino de Santiago: Denominación de Origen Navarra y la Denominación de Origen Calificada Rioja.

A través de la provincia de Burgos se interna el Camino de Santiago en la región donde más se prolonga este y donde más territorio de vino surca, o, se sumerge en él, porque nuestra comunidad autónoma de punta a punta es en sí una gran zona vitivinícola amparada por el sello de calidad Vino de la Tierra de Castilla y León. Con esta Indicación Geográfica Protegida se garantiza las bondades de los vinos que se timbran con su contraetiqueta en todo el territorio sin las restricciones que imponen denominaciones de origen más específicas y zonificadas. Para elaborar vinos con este marchamo puede emplearse cualquier variedad de uva y viñedo ubicado en el territorio legalmente catalogado en el Registro Vitícola; de ahí que haya blancos, tintos y rosados, de licor, espumosos de método tradicional, vinos de aguja y de uva sobremadurada.

Dentro de esa galaxia enológica regional surgen las constelaciones de las denominaciones de origen, como en Burgos. Al sur de la provincia y de la sirga peregrina que por ella transita hay dos zonas vitivinícolas como son Arlanza y Ribera del Duero, que comparten uva icónica: la tempranillo, con la que fermentan sus tintos, principalmente. Pero como somos de paladar inquieto, aunque estemos en territorio tinto, de Arlanza nos llama la atención algo tan exótico como un vino de hielo que allí fermenta, y, en Ribera, sus exclusivos y cotizados blancos de uva albillo que empiezan a florecer como sus viñedos en estos momentos, y que pronto recibirán la contraetiqueta de la DO.

Por cierto, hablando de viñedos; atravesarlos ahora es un refrescante regalo para la vista pues su verdor se impone a la canícula estival.

Al igual que Ribera se prolonga por el Duero en las provincias burgalesa, vallisoletana, soriana y segoviana, Arlanza se incursiona ligeramente al sur de otra de las provincias castellanas y leonesas del camino francés, Palencia, como también lo hace Cigales, DO de rosados frescos y afrutados donde las notas de 'La vie en rose' se cantan y también se catan. En cuanto a sus tintos, su calidad está más que contrastada.

La filoxera esquilmó la viña en la provincia palentina, como en buena parte de la de Burgos, pero no de vino ni de bodegas donde producirlo. Muchos pueblos por los que discurre el camino mantienen su cotarro de bodegas tradicionales, excavadas en el terreno, donde se siguen haciendo vinos. Pedrosa del Príncipe (Burgos) o Villalcázar de Sirga (Palencia) son solo dos ejemplos.

Los viñedos de la DO Bierzo, en Villafranca del Bierzo.
Los viñedos de la DO Bierzo, en Villafranca del Bierzo. / Ramón Gómez

La provincia de León

Retomamos el andar por la vía compostelana para llegar a León, donde al sur de la capital se extiende a los cuatro vientos la DO Tierra de León, tanto, que alcanza a la provincia vallisoletana y otro poco de la zamorana, con la que además hace frontera con la DOP Valles de Benavente. En ambas se elaboran blancos, rosados y tintos con uvas como la prieto picudo, o mencía. Antes de poner rumbo a parajes bercianos, apunten en su libro de viaje pasarse por el Barrio Húmedo de León donde tapear de lujo.

La siguiente etapa nos acerca a la DO Bierzo, tierra leonesa fronteriza con Galicia y Asturias, donde el viñedo se caracteriza por la atomización de parcelas, propiedades minifundistas de vides que se agarran a las pendientes donde sobresale la mencía, su uva preeminente, y que, junto a otras variedades, madura en un conjunto de pequeños valles en la zona montañesa y en una amplia y llana depresión del conocido como bajo Bierzo. Justo encima de la DO berciana, en territorio asturiano, la Denominación de Origen Protegida Cangas elabora tintos y blancos sobre un paisaje abrupto y montañoso donde sus viñedos se enraízan en pronunciadas pendientes que hacen su cultivo difícil, heroico. Asturias forma parte del territorio calificado como Viticultura de Montaña por el CERVIM (Centro de Investigación Estudio Salvaguarda Coordinación y Valorización de la Viticultura de Montaña), una exclusividad que en el territorio español solo tienen: Vino de Cangas, Ribeira Sacra y Priorat.

Con los tintos, blancos y rosados del Bierzo brindamos por la gran región vitivinícola que dejamos atrás y que ha deleitado nuestro paladar, tanto, como deslumbran a nuestros ojos las vidrieras de la catedral de León cuando la luz del sol las traspasa. Pongamos ahora el paladar a cero para entrar en Galicia, 'terroir' de blancos hechos a medida de su gastronomía, pero también de tintos y espumosos, incluso de dulces tostados.

Con la DO Valdeorras, la de Ribeiro, Ribeira Sacra, Monterrei y la de Rías Baixas, cerramos nuestro pórtico enológico de la gloria, un pórtico que es el final de un camino que, una vez hecho, ya no es tal sino solo una estela más que se desvanece sobre el mar. Pero, que nos quiten lo catado.

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