Intro Music: Jhana Beat y Nunatak, música para irreductibles

Jhana Beat durante su actuación en el Intro Music Festival 2018./RICARDO OTAZO
Jhana Beat durante su actuación en el Intro Music Festival 2018. / RICARDO OTAZO

El festival vallisoletano ve mermada su afluencia, salvo por unos incondicionales, en los primeros conciertos de la tarde

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

Quizá el cambio de ubicación ya hiciera sospechar que la inauguración confiaba más en la capacidad de convocatoria y llamada que tuvieron Coque Malla o el impresionante Xoel López en sus conciertos matutinos. Quizá fueran otras coyunturas relacionadas como, por ejemplo, una estrategia, por parte del público, consistente en sacrificar las primeras horas de la tarde para alimentarse -al margen de los desorbitados precios que imponen los refrigerios de la organización, vagamente camuflados por el cambio a 'julios', y que el asistente a festivales solo perdona cuando la comida viene en estado líquido y con cierta graduación alcohólica-. Sea como fuere, resultó una verdad innegable el hecho de que los espectáculos tanto de Jhana Beat como de Nunatak fueron servidos para los melómanos irreductibles, para aquellas personas que cometieron el (a duras penas perdonable) error de irse durante el show de la banda del gallego ex-Deluxe o para aquellos que vinieron expresamente al calor de las particulares notas que arrancaban sus ídolos.

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Jhana Beat desarrolló, con su solvencia habitual, una sesión hipnótica de sonido electroorgánico, mezcla de música electrónica y beat-box que juega con las bases y los sonidos que la artista es capaz de hacer con su propio cuerpo, generando bucles de ecos techno-house sobre los cuales dibuja nuevos conjuntos acompasados que se suman para construir la experiencia sonora final. Jhana Beat empezó discreta, e incluso deconstruyendo en diálogo cómplice alguno de sus trucos. Sin embargo, conforme la gente regresaba de sus almuerzos, la música exploró nuevas vías como diferentes aproximaciones más convencional de canciones ejecutadas con su propia voz y acompañadas por su guitarra o una versión, bajo sus propias reglas, de la celebérrima 'We will rock you' de Queen o de la no menos icónica 'Así me gusta a mí' de Chimo Bayo.

Más fácil lo tuvieron Nunatak, que con temas como 'Bestias sedientas' y otras melodías propias tan reconocibles como coreables -también por gozar de una mejor hora de cara a sumar más asistencias- obtuvieron una retroalimentación mucho más positiva, traducida en pitos, aplausos y corifeos de las partes más intensas de sus canciones. El grupo de folk dispuso todas las herramientas a su alcance para que la épica conquistase el escenario desde la aparente discreción. El público hizo el resto.

 

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