RÍO2016

Juegos Olímpicos

Historias olímpicas

Los Juegos de los cigarrillos

La gimnasta rumana Nadia Comaneci, reina de Montreal'76.
La gimnasta rumana Nadia Comaneci, reina de Montreal'76. / EFE
  • Un empleado volvió a encender la llama olímpica de Montreal 1976 después de que una tormenta provocara su extinción en un evento sufragado por un impuesto al tabaco

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Los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 son recordados siempre con la palabra ‘perfección’. La gimnasta Nadia Comaneci selló su eternidad con su ‘10’ y desde entonces los aniversarios recuperan esa imagen del certamen canadiense. Pero aquellos días no fueron tan perfectos y de manera paradójica el deporte contó con el tabaco como un inesperado aliado clave para su supervivencia.

En primer lugar, el encendido del pebetero en Montreal resultó llamativo porque se llevó a cabo por dos personas de manera conjunta para simbolizar la unión de la cultura francófona y la anglófona del país. El espíritu olímpico aplaudió la novedad. Pero cinco días después de la inauguración se produjo un incidente inesperado. Una gran tormenta inundó el recipiente que protegía la llama y esta se extinguió. Ante la situación, un empleado desconocido reaccionó con rapidez con el mechero con el que encendía sus cigarrillos para recuperar la llama.

Ante la consternación de los oficiales y su protocolo, se optó por volver a apagar el fuego para emplear una de las llamas de reserva habituales prendidas con la llama original griega. «El 22 de julio en Montreal, una violenta tormenta provocó que la llama olímpica se desvaneciera. El incidente tuvo lugar a las 13:55 y fue vuelta a encender las 14:57 usando una llama reserva guardada en el estadio olímpico», reconoce el informe oficial de aquellos Juegos.

Aquel incidente no fue el único que vinculó a los cigarrillos con Montreal 1976. Los Juegos canadienses cuentan con el récord de ser los más costosos de la historia moderna y fueron sufragados gracias a un impuesto sobre el tabaco en Quebec. El sobrecoste de la Villa Olímpica, un complejo de apartamentos postmodernos, unas instalaciones de actividades deportivas, la construcción de edificaciones al aire libre, los aparcamientos y el velódromo (que fue readaptado posteriormente) se sufragaron básicamente por la carga impositiva a los cigarrillos en Quebec durante más años de lo previsto.

De hecho, las normas antitabaco del siglo XXI provocaron que el estadio, al que popularmente se llamaba ‘The Big Owe’ (la gran deuda), se terminara de pagar en 2006. Una década antes los ciudadanos de Montreal habían visto caer una zona de 55 toneladas del techo que prolongó de nuevo la deuda y la tasa de los cigarrillos hasta 40 años después de la celebración. En esa ocasión no bastó con un mechero para arreglar el inconveniente.