Pingüinos supera los 30.000 inscritos

Un momento del desfile de banderas al paso por el Paseo de Zorrilla. / G. Villamil

La concentración vallisoletana logra una cifra récord de participación: 30.470 moteros

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

La concentración motera de Valladolid ha conseguido su récord: 30.470 inscritos. Esta cifra supone lograr el objetivo de la organización y superar por primera vez en la historia de Pingüinos los 30.000 inscritos.

Ayer fue una jornada para recordar, con un desfile de banderas inigualable. Una hora y media desde la salida en la antigua Hípica hasta Recoletos. 6,7 kilómetros a una velocidad solo ligeramente superior a la del tren Extremadura-Madrid. En primera marcha todo el camino hasta embocar el Paseo de Zorrilla, donde los moteros, por fin, pudieron girar el puño del acelerador y meter un poco de gas, para airear la moto -ahogadicas van las deportivas, pobres, y calientes como hornos las 'custom' refrigeradas por aire- y realizar el último tramo del recorrido acompañados por los vallisoletanos.

Ha habido muchos desfiles de banderas en Pingüinos. Los más multitudinarios, siempre con Valladolid como sede. Como el de este sábado, nunca.

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Por muchas causas, claro. Primero porque el ritmo de inscripciones, por la noche, ya era bueno, pasando las quince mil, y a mediodía rondaba las 21.000, según Turismoto. A las cuatro de la tarde repartían ya las fichas por encima del 26.000. Y a las ocho de la noche se habían rebasado los 29.000. Ya para entonces era obvio que los 30.000, esa barrera que se antojaba inabordable, iba a quedar destrozada. El récord de la cita se estableció, cabe recordar, en Simancas, con 29.812 inscritos.

El segundo motivo por el que triunfó el desfile, y por el que se vino arriba la concentración, fue que hizo buenísimo. Entiéndase. Buenísimo para ir en moto bien preparado, claro. Los más precavidos, los de la ropa térmica y el mono, pasaron hasta calor, porque el cielo estuvo despejado durante la mayor parte del recorrido matinal.

Tan bueno hacía que se notó en la gran cantidad de chavalería que participó en el desfile. Niños y niñas de todos los tamaños, siempre y cuando lleguen con los pies al estribo como manda la normativa. Y es que los cachorros de pingüino motero forman una subespecie peculiar. Porque son mamíferos, pero se reproducen, por decirlo finamente, de manera ovípara. Cuando los padres son moteros, la gasolina se inyecta a los vástagos desde el primer biberón. Sin opciones. Sí o sí. Ovíparos, vaya. Así, un hombre llevaba en su sidecar azul a dos pequeñajos, uno de pasajero en la moto y otro al lado. Otro portaba detrás a un minipiloto con mono de carreras. Y no era un mono de adorno, desde luego. Lo podían atestiguar los rozones en las rodilleras y el descosido de una caída a la altura de la cadera. Un mono que firmaría Marc Márquez.

Los más nuevos, los que vivían su primer desfile de banderas, tiraban de ropa de esquí, siempre abrigadita, aunque no cuenta con las protecciones que son recomendables. Incluso aquí. Y es que el desfile de banderas, tan multitudinario, tan asombroso por su magnitud, se vuelve peligroso en algunos puntos. Una BMW que circulaba en las posiciones más adelantadas se fue al suelo cuando otra moto cerró su trayectoria sin darse cuenta. Como es habitual en el mundillo, varios pilotos se bajaron de inmediato de sus monturas para ayudar a levantar el monstruo. En orden de marcha, ese tipo de motos superan con facilidad los 300 kilos y volver a ponerla en pie no resulta sencillo.

Hay un factor clave que explica el éxito de la cita: Valladolid y su entrega durante los desfiles

La baja velocidad permite, eso sí, entablar conversaciones de moto a moto. El conductor de una Honda FRJ 1300 avisó a una BMW que le antecedía de que se había dejado la llave del cofre puesta. La pasajera no alcanzaba, sin bajarse, a retirarla, así que la Honda VRF 800 que iba detrás, y que atendía a la maniobra, se adelantó, se detuvo al lado, cogió la llave y se la entregó. Eso derivó en una conversación sobre los dos modelos de Honda presentes en el momento. Pónganle una hoguera un par de horas más tarde y ya tienen otro grupo de colegas montado para Pingüinos 'ad aeternum'.

Hay un factor clave que explica el tremendo éxito del desfile de banderas: Valladolid. Sus ciudadanos, en realidad. Los que abarrotan Recoletos, los que se asoman a las ventanas para ver pasar la comitiva y sobre todo los que acuden con los más pequeños y jalonan el recorrido pidiendo cláxon, choques de manos y jolgorio. El calor entusiasmado de los espectadores se transmite con intensidad a los participantes en el desfile y convierten la odisea de hora y media de atasco continuado en una fiesta.

Algo similar ocurrió con el desfile de antorchas. Protección Civil incluso permitió que los espectadores invadieran uno de los carriles de la Plaza Zorrilla, el más cercano a la fuente, para que el público pudiera presenciar el homenaje.

Con la cifra definitiva de inscritos, Pingüinos 2019 ha pasado a la historia de la concentración y, por ende, del motociclismo español. 36 años de esfuerzo para conseguir que la aventura de unos locos acabara convertida en la mayor concentración motorista invernal del mundo.

 

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