Koulikoro, en Malí, recupera sus instalaciones para dar el relevo a la unidad de Canarias

Capitán Juan Garrido y Teniente Darío Djaschni, en la instrucción a oficiales del Ejército de Malí, en la base de Koulikoro. / J. Moreno

Los militares de Castilla y León reconocen que el atentado de febrero elevó la seguridad en la base

Jorge Moreno
JORGE MORENOEnviado especial a Koulikoro (Malí)

Parte de los 190 militares españoles desplegados en la base que la Unión Europea tiene en Koulikoro (Malí), en donde se adiestra al personal del Ejército maliense para hacer frente a los ocho grupos yihadistas que operan en el país y el crimen organizado de tráfico de personas y drogas, reconocen que hay un antes y un después tras el atentado islamista que sufrieron el pasado 24 de febrero.

Esa madrugada del domingo, un grupo de milicianos islamistas intentó entrar al recinto de la base de la UE con dos coches cargados con más de una tonelada de explosivo, efectuando fuego contra los centinelas malienses y españoles que estaban en la entrada. Un puesto que se encontraba apenas 50 metros del cauce del río Níger, y que ha sido cambiado para mejorar la seguridad en dos meses.

Más sobre fin de misión en Malí

Aunque explosionó uno de los vehículos, y el otro pudo ser desactivado posteriormente, los daños materiales se hicieron sentir en el interior de una parte de las instalaciones, con cristales rotos, puertas agrietadas y techos que cayeron en algunos de los dormitorios donde dormían los españoles, checos, suecos, austríacos, belgas, irlandeses y alemanes.

Después de tres meses, los trabajos de reparación en la base continúan, con el objetivo de dejar al máximo y a punto para el relevo de los militares españoles que comenzarán a llegar a partir de la semana que viene, procedentes de una unidad de Tenerife. Regresarán, por ello, tras seis meses en Koulikoro, situada a unos 60 kilómetros de la capital Bamako, los oficiales, suboficiales y tropa de Castilla y León, entre ellos el capitán Juan Antonio Garrido Fernández (Brilat) y el teniente Darío Djaschni De Castro, (Regimiento de Caballería Farnesio 12).

Ambos oficiales han participado en el adiestramiento del personal militar maliense en un curso de liderazgo. El artillero Garrido, con sus padres residiendo en La Cistérniga y familia en Medina de Rioseco, cuenta las horas para volver de esta su primera misión internacional con 29 años.

Militares en la base de Koulikoro, en Malí. Abajo, a la derecha, el Teniente Coronel Ignacio Armada, jefe del Grupo Táctico de la base. / J. M.

Su destreza para conversar en perfecto francés con las tropas malienses, y en inglés con las de Chequía y Alemania, la aprendió, en parte, durante el Bachillerato en las Jesuitinas de Valladolid, centro ubicado en Núñez de Arce ya cerrado y ahora residencia para mayores. De allí a la Academia de Artillería de Segovia dos años, y otros tres en la General de Zaragoza. Ahora vive en Pontevedra. Por su parte, el almeriense-madrileño Djaschni, miembro del club de rugby de Arroyo de la Encomienda desde hace dos años, sueña con recuperar los 'partidos perdidos' desde noviembre de 2018 que salió de la base del Empecinado en Santovenia.

«Al ser especialista en vehículos de Caballería, me asignaron este curso para impartir a los malienses», apostilla el oficial, que está destinado en el Regimiento Farnesio desde 2017, y ascenderá a capitán, «sin destino por el momento», en julio. La UE ha destinado fondos para la recuperación de esta base, considerada punto fundamental para la presencia multinacional hasta mayo de 2020. A partir de esa fecha, la Unión deberá decidir si prosigue con esta misión internacional con más de 600 militares.

Les pilló por sorpresa

Según explica el teniente coronel Ignacio Armada de Losada, jefe del Grupo Táctico de la base, que se encarga de dar seguridad en los desplazamientos desde Koulikoro, «es evidente que tras el atentado hemos tenido que redoblar la vigilancia y los controles, porque lo cierto que es nadie se esperaba que se actuase así. Fue a las tres la madrugada y, menos a la guardia, nos pilló a todos durmiendo. Ese día no había constancia de alerta, y los dos soldados de la Brilat en la puerta respondieron con rapidez lo que evitó que entrasen a las instalaciones. Unos soldados, de 25 y 28 años, a los que este sábado el general alemán, jefe de la base, y los mandos españoles, entre ellos el coronel segoviano Javier Alonso-Miñón, recompensarán por su respuesta «que salvó vidas».

El cruce de fuego duró unos 20 minutos, y ahora los servicios de inteligencia tratan, después de la intervención de los cuatro desactivadores, (entre ellos el palentino de Herrera de Pisuerga, Óscar Nestar) de «atar los todos cabos sobre el origen del material» y los 1.100 kilos de explosivos que llevaban en las dos furgonetas.

El Grupo Táctico de Koulikoro lo forman alrededor de 190 españoles, de los 265 militares que hay en la base de Malí. Entre ellos están también 71 militares de Chequía y cuatro desactivadores alemanes. Alemania ha aportado además unos 20 blindados Casspir, que pesan 10.800 kilos y permiten desplazar a una decena de militares dentro.

«No piensas que te puedes jugar la vida»

A punto de cumplir 50 años, este militar, nacido en Herrera de Piuerga (Palencia), acumula tras de sí tanta experiencia como valentía. Desde Kosovo, pasando por Líbano, Bosnia y Afganistán, este especialista EOD pasó cerca de 12 horas desmontando la carga casera.

Desde el pasado noviembre se encuentra en la base de maliense de Koulikoro (su novena misión) y el pasado mes de febrero fue, como jefe de grupo de artificieros, uno de los cuatro militares que realizaron la desactivación de la media tonelada que no llegó a explotar y que los milicianos yihadistas trataron de introducir en la base.

«Estaba en la habitación de madrugada y oímos la fuerte explosión del primer coche. Sonaron las alarmas y los teléfonos, y nos pusieron en situación de alerta para intervenir. Cuando ya se acabo el tiroteo, comenzamos a actuar nosotros con el material no detonado en uno de los coches suicidas. Se tuvo que neutralizar el área antes de operar para mayor seguridad. Los principales héroes fueron los dos soldados que repelieron la agresión e impidieron la entrada de los vehículos», explica este suboficial nacido en la villa de cangrejo palentino, en donde viven sus padres y su hermano.

Óscar, casado y padre de dos hijos ya mayores, ha intervenido también como zapador durante el terremoto de Pakistán y de limpiador de minas en Afganistán. Considera que «es mi trabajo como técnico del Ejército, y no piensas que te pueda suceder nada cuando estás actuando. Ser desactivador de explosivos te 'condena' tanto como profesional que una vez que superas el curso y sigues ejerciendo es tu ocupación para muchos años. Mi trabajo está ahí y me parece fácil. La carga no corre, está ahí, no me dispara, pero si tengo un error evidentemente es el último», apostilla con la frialdad de un especialista, que añade que su familia sabe de los riesgos que implica.

El ataque registrado el 24 de febrero utilizó el mismo material y método que se emplea en los atentados que se registran en el norte de Malí, y que son casi diarios. Afortunamente, el segundo coche no ardió, por lo que la carga quedó intacta, aunque la camioneta sufrió por el incendio de la onda expansiva.

Desde el atentado, tanto él como el sargento Primero, Pedro Varela, continuaron días después analizando el material en busca de huellas y determinar el origen del material. Los cuatro componentes del grupo serán condecorados también este sábado.

Todos ellos tratan de garantizar también la protección del personal castrense en los desplazamientos que se hacen por el país (hasta 700 kilómetros han tenido que recorrer en vehículos Lince, puesto que la superficie de Malí supera a la de España y Francia juntas). Checos y españoles han viajado con sus respectivas unidades militares hasta Sevare, ciudad al norte del país, donde los grupos yihadistas vinculados a la coalición de Al Qaede Islámica del Magreb y JINM siguen operando desde hace años.

Por ello, las fuerzas europeas organizan grupos de adiestramiento en las siete regiones militares de Malí para que los combatan. «Europa no es consciente de lo que en esta zona de África se está jugando por la seguridad occidental», sostiene el oficial de Infantería. Ignacio Armada añade que «son las autoridades malienses las que marcan qué tipo de entrenamiento quieren, y en función del mismo hemos llegado a estar desplazados hasta seis semanas fuera de la base».

En las instalaciones existen además otras dos unidades, la Plana Mayor y el Grupo de Instructores o Adiestradores (ETTF) para el personal maliense. En este último caso, se imparten cursos de liderazgo, artillería, infantería, topografía, reconocimiento de artefactos, de morteros, y de gestión del material. Hasta una treintena de cursos imparten los españoles. Una vez recibida la formación, tanto mandos como tropa de Malí se van al norte a combatir, por eso, quizás, los grupos yihadistas conocen la importancia de la base de la UE en Koulikoro y su objetivo para dañarla como pretendieron el 24 de febrero pasado. Pese a que los militares del Programa EUTM Malí, procedentes de hasta de 22 países, podrían dar una respuesta «no combatimos solo entrenamos a los malienses», dejan claro los mandos españoles.