RÍO2016

Juegos Olímpicos

historias olímpicas

La basura de Barcelona 1992

Doreste, durante una prueba de vela.
Doreste, durante una prueba de vela. / Archivo
  • «¡Navegué al lado de una vaca muerta!», recuerda Mike Gebhart, el windsurfista que perdió el oro por culpa de una bolsa de plástico

  • Cada jornada varias barcazas trataban de recoger los cadáveres de animales, toallitas limpiadoras, condones y neveras que poblaban el campo de regatas

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La historia oficial y oficiosa de Barcelona 1992 suele elogiar los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Se alaba su capacidad para elevar el nivel organizativo y de difusión, la incorporación fundamental de los voluntarios (trabajadores no pagados) y el legado a la ciudad. Sin embargo, hay una sombra que conservan todos aquellos que competieron en la vela de aquel certamen, manchado incluso por la influencia en los resultados deportivos. El lugar del delito fue el mar.

Las primeras críticas a la zona de regatas se multiplicaron un año antes de los Juegos Olímpicos. La competición que servía para comprobar el grado de organización y las condiciones de navegación alertaron a los deportistas. Pero no a los organizadores. De hecho, durante la competición olímpica las críticas se repitieron. Barbara Kendall, la neozelandesa que ganaría el oro, denunció en los días previos las ratas muertas y un par de neveras flotando que atisbó durante sus entrenamientos. «Cuando te salpica el agua y escupes puedes realmente notar que el sabor está asqueroso», resaltó el noruego Per Gunnar Hauge a Reuters aquellos días. «Hay de todo. Desde algas y bolsas de plástico hasta condones y toallitas limpiadoras. Grecia está mal, pero no tanto como esto», remarcó el heleno Nikolaos Kaklamankis antes de la competición en que aseguraron ver los cuerpos muertos de ovejas, ratas, perros y hasta de un burro. Lars Kleppich resumió en 2015 su experiencia en las aguas de Barcelona 1992: «Era como navegar en la taza de tu retrete».

«El agua está más limpia que nunca», se defendió Jaume Guardiola, director del Parc de Mar. Se instalaron contenedores en la playa para depositar los residuos orgánicos y se enviaron barcazas a diario a retirar los desperdicios. El puerto y sus alrededores habían sido totalmente reformados sólo para el evento.

Dos regatistas españoles en Barcelona.

Dos regatistas españoles en Barcelona. / Archivo

De todas las críticas, la que contiene más fuerza es la de Mike Gebhart, quien era líder antes de un incidente en la última regata. «Buscaba y buscaba porque estaba navegando lento como la mierda. Pensé que quizás había enganchado un alga, pero miré abajo y como la bolsa de plástico era transparente no podía verla. Finalmente, noté una pequeña burbuja de aire en el borde», recuerda el windsurfista. «Hay dos maneras de verlo. Puedes volverte loco y montarte una bonita historia: ‘Oh, ya sabes, la basura me costó mi medalla’; o puedes tomar los mandos y decir: ‘Hey, el otro tío era un poco más coherente’. Podría haber identificado el problema más rápido», explicó a ESPN recientemente cuando le preguntaron por las condiciones de la bahía en que se celebrarían los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. ¿Fueron peores los de Barcelona? «¡Navegué al lado de una vaca muerta!», respondió el windsurfista para zanjar el debate.

En 2015 se celebraron los Mundiales de Natación en la capital catalana. Se aprendió de los errores pasados. El puerto de Barcelona detuvo las obras en la zona del Port Vell un tiempo antes, instaló una red para bloquear la entrada de medusas, prohibió el suministro de combustible y reforzó el servicio de limpieza. Entonces ninguno de los clavadistas y los nadadores en aguas abiertas denunció neveras flotantes o animales muertos. Tampoco ninguno perdió una medalla por una bolsa de plástico.