Ignacio Morchón Alonso: el negocio, siempre el negocio

Ignacio Morchón, en 2005./El Norte
Ignacio Morchón, en 2005. / El Norte

Un pequeño recorrido por la vida del Fundador de la Agencia Funeraria Castellana

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

Decir Morchón es pensar, en términos de territorio, en Torrelobatón. Allí está documentado este apellido desde mediados del siglo XVII y de allí procede el cabeza de familia que fundó la Agencia Funeraria Castellana, Ignacio Morchón Alonso. Nada hacía presagiar que ese sería su destino cuando vendía vino con una camioneta, o cuando tenía la pescadería. Cuentan que un moroso le pagó la deuda con ataúdes y que eso fue el germen de su imperio. 'Minuto', como se le conoce, nunca abandonó del todo su pueblo. No solo se anunciaba en el programa de fiestas, sino que aportaba patrocinios y, sobre todo, empleo. Bastantes de sus trabajadores han salido del municipio, que desde el jueves día 1 de febrero vive en estado de shock. Hay que recordar que tanto él como su esposa, María Rosario, proceden de allí.

Más noticias

Jubilado desde hace ya algunos años, nunca dejó el negocio, por más que aparecieran ahora en primera línea su hijo, Ignacio, o su hija pequeña, Laura, directora del tanatorio tras haber estudiado marketing y haber hecho prácticas en medios de comunicación. «Es muy trabajador, un currante. Y muy campechano y cercano en el trato», comenta un conocido. Otro corrobora que «eran muy educados y afectuosos».

El 9 de enero de 1986 constituyó la Agencia Funeraria Castellana, aunque en 1982 ya había solicitado licencia para la instalación de una agencia funeraria en la calle Fray Antonio Alcalde. El Ayuntamiento se la concedió pero con la apertura de un expediente sancionador «por tener ejecutadas las obras». El funerario es un sector muy atomizado, con una multitud de pequeñas empresas y un puñado de gigantes –como Mémora, que adquirió La Soledad, una de sus rivales locales– que copan gran parte del mercado. Funeraria Castellana podría haber sido una de esas cientos de pequeñas agencias, pero Ignacio Morchón consiguió consolidarla en muy poco tiempo. En 1999 ya contaba con cuatro sucursales en la provincia y dos en la capital, como contaba en una pequeña entrevista en El Norte.

Dicen que construyó el cementerio de El Salvador, en Santovenia, para fastidiar a Nevasa, con quien mantiene una competencia feroz desde hace 25 años. Ambos estrenaron crematorio, los primeros en Castilla y León, casi a la par, con unos meses de adelanto para la sociedad mixta municipal (octubre de 1994 y primeros de 1995, respectivamente). Eso habla de su carácter como tiburón empresarial. Como el hecho de que, según afirman diferentes fuentes, se hizo con los locales de los bajos situados frente al nuevo Río Hortega para evitar que la competencia se asentara allí. Una oficina de la Agencia Funeraria Castellana luce bien situada.

Los que le estiman hablan de un hombre «muy trabajador», pero también hay quien le acusa de falta de escrúpulos a la hora de tratar de captar todo el negocio posible.Ganó el concurso para hacerse cargo de los servicios de recogida y traslado de cadáveres judiciales, que revalidó por última vez en mayo de 2018 tras ser la única oferta presentada. También cuenta con el mayor porcentaje de sepelios procedentes de aseguradoras. Y entre las empresas ligadas al emporio familiar se encuentran, por ejemplo, una ebanistería y carpintería que tiene como actividad declarada, además de fabricación y comercialización de muebles, las pompas fúnebres.

En el origen de su fortuna no se encuentra solo, sin embargo, el negocio funerario. Su sociedad Patrigola, constituida en el año 1999, se dedica al alquiler de bienes inmobiliarios por cuenta propia. Su hija Laura figura como administradora única o apoderada. Su hijo Ignacio aparece como apoderado en Parque El Salvador. Él, mientras tanto, es administrador único o apoderado en tres empresas; Agencia Funeraria Castellana, Parque El Salvador y Carpintería Cristina Vaquero.

Un entramado familiar que no dejaba nada al azar. La compraventa y alquiler de inmuebles era otro de sus grandes negocios. Adquiría locales y viviendas en condiciones ventajosas, incluidas subastas, explican algunas fuentes, y consiguió reunir un ingente patrimonio inmobiliario. Desde luego tenía olfato.Explicaba recientemente a un conocido que compraba ataúdes en China porque era más barato y no tenía empacho en llevar encima grandes cantidades de efectivo.

No le hacía ascos a ningún negocio. Incluso llegó a optar a comprar el Real Valladolid, en aquella tempestuosa época post-Lewin en la que el club caminaba repleto de deudas y a la deriva.

En el año 2001, en una entrevista desenfadada en El Norte, titulada 12+1, anticipaba el futuro del sector:«Sin trabajo no creo que me quede, pero pienso que los cementerios cada vez serán más pequeños y la cremación se practicará más.Nosotros vamos a pedir licencia para otro horno», anunciaba.

Consiguió construir el tanatorio más grande de la provincia, con la ampliación de El Salvador inaugurada en 2013. Edificó otro en Peñafiel, inaugurado en 2014. Y otro en Mojados, abierto en enero de 2017. Proyectaba otro con crematorio en Laguna de Duero y trató de tramitar una licencia para uno más en Tordesillas. También gestiona Medina de Rioseco, Tudela, Montemayor de Pililla.

Acostumbrado a tratar con la muerte, es de los que la ven con una perspectiva que a los demás les hace nudo en la garganta y atadizo en la boca del estómago. Así que cuando la periodista Elena García de Castro le preguntó en aquella entrevista pícara de 2001 si había pensado en su funeral, no tuvo dudas:«Yo también quiero incinerarme, porque es lo más limpio y por eso de 'polvo eres y en polvo te convertirás'. Y les he dicho a mis empleados que cojan cuatro urnas pequeñitas, las llenen de ceniza y coloquen una en cada oficina, para que me recuerden a diario».