Una marcha con vallisoletanos pide rutas seguras para acabar con las muertes en el Mediterráneo

Dorita, Irene y Jesús, vallisoletanos participantes en la caravana Abriendo Fronteras. /RODRIGO JIMÉNEZ
Dorita, Irene y Jesús, vallisoletanos participantes en la caravana Abriendo Fronteras. / RODRIGO JIMÉNEZ

La caravana Abriendo Fronteras viaja hasta Italia para protestar contra las políticas migratorias de la UE

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

Ni las concertinas de Ceuta ni las barreras en Grecia ni la inmensidad de un Mediterráneo feroz para las pateras. «Las fronteras más difíciles de abrir son las mentales, esas que hay que derribar por completo para conseguir la integración real». Habla Irene Estébanez, todavía en la voz los recuerdos de lo vivido en Italia.

Ella es una de los castellanos y leoneses (once vallisoletanos, otros tantos salmantinos, tres palentinos, dos burgaleses)que se han sumado a la caravana Abriendo Fronteras, una red tejida por asociaciones de toda España (en Valladolid lo encabeza el Colectivo Indignado) yque desde hace tres años viaja a los bordes de Europa (Grecia en 2016, Melilla el año pasado, Italia este 2018).

Quieren con ello «reivindicar la buena acogida y los derechos de libertad de movimiento para todas las personas», protestar «contra las políticas migratorias de la UE», mostrar una opción de brazos abiertos en la atención a los migrantes. Sobre todo, recordar que «el silencio mata, que no se puede mirar para otro lado ni invisibilizar la situación».

En lo que va de año, 18.872 personas han llegado a Italia por mar, según los últimos datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Esto convierte al país italiano en el segundo puerto de entrada a Europa por el Mediterráneo, por delante de Grecia (16.307), pero superado este verano por España (23.741).

El organismo internacional cifra en 57.571 los desembarcos a Europa en patera y estima que 1.514 personas fallecieron durante el camino, con el Mediterráneo como tumba, desde el 1 de enero al pasado 5 de agosto. Es precisamente la ruta italiana la más peligrosa, con 1.111 muertos o desaparecidos de ese total de 1.514.

Amnistía Internacional ha criticado esta misma semana que los «efectos demoledores» de las políticas europeas en materia de inmigración han causado más de 721 muertes en el mar Mediterráneo en junio y julio. A su juicio, las decisiones de los gobiernos de la UE «han capacitado a la guardia costera libia para interceptar a personas en el mar, han restado prioridad a los rescates y han obstaculizado el trabajo vital de las ONG de salvamento». En lo que va de año, 59.271 personas han atravesado el Mediterráneo rumbo a Europa (273 al día). En 2017 fueron 117.102 (320 al día).

Había que ir allí, dicen los integrantes de la Caravana Abriendo Fronteras, que participaron junto a activistas italianos en manifestaciones, actos de protesta, concentraciones públicas «para denunciar y sensibilizar», para reclamar soluciones que no pasen por el rechazo y los centros de internamiento (CIES), para levantar la voz contra «políticas de extrema derecha». «Parece que Europa no se da cuenta de la situación actual.Esto no ha hecho más que empezar. Y los políticos solo ponen tiritas a lo que será una hemorragia», dice Jesús del Río, uno de los promotores de la caravana en Valladolid.

Acción de protesta de la caravana Abriendo Fronteras.
Acción de protesta de la caravana Abriendo Fronteras. / EL NORTE

«Lo llaman crisis, y no lo es. Las crisis pasan, son pasajeras, se acaban en un periodo corto de tiempo. Pero la venida de gente forzada a salir de sus países no va a terminar». ¿Qué piden, entonces? «Lo fundamental sería que todas las personas pudieran hacer uso de su derecho a no migrar, a quedarse en sus países de origen», cuenta Irene. Para ello, «todos tendríamos que asumir nuestra implicación, como países, en las causas que favorecen las migraciones». Están las guerras y los conflictos armados, el cambio climático, las cuestiones económicas «promovidas por un modelo de sociedad que favorece las desigualdades, que no reparte la riqueza y que crea vulnerabilidad». Lo ideal sería acabar con estas situaciones.

¿Mientras tanto? «Vías seguras para las personas que tienen que salir de sus países, medidas de acogida que respeten a las personas, para que no se vean hacinadas en centros sin derechos ni servicios, decisiones políticas que respeten los compromisos de acogida». En 2015, España se comprometió (en un acuerdo europeo, con cupo asignado desde Bruselas) a tramitar 19.449 solicitudes de asilo procedentes de Italia y Grecia. Se han resuelto poco más de 2.500. El Tribunal Supremo condenó el 11 de julio a España por incumplir ese compromiso.

«Y eso, en un país como el nuestro, que tiene problemas de envejecimiento, y en una región donde hay tantas zonas en riesgo de despoblación», cuenta Del Río. De ahí que de su viaje a Italia subrayen, sobre todo, como ejemplo de buenas prácticas, lo vivido en Riace, un pequeño pueblo en Calabria, en el sur de Italia, en la puntita de la bota, que vio cómo su padrón adelgazó por la crisis hasta rondar los 400 habitantes; la escuela sin niños, a punto de cerrar. Hoy son 1.800 vecinos de 26 nacionalidades.

Su alcalde, Domenico Lucano, figura en la lista 'Fortune' de los 50 líderes mundiales, calificado como el italiano más influyente. Cuando en 1998, doscientos kurdos iraquíes y turcos desembarcaron en las playas de la zona, Riace decidió acogerlos. Fue la salvación para el pueblo, hoy repleto de negocios de artesanía, locales hosteleros, talleres enfocados al turismo «de solidaridad». «El paralelismo es claro. Y un ejemplo de que se pueden resolver dos problemas al mismo tiempo», asegura Jesús del Río, quien ha participado ya en las tres caravanas reivindicativas.

Para Dorita Maestro es la primera vez. «He visto una realidad tremenda y he venido acongojada», asegura. Destaca, sobre todo, lo vivido en Sicilia, durante su visita al Centro de Acogida para Solicitantes de Asilo (CARA) más grande de Europa, con cuatro mil personas alojadas (aunque su capacidad es para la mitad). «Muchos son solicitantes de asilo a la espera de una resolución». «Si hablabas con ellos, te contaban que llevaban allí meses, incluso años, sin recibir autorización para moverse con libertad por Europa».

La media de estancia es de doce meses, según reconocen las autoridades italianas. Algunos llegan a estar tres años a la espera de una resolución que acepte su solicitud de asilo... o que la rechace, con lo que tendrían que ser devueltos a sus países de origen. A las puertas de ese centro, los integrantes de la caravana, en colaboración con ONGlocales, programaron un acto de protesta que también denunció la inseguridad de las mujeres: «Una de ellas, nigeriana, fue asesinada el mes pasado dentro delCARAen un caso de violencia machista por su expareja», recuerda Irene.

El último informe de Frontex certificó que, por primera vez, durante junio la ruta oeste del Mediterráneo (la española) se convirtió en la más activa de Europa. «El número de migrantes que llegó a España creció el 166%en relación a junio del año anterior», procedentes sobre todo de Marruecos, Guinea y Mali. El Gobierno italiano atribuye el descenso en la llegada a sus costas por las luchas entre traficantes de personas y el papel de los guardacostas libios, que interceptan las embarcaciones en el mar. La Comisión Europea asegura que entre 2015 y 2016, «al triplicar los recursos disponibles, se capturó a más de dos mil tratantes y traficantes y se retiraron 375 embarcaciones».

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