La rebelión de José María

A sus 74 años, vino desde Barcelona para rendir homenaje a un amigo fallecido hace un año; se inscribió y regresó por la muerte de su consuegra

Josep María (izquierda) y su amigo Joan, en una de sus primeras ediciones de Pingüinos. /EL NORTE
Josep María (izquierda) y su amigo Joan, en una de sus primeras ediciones de Pingüinos. / EL NORTE
Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

Este reportaje se escribe en dos actos. El primero tiene lugar a primera hora de la mañana del jueves, cuando Josep María Cirera recoge su inscripción de Pingüinos y entabla conversación con otro motero recién llegado. «Vengo de Barcelona», cuenta. «Quizá sea mi último Pingüinos».

Está colocando las cosas sobre su Honda Integra y cuenta que ha dormido en Peñafiel, que su cuerpo, con 74 años, ya no está para pegarse la paliza del tirón y menos cuando el cierzo sopla al paso por Aragón. Dice que lleva muchos años viniendo, «desde finales de los 90», con un grupito de amigos.

«Pero ya no me queda casi nadie», cuenta entonces. Con la voz queda. Y se emociona un poco. «Es que la última vez vinimos tres. Uno de mis amigos murió el año pasado y el otro está recién operado». Sus hijos y sus nietos le dicen que está loco -lo habrá oído muchas veces, seguro-, pero esta vez sintió que tenía que venir. «Voy como sea», cuenta que pensó. Y se apoderó de él la rebeldía. Contra toda lógica.

Y vino.

Emplazado para más tarde, Josep María, que tiene previsto ver a unos amigos en Valladolid antes de empezar a disfrutar de la concentración, advierte que está pendiente del teléfono. «Mi consuegra está muy mal, me dijo mi hija anoche», señala. «Esperemos que no pase nada».

Pero pasa. 'Lo siento. Me vuelvo, me ha llamado mi hija y se ha muerto mi consuegra', escribe en un mensaje por teléfono a las 11:49 horas.

El segundo acto se produce después, tras una conversación telefónica cuando para a descansar en Burgo de Osma. «En cuanto llegue te escribo y te cuento más cosas», promete. A las 19 horas está en Barcelona. Y efectivamente, se pone al teclado para contar su historia.

Tiene que hacer memoria para acordarse de todas las motos que ha tenido desde que se sacó el carné «recién cumplidos los 18, en 1952». Y aún así asegura que se deja alguna. «Mi primera motocicleta fue una Mondial 4 tiempos y tres velocidades, una moto que hoy en día cualquier scooter de 49 cc. es más rápida, pero en aquellos tiempos prácticamente solo había motocicletas, pues los automóviles aún eran para gente adinerada», relata. Después, un poco de todo. «Tuve una Lambretta, luego una Ossa 150, luego una Bultaco Metralla, una Sanglas 400, una Ossa Yankee, una Sanglas motor Yamaha, una Laverda 750, Benelli, Yamaha, BMW y otras que no recuerdo, pero en la década de los 90 entré en el mundo de Honda y ya no me he divorciado de ella, he tenido una 1100 Bol d'Or, Una CBR 1000 (la más rápida) una CBF 600, dos Pan European 1100, una Pan European 1300...», la retahíla se antoja interminable, y sigue, «una Honda Deauville y actualmente tengo una scooter Silver Wing 600, que por cierto con ella he hecho dos Pingüinos, y la actual Honda Integra 750».

Esta última tiene ocho meses, explica, pero ya ha hecho 25.000 kilómetros con ella.

Josep María prepara su Pan European.
Josep María prepara su Pan European.

Una moto heredada por un vallisoletano

Una de las múltiples motos que ha tenido en su vida Josep María Cirera se la vendió a un motero de Valladolid. Se trata, explica, de una Pan European 1300. «La adquirió un vecino de aquí, de Valladolid, llamado Valeriano V.», señala con prudencia, sin aportar el apellido. «Me sabe mal, y es por culpa mía, que hace tiempo que no hablamos y la verdad es que me gustaría volver a contactar con él», señala el piloto de Igualada. No podrá ser este año en la concentración, desde luego, pero quién sabe si el año que viene Josep María volverá a sentir la llamada pingüinera y se animará a acercarse en su moto, sea cual sea por entonces, al calor de las hogueras de Valladolid.

En medio de todo ese maremágnum de motos comenzó a visitar Pingüinos. «Con mi buen amigo Joan creo que fue sobre el 1999 o 2000 que empezamos viniendo interrumpidamente cada año a este evento motociclista. Hemos estado en Boecillo, creo que despues fue Puente Duero y ahora ya aquí en Valladolid. Vivimos el cisma de Motauros y mil y una anécdotas», dice.

Y por Joan era ese viaje.

Joan en Pingüinos 2001.
Joan en Pingüinos 2001. / EL NORTE

«El primer motivo es un humilde, sencillo e íntimo recuerdo para un buen amigo mío desaparecido hace un año, concretamente el pasado 8 de enero de 2018, Joan Rojas Mas, de 72 años, empresario igualadino -nacido en Igualada, como Josep María- y fundador de la marca Buff, marca reconocida mundialmente por sus prendas deportivas y mayormente por su producto estrella, la braga o tubular para el cuello, Buff», escribe.

No podrá portar una antorcha por él porque nada más inscribirse tuvo que salir de vuelta hacia Igualada. 1.400 kilómetros en apenas dos días. Salió el miércoles de casa a las 11 de la mañana, pernoctó en Peñafiel y llegó de nuevo a su domicilio el jueves a las 19 horas.

Casado, con dos hijos y cuatro nietos, su vida ha estado ligada al motor. Ha sido comercial de automóviles Citroen y Peugeot, un mundillo en el que comenzó con 16 años. «Los últimos 15 años estuve en camiones, en Daf, me gusta y amo la mecánica», comenta. De esa afición por la mecánica surge una advertencia para todos esos que disfrutan cortando encendido. «Los moteros que ponen los motores a tope de vueltas hasta que se corta el encendido, me ponen la piel de gallina, creo que no tienen ninguna sensibilidad por la mecánica, es horrorosamente perjudicial para los motores en vacío y punto muerto, hacer semejante disparate lo único que se puede ganar es tener un problema mecánico que te puede costar una buena pasta».

El tercer acto de este relato motero que podría contarse alrededor de una hoguera quizá se escriba en 2020. «Guardaré tu móvil por si el año que viene aún puedo venir, para vernos y hablar», concluye. Hasta entonces, pingüino.

 

Fotos

Vídeos