Trashumancia: en busca de la «eterna primavera»

Diego (izq.) y Andrés Torres (dcha.), ganaderos, en su trayecto de Extremadura a Ávila estos días /Diego Torres
Diego (izq.) y Andrés Torres (dcha.), ganaderos, en su trayecto de Extremadura a Ávila estos días / Diego Torres

Los ganaderos cambian de pastos en una de las actividades naturales más antiguas del mundo. El puerto del Pico es uno de los enclaves testigo de este viaje, que finaliza en Ávila con un día de fiesta

Paula Velasco
PAULA VELASCOÁvila

«Ya se van los pastores a la Extremadura, ya se queda la sierra triste y oscura», dice el canto popular vinculado a la trashumancia, una actividad que se remonta a siglos atrás, y que vivió un auge especial a partir del siglo XIII, pero que hoy en día continúa realizándose por España, como ocurre en tierras castellanas.

Con esta actividad, el ganado se ha trasladado siempre de un territorio a otro, buscando los pastos verdes durante todas las épocas del año, atravesando puertos de montaña para aprovechar su alimento tanto en las zonas altas como las llanas, y ahora es el turno de hacer el recorrido inverso a como reza la tonada bucólica: de Mérida, a tierras abulenses.

Diego Torres, ganadero, partió de Extremadura el pasado 5 de junio «en busca de la eterna primavera», con cuatro familiares, «algún amigo y más de quinientas cabezas de ganado». Casi veinte días de trayecto, mientras acompaña a las reses en su recorrido por la naturaleza porque es «nuestra forma de vida, que hemos visto desarrollar a nuestros padres y nuestros abuelos», explica.

Torres pasa seis meses viviendo en Extremadura y los otros seis, en la provincia de Ávila. «Nosotros hacemos la trashumancia de Mérida a Ávila todos los años. Vamos a los pastos de verano y regresamos en diciembre a Extremadura, cuando está la nieve en las montañas. Yo soy ganadero de los dos sitios», cuenta Diego.

Pero lo que tiene Diego y su ganado de especial es que «siempre hacemos el trayecto caminando. Subimos por la vereda, pasamos por Trujillo, Oropesa, Navalmoral de la Mata, el puerto del Pico… Siempre lo hacemos así. Vamos con un coche de apoyo y cuatro de nosotros a caballo acompañando a las reses. La vida la hacemos con el ganado».

Somos «ecologistas del mundo rural»

Y es que Torres confiesa que «quedamos cuatro románticos en Extremadura, Teruel y alguna zona más, que realizamos así el trayecto», porque haber «hay mucha trashumancia, pero en camión».

Sin embargo, Diego y su familia no renuncian al placer de tener «ese contacto con la naturaleza, que nos da otra visión de la vida, diferente a la que hay en la ciudad». Así, durante las semanas que dura el traslado de las reses de una provincia a otra, los cinco viajeros cuidan de sus vacas para guiarlas por el camino, que no salgan a las carreteras y llegar a un buen lugar donde descansar, día tras día, al caer la noche. Es el momento en el que el coche de apoyo se acerca al lugar del campamento improvisado, «son descansaderos de la vía pecuaria, ahí sacamos la comida, la cama, hacemos una especie de corral para que no se escapen las vacas o nos dejan algún sitio cercano las gentes de cada lugar, o una finca, algunas noches, para cerrarlas».

Esta familia de ganaderos, con la trashumancia, conserva y protege algo asociado siempre a esta actividad como es el «intercambio de cultura. A través de ella conocemos gente, existen fuertes vínculos, uno te cuenta una cosa allí; otro, otra allá».

Y es que por algo la trashumancia está considerada como Patrimonio Cultural Inmaterial. Además de transmisora de culturas, es transmisora de «semillas y animales. Es lo que transportamos. Somos los auténticos ecologistas del mundo rural».

El día 22 de junio, domingo, está prevista su llegada al puerto del Pico, en tierras de Ávila. Todo un espectáculo conservado a lo largo de los siglos, que se recupera y pone en valor gracias a la iniciativa de algunos colectivos como la Asociación Española Raza Avileña-Negra Ibérica o la plataforma Trashumancia Viva, que organizan cada año toda una jornada festiva en torno a esta actividad.

A las nueve de la mañana tendrá lugar la subida del ganado por la calzada romana del puerto del Pico, para hacer un encuentro en el descansadero del mismo puerto con el fin de avistar la llegada de las vacadas trashumantes. Ya a la una de la tarde está prevista una degustación al aire libre de carne de Ávila y finalizará la mañana con el undécimo concurso de fotografía sobre la trashumancia.