El Teatro de Calle y el don de la ubicuidad

Claire Ducreux. / Rodrigo Jiménez

El TAC pone a prueba durante la mañana del viernes la maña del público para estar en varios espacios a la vez

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRA Valladolid

Si bien el jurado de esta XX edición y de otras convocatorias previas del Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle se esfuerza por premiar a los distintos artistas por sus acrobacias en el espacio escénico, el espectador medio de Valladolid merecería, cada año, otro reconocimiento por sus acrobacias en el tiempo cronológico. La simultaneidad de muchos espectáculos provoca que cuadrar todos los números que apetece ver deje al programa de El Comediante como un autodefinido nivel medio-difícil, y el encaje de bolillos que el público hace, tanto para casar sus obligaciones con la asistencia al TAC como para poder llegar a disfrutar de todos los shows escogidos, resulta tan meritorio como la más arriesgada de las piruetas circenses.

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Y, con todo, no hay espectáculo matutino que no haya podido quejarse de una falta de público, ni siquiera un viernes por la mañana, en una afluencia que debería preocupar a los responsables de velar por las verdaderas cifras de paro de la ciudad, ahora que resulta obligatorio fichar el horario para acudir al trabajo. El arranque en los espacios públicos y abiertos ha sido cortesía del Grupo Coral Ausentes do Alendejo, en un cachazudo procesionar laico que ha desfilado por la calle Santiago y hasta la plaza Martí y Monsó por la calle Pasión, reivindicado una tradicional melodía portuguesa con ecos, sin doble sentido, de los coros griegos.

Una extensa cola atravesaba la Plaza Mayor para ocupar, desde bien temprano, las diferentes butacas de este espacio para el sinfín de números que ha acogido este recinto durante la mañana: un problema con el viento vallisoletano propició que se retrasara notablemente el arranque de los muy potentes Bam Percussion, y obligó a Alicia Maravillas, maestra de ceremonias de Plaza Mayor, a sacar a relucir un buen repertorio de talento interpretativo, buen humor y capacidad de improvisación hasta que el trío canadiense tuvo listo su contundente número cómico a base de tambores.

Mujeres y artistas

Uno de los festines más suculentos del TAC vino servido por Cia. Sincronacidas, en el muy imaginativo número 'OhLimpiadas', donde Greta Mari y Mónica Suárez lanzan dardos contra los discursos de la feminidad ideal o la retórica deportiva a través de un número circense en el que dos limpiadoras bailan y hacen equilibrios como si estuviesen compitiendo en las mismísimas olimpiadas. El número fue ganador del Premio Fetén al mejor espectáculo de circo este mismo año.

Claire Ducreux, que este sábado rescatará el 'Silencis' con el que consiguió el galardón del Mejor Espectáculo de Calle en el TAC de 2017, ocupó la Plaza Wattenberg con 'La sonrisa del náufrago', donde interpreta a una vagabunda que se relaciona con su entorno haciendo equilibrios a través de las vallas y danzando en torno a una estatua (esculpida por Eduardo Cuadrado), y que desmigaja su única comida para compartirla con el público.

A la misma hora en San Benito tenía lugar el estreno en España de 'Totally plucked', a cargo del 'clown' australiano Simon Wright, que a través de un humor con extra de picante se desnudó, se insinuó y sedujo a un público selecto pero muy entregado a esta particular muestra de comedia puramente física. Mientras tanto, en Plaza Mayor se sucedían los números circenses, a cargo de los holandeses Tom & Ayala y Flying Dutchmen, y también de la española Hanna Moisala.

El cierre de la mañana vino a cargo del provocador número de Priscila Rezende, con 'Ven... para ser infeliz', en el Atrio de Santiago. La artista expone su cuerpo con palabras como 'Mulata', 'Culona' y similares, en una danza carnavalesca que denuncia tanto la opresión de la raza como la hipersexualización de lo femenino bajo una coartada festiva.