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Cuerpos generosos a gastos pagos

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Cuerpos generosos a gastos pagos

10.04.11 - 00:51 -
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Alumnos de Medicina, durante la clase de disección impartida por el profesor Félix Pastor / F. Jiménez
José Antonio Blanco, de 53 años, y su hija Marta, de 26, tomaron una de las decisiones más importantes de su vida en enero pasado. Ambos son donantes de órganos desde hace décadas y después de acudir a charlas con médicos y profesores de la Facultad de Medicina de Valladolid decidieron dar todavía un paso más. «Nosotros estamos convencidos de lo que hemos hecho, ya que no es una decisión tomada a la ligera de un día para otro» asegura Marta quien, a pesar de ello, no cuenta en esta cuestión con el beneplácito de su marido. «Él es creyente y no comulga con mi decisión, pero la respeta y me ha dicho que, si yo fallezco antes que él, hará lo que yo he dispuesto», indica la joven mientras se acaricia su incipiente barriga de primeriza. No se lo pensó dos veces y estampó su firma en el registro de donantes de cuerpo, que se ubica en el edificio de la Facultad de Medicina de Valladolid.
«Los estudiantes necesitan cuerpos para poder estar formados en condiciones y la donación de órganos está muy bien, ya que se salvan vidas, pero no solamente la donación de órganos ayuda, sino que el cuerpo entero ayuda igual o más» dice José Antonio, quien hace un par de años abandonó el deseo de ser incinerado a su muerte ya que ve «la necesidad real que tienen las Universidades de enseñar con modelos reales de carne y hueso».
Ni cementerios, esquelas, coronas de flores, ataúdes y mucho menos velar el cuerpo durante una noche entera antes de dar el último adiós a los seres queridos. Lo que para muchos puede ser una barbaridad o algo fuera de lo normal o común, para este padre y su hija es un acto de generosidad. «Nuestra idea es que la gente se tiene que mentalizar de que hay que hacer algo por los demás y, si no lo quieren hacer en vida, quizá sea una forma de hacerlo una vez muertos», afirma Marta, a lo que añade su padre: «Qué más me da donar un poco más si soy donante de órganos desde hace 30 años».
El cambio de mentalidad sobre la vida después de la muerte puede ser de gran utilidad para los estudiantes de Medicina y es una tendencia creciente. Según los datos proporcionados por el departamento de Anatomía de la Facultad de Medicina de Valladolid, desde el mes de enero 64 personas han decidido ceder su cadáver a la Universidad. La cifra de estos primeros cuatro meses de 2011 triplica las donaciones realizadas durante todo el 2009 y, si el constante goteo de donantes prosigue a lo largo del año, como explica el profesor de Anatomía, Juan Francisco Pastor, el numero de donantes de cuerpo podría superar los 106 que se registraron durante el 2010.
Cursos de posgrado
Además del cambio de mentalidad, otra de las causas que han impulsado este repunte es el factor económico. «Un entierro es caro y ahora la gente vive mucho tiempo y hay personas que a lo mejor ya no tienen familiares directos, sino sobrinos o parientes lejanos, y cuando se plantean un entierro de ese familiar lejano con el que no se tiene contacto y que ascenderá a unos 2.000 o 3.000 euros, la familia se decanta por la donación, que en este caso está libre de gastos».
Sea cual sea la causa, la realidad es que durante el pasado año entraron en la Facultad de Medicina 18 cuerpos, siete más que durante el 2009. «Al tener más entradas, la calidad de las prácticas ha mejorado, ya que al disponer de más cuerpos, también se pueden hacer más disecciones, que no tienen que ser aprovechadas durante tanto tiempo», explicó el doctor, quien recuerda que hace tres años, ante la escasez de cadáveres, estos tenían que durar al menos tres cursos, por lo que el deterioro era importante.
El incremento de cadáveres también ha facilitado la implementación de varios cursos de posgrado en los que se necesita estudiar con modelos reales, como es el caso de los traumatólogos, otorrinos, logopedas, ópticos, educadores especiales y, sobre todo, de los cirujanos, que requieren cuerpos frescos. Pastor vaticina que el porcentaje de entradas y donaciones de cuerpos «va ir incrementándose año a año, por lo que dentro de unos 15 será cuando realmente se dé una avalancha de entradas». No obstante, el facultativo quiere puntualizar que en España están empezando hacer lo que en otros países de Europa practican desde hace 25 años, que consiste en «destinar los cadáveres a ensayos de técnicas quirúrgicas y para cursos de especialistas. Algo que antes era impensable por la escasez».
Dos testigos
Cuando alguien decide donar su cuerpo a la ciencia, además de hacerlo en plenas facultades psicológicas, debe aportar dos testigos que refrenden su decisión. Una vez realizado el protocolo, el doctor explicará al donante el proceso que su cuerpo sin vida recibirá nada más llegar a la Universidad.
Los cadáveres llegan a los sótanos de Medicina entre las 24 y 48 horas después de fallecer. Una vez en el inmueble, se coloca el cuerpo sobre una camilla metálica en posición anatómica hacía arriba. «Nosotros, para embalsamar el cuerpo solemos utilizar la arteria femoral; através de una cánula le introducimos un líquido con formol, alcohol y otras sustancias salinas mediante una bomba peristáltica que le llega a todas las partes del cuerpo, es decir desde la cabeza a los pies», explica el doctor, quien agrega que «este proceso tiene una duración de una hora y con él se fija todo el cadáver».
Una vez 'fijado', se envuelve en una sábana y se sumerge en una bañera con 60 centímetros de profundidad de formol. En la tina permanecerá un mes. «En la bañera, que tiene una capacidad para ocho cadáveres, se conservará a base de formol hasta que pase a la zona de refrigeración, donde los cuerpos permanecerán almacenados a una baja temperatura». Luego, los cuerpos se suben a las salas de disección, donde los alumnos de los primeros cursos de Medicina y Enfermería realizaran prácticas.
«En estos momentos estamos viendo los vasos y nervios del aparato locomotor, en concreto, de la extremidades inferiores», subraya el doctor y profesor Félix de Paz, quien explica que practican las disecciones tanto «en cadáveres completos como en extremidades inferiores aisladas». Durante las clases prácticas, en las que participan unos 30 alumnos, los restos deberán ser humedecidos con formol diluido porque, «de lo contrario, se deterioran mucho las piezas y además pueden contaminarse por hongos». Además, el aula tiene que tener una temperatura de entre 19 y 20 grados centígrados, ya el calor suele favorecer el proceso de descomposición y degeneración de los tejidos. La piezas se guardan cada dos días en la zona de los frigoríficos para que no se deterioren demasiado.
Exclusiones
«Los únicos que excluimos son cadáveres que tengan enfermedades infectocontagiosas, como sida o hepatitis; en esos casos, no nos hacemos cargo de los restos, porque,c omo se ha comprobado, constituyen virus que en algunos casos, incluso después del proceso de fijación, pueden no estar del todo inactivos; entonces el riesgo es mayor que los beneficios», explica el doctor Pascual, quien aclara que la leyenda urbana sobre los vagabundos es falsa. «Cuando alguien se encuentra sin identificar hay que hacer una necropsia, y entonces ya no nos sirven porque no se pueden embalsamar: al estar abiertos, cuando nosotros vamos a introducir por la arteria el líquido conservador, se sale por todos los sitios».
En caso de accidente, si el muerto es donante de cuerpo se aprovecharían las extremidades. Los fetos y algún recién nacido también han pasado por las aulas de la facultad al ser donados. Desde el año 1987 no se ha registrado entrada alguna de niños.
Los cadáveres que llegan a la Facultad de Medicina de Valladolid proceden de toda la comunidad autónoma y la Universidad corre con los gastos. El coste de los traslados, el mantenimiento y la devolución del cuerpo para ser enterrado en la fosa común del cementerio de El Carmen corren a cuenta del presupuesto anual de la Facultad y ascienden a unos 2.500 euros por cadáver.
Mismo precio
Este precio es similar al que ofrecen muchas funerarias por un servicio completo (corona, velatorio, ataúd, esquelas, recordatorios, trámites varios y traslado al cementerio), en el que pueden llegar a cobrar entre los 2.500 y 3.000 euros, sin contar los 1.000 euros, en el caso de Valladolid, que los familiares deben pagar en tasas.
Según el presidente de la Asociación de Empresarios de Pompas Fúnebres de Valladolid, Juan Guitar, la idea de que la gente done su cuerpo a la ciencia es «maravillosa, ya que demuestran tener unos excelentes valores morales». Respecto al aumento de donaciones y a la entrada de cadáveres en el área de Anatomía Patológica de la Universidad, no le preocupa ya que «es un porcentaje ínfimo en comparación con el número total de defunciones que se producen al año».
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