Ana Rita abre la puerta grande de Íscar

Ana Rita durante su faena. /Cruz Catalina
Ana Rita durante su faena. / Cruz Catalina

La rejoneadora portuguesa, que cortó tres orejas, fue la gran triunfadora de la tarde

Cruz Catalina
CRUZ CATALINA

El domingo no se abrió, pero este lunes en la última de abono de la feria agosteña de Íscar la puerta grande del multiusos de la avenida Juan Carlos Domínguez se abrió para salir a hombros en medio de la multitud la rejoneadora lusitana Ana Rita. Triunfadora de una aburrida tarde, con apenas un tercio de entrada en los tendidos, en parte debido al nulo interés que demostraron por atender las llamadas los jinetes los seis, bien presentados, toros de encaste Santa Coloma de Pablo Mayoral en un festejo en el que la rejoneadora portuguesa que corto tres apéndices formo terna con Martin Burgos y Leonardo Hernández que se fueron de vacío.

Martin Burgos, que se fue de vacío, al que abría plaza lo despacho con dos rejones de castigo, media docena de banderillas largas y un acero de muerte tras pinchar al primer intento, tenido que descabalgar para tomar la muleta y rematar con el descabello. Al cuarto de la tarde, después de una curiosa faena de banderillas, se le atravesaron los aceros hasta el extremo de necesitar cuatro para que doblara, lo que le valió la bronca del público.

Leonardo Hernández, al primero de su lote, que fue sin duda el más parado de los seis, trato infructuosamente de sacarle algo, y lo consiguió en parte con cuatro vistosas banderillas largas y dos cortas colocadas al violín, pero no remato a la hora de la suerte suprema donde erro con los rejones de muerte. Al quinto, que hizo bueno el famoso dicho al resultar el más voluntarioso del encierro, el acompañar a Ana Rita en el paseo triunfal se le escapo a la hora de matar después de haber cuajado una más que interesante y completa faena llena de detalles donde demás de las banderillas largas y cortas también hubo rosas.

Ana Rita, la protagonista de la tarde, logro desorejar al primero de la tarde merced a una trabajada faena en la que tras los dos acero de castigo se recreo plantando tres bonitos y acertado pares de banderillas largas, el acierto con el rejón de muerte colocado en todo lo alto y del que doblo mientras buscaba el abrigo de las tablas le valió como premio dos apéndices. En el que cerraba plaza, la cosa cambio pues el de Pablo Mayoral no tuvo mucha voluntad de colaborar, pese a ello le endoso con mucho trabajo dos aceros de castigo ante los que apenas reaccionó, continuando la faena hasta darle muerte plantándole, no sin dificultad, cuatro banderillas largas y dos rosas, rematando ya con mucha dificultad con un bien puesto rejón de muerte. Su voluntariedad y trabajo fue recompensada con una oreja.