Pedro Sánchez lanza la campaña del 10N aupado en su cúpula talismán

Óscar Puente y Pedro Sánchez en a Cúpula del Milenio. / G. Villamil

Fija las directrices a los suyos: llamada a la movilización, responsabilizar del bloqueo a Cs y Podemos y alertar contra el auge de la ultraderecha y sus pactos con Rivera y Casado

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINAS

No hace tanto, si se cuenta el tiempo real, en meses y años, que Pedro Sánchez llegó a la Cúpula del Milenio arropado por Óscar Puente para disputar la Secretaría General del PSOE, descabalgado, luego recompuesto y entonces de nuevo en la pelea. Si se traslada a tiempo político, suficiente como para vivir unas cuantas campañas electorales que desde entonces han tenido a Valladolid, y a la Cúpula, como talismanes. Desde aquel 18 de febrero de 2017 en el que arengó a los suyos por el giro a la izquierda hasta ahora, cuando la petición va encaminada a tirar de frente. Contra el muro. O, por utilizar sus palabras, contra el bloqueo. A pico y pala de militantes y simpatizantes para llevar a la movilización de un electorado al que se sabe harto.

Porque lo de la Cúpula del Milenio, tercera parte, no era un mitin al uso, por más que se colaran algunos curiosos y otros en busca de refugio de la tormenta entre las ochocientas sillas habilitadas. Era una convocatoria de alcaldes, concejales, candidatos y demás convencidos de partido para anunciar que sí, que la campaña ya ha empezado, que a mí las huestes socialistas. «Solo hay dos opciones, o bloqueo con una sopa de siglas a izquierda y derecha donde poder elegir, o Gobierno, estabilidad y avance, que es el PSOE».

«No les interesa que la gente vaya a votar. A los únicos que les interesa la alta participación es a aquellos que quieren avanzar en justicia social, limpieza y convivencia», espetó. Y para que quedara más claro:«Una España movilizada es una España desbloqueada».

A trabajar, por tanto, hasta el último edil del último pueblo. Llamada a filas y, de paso, un repasito al argumentario. Que no toca demasiado el programa, que al fin y al cabo ya es más o menos conocido por la acción de Gobierno, sino a los rivales y sus contradicciones. En el caso de Castilla y León, más que evidentes a ojos socialistas, claro. «¿Cómo vamos a entendernos con PP y Cs, que pactan con la ultraderecha para que Luis Tudanca no sea presidente de la Junta de Castilla y León?».

Recibieron más los de Rivera. El PSOE huele la posibilidad de una derrota estrepitosa de Ciudadanos en territorio castellano y leonés, y quizá una ruptura a medio plazo de ese pacto de Gobierno PP-Cs si el escenario se tuerce mucho, así que las directrices llegaron con nitidez desde el punto rojo de una Cúpula delMilenio iluminada a juego. «Tenemos a Rivera, nos ha levantado el veto, si nos hacemos de Cs nos apoya», dijo Sánchez con sorna. «Ha dado tantas vueltas que no sabe dónde está, pero los españoles sí sabemos dónde está el señor Rivera, apuntalando gobiernos del PP, gobiernos de la corrupción, y pactando con la ultraderecha».

Líneas repetidas por Tudanca y erigidas en soflamas por Óscar Puente, el alcalde anfitrión, al que el 'asunto Ciudadanos' le incendia el ánimo a la mínima. Como había que traer el argumentario general al terreno propio, se desplegaron allí, ante el presidente del Gobierno en funciones, desde el 'pisito' de Luis Fuentes hasta el conflicto por las 35 horas. «Son el Gobierno con menos mujeres de España, duplicaron el número de asesores en un acuerdo secreto para colocar entre otros a Cosidó, el jefe de la policía política del PP, hemos visto el pisito de Luis Fuentes, regenerando con todas sus fuerzas», enumeró Luis Tudanca. Y concluyó:«Han conseguido que los empleados públicos les convoquen una huelga general en solo tres meses. Esto tiene que ser un récord mundial».

Primera idea en la lista del socialista en campaña, por tanto, clara. Batalla con Ciudadanos desde ya y hasta el 10N.

La segunda es que a Podemos, concretamente a Pablo Iglesias –o PabloManuel, que es como Tudanca le distingue del Pablo Iglesias socialista, «el bueno», dice–, ni agua. «El señor Iglesias saca el trampantojo de la gran coalición de que el PSOE va a pactar con Ciudadanos. Lo dice para que no recordemos que en cuatro años han votado cuatro veces en contra de que haya un Gobierno socialista», recordó Pedro Sánchez.

Luis Tudanca, durante su intervención.
Luis Tudanca, durante su intervención. / G. Villamil

Segunda idea, o «idea-fuerza», que diría un pergeñador de campañas políticas, lista.

Y la tercera, por supuesto, la extrema derecha. Que en la Cúpula del Milenio se recalificó ya con otro vocablo quizá más sencillo de utilizar y con más reminiscencias negativas, «la ultraderecha». Combinado con el intento de sacar la palabra «España» del argumentario rival para situarlo, en tiempos de sentencia del procés, en terreno socialista. «España es de todos. No vamos a dejar, y mucho menos a los extremistas y la ultraderecha, que se apropien de España, la constitución, su nombre o su bandera», advirtió Sánchez. Para después tratar de situar a su máximo rival, si las encuestas aciertan el batacazo de Cs y Podemos, en la órbita de Vox. «Casado va de moderado pero pacta con la ultraderecha», afirmó.

El logro de la exhumación

Solo había que echar un ojo a la pantalla de vídeo los minutos antes del comienzo del evento para vislumbrar lo que se venía. Y allí, entre frases rescatadas de otros actos, emergía un tema sobre todos los demás: la exhumación de los restos de Franco. «Es una gran victoria de la democracia española», presumió Sánchez. «Había algunos que decían que eso no iba a ser posible», añadió, antes de recordar el que será su lema de campaña. «Ahora Gobierno y ahora España. Algunos se rasgan las vestiduras porque el PSOE dice España. Siempre hemos llevado la E de España en nuestras siglas».

Vítores, aplausos, 'selfis', abrazos y besos. Otra vez en la Cúpula. Imágenes que recuerdan a aquella vez, en 2017, en que se jugaba liderar su partido.