Neresa González apura sus últimas horas en libertad.
Neresa González apura sus últimas horas en libertad. / H. S.

«He rehecho mi vida, tengo dos hijos, uno de 15 meses; ir a prisión ahora me rompe»

  • Nerea González ingresará este martes en la cárcel de Villanubla por quebrantar una orden de alejamiento en 2011

Casi en tiempo de descuento –mañana a las doce de mediodía ingresará en la prisión de Villanubla– recurre a la prensa. Es su último cartucho, después de que el Supremo le haya denegado el indulto que solicitó. El quebrantamiento, en 2011, de una orden de alejamiento de su expareja, que el Juzgado de lo Penal número 4 les impuso un año antes en una sentencia que condenó a ambos a nueve meses de prisión por un delito de lesiones, ha activado aquella primera resolución. Nerea González, de 31 años, no oculta que en la tumultuosa relación hubo muchos errores. Sufrimiento y recaídas, tras una historia de malos tratos. Pero ella no busca remover aquel episodio.

Le gustaría mirar al futuro, aunque la ejecutoria judicial, le marque un destino inmediato entre rejas, que comienza mañana. «Desde hace tres años no sé nada de esa persona, me he casado, tengo un niño de 15 meses y otro de 13 años; ingresar ahora en prisión me rompe la vida», explica esta mujer con una sensación en la que se mezcla el miedo a lo desconocido y la tristeza por tener que dejar a sus hijos y a su familia.

Trabajos para la comunidad

El fallo de los tribunales en 2010 le llevó a cumplir un año de servicios a la comunidad, que desarrolló en una asociación de enfermos de esclerosis, al mismo tiempo que se sometió a un tratamiento psicológico en Cruz Roja para ‘desengancharse’ de una relación de violencia, celos y acoso cuando apenas tenía 25 años. «He presentado informes favorables de todo el mundo, hemos recurrido de todas las formas posibles, pero no ha habido manera», lamenta. En la conversación tercia Jorge, su marido. «¿Creen los jueces que encerrándola ahora, cuando todo eso ya pasó, se va a conseguir algo bueno?», se pregunta.

Nerea está dispuesta a todo. «Trabajos sociales, que me pongan una pulsera de control... También hemos intentado acogernos a la nueva ley y que me concedieran el tercer grado, pero subir a la cárcel no, no quiero dejar a los míos», suplica. A su juicio, el sistema «podría tener un poco más de sensibilidad y de tacto» cuando una persona «demuestra con hechos» que de aquello ya no queda nada.

«Que todo lo que pasó en su momento está mal hecho, sí, pero es muy difícil para una chica tan joven liberarse de una relación como la que yo sufrí y de la que me costó mucho salir, porque se producen recaídas», insiste. «Se puede pagar un delito de muchas maneras, más cuando una persona tiene rehecha su vida y no tiene nada que ver con la mayoría de la gente que va a prisión; ¿por qué no ha tenido en cuenta el juez los informes psicológicos que le hicieron a Nerea en Cruz Roja y que dejan claro lo mal que lo pasó en su momento?», abunda su esposo.

«En Villanubla solo hay un módulo de mujeres en el que todas están juntas, algunas por delitos muy graves, ¿quién te dice que a mi mujer, que va a subir a cumplir una pena pequeña, no se le pueden complicar las cosas allí?», añade un preocupado Jorge.

Ambos apuran las últimas horas juntos con las caras desencajadas y a la espera de otra sentencia –la referida al quebrantamiento de la orden de alejamiento de 2011– que podría sumar otra pena de ocho meses. «Esto es algo del pasado, solo pido a la Justicia que vuelva a examinar mi caso, que sean conscientes de que soy una mujer integrada, con ganas de tirar adelante y dedicada a mi familia», solicita con vehemencia esta joven.