52 minutos patas arriba

C. Tangana ofreció el concierto más fugaz de estas ferias, pero con el público entregado./Henar Sastre
C. Tangana ofreció el concierto más fugaz de estas ferias, pero con el público entregado. / Henar Sastre

C. Tangana remueve los cimientos de la Plaza Mayor de Valladolid en un concierto breve que terminó #con 'Mala mujer' y 'Llorando en la limo'

Víctor Vela
VÍCTOR VELA

Llega, pone la Plaza Mayor patas arriba, y 52 minutos después dice adiós, muy buenas, se acabó lo que se daba. Me voy. C. Tangana ofreció ayer el concierto más fugaz y voraz de estas ferias. Empezó diez minutos antes de la hora y a las 23:13 echó el telón. Si te dicen locura, era esto. Si te prometen entrega, también. Los accesos cortados. Las gargantas destrozadas. Gente de pie hasta en las farolas. En el escenario: columnas de humo, de fuego, pirotecnia, un neón que dice 'Ídolo'.

Y él.

C. Tangana 'El breve', 'El sabio', 'El conquistador precoz'. El pueblo rendidito a sus pies. Entregado a sus pistas pregrabadas, sus saltos eternos, su voz tuneada. Tremenda acogida su 'show', que ayer se esparció a toda prisa por los 'stories' del Instagram. Dieciséis canciones y entre medias, sorbito a gollete de una botella de Johnnie Walker.

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Si nos fijamos en las letras, análisis de texto, (había que sabérselas para escucharlas bien) no son las suyas, parece, canciones de amor y bolero («Loco por la chapa cuando se desata, bótamelo guapa, vengo full de paca). Más bien simulan estudiada provocación, con su taco, su te voy a hacer esto, su ven aquí y hazme lo otro, su estrofa de sexo deseable y sucio como algunos peluches de feria. No faltan el explícito vamos a tal, el con todas las letras te voy a cual, el (y aquí no reproducible) dime que no quieres pascual. Si se habla de droga es para esnifarla. Si se habla de mierda es para colocarse. Si se habla de amor es porque quiere decir...

Pero, en realidad, las letras de C. Tangana hablan, sobre todo, por encima de todo, a pesar también de todo, de éxito, de fama, de ego y de ombligo. De amor propio y de querencia al poder. Son canciones sobre el dinero, sobre estar en la cumbre, escalar a lo alto, subir donde nadie más ha subido y, desde ahí arriba, disfrutar del paisaje, enamorarse de uno mismo en la cima y, si hace falta, escupir al que se ha quedado por el camino. Parece C. Tangana un personaje (con su máscara, su discurso, su mensaje, su disfraz) que coloca ante el público un espejo complejo y distorsionado sobre la fama y el poder.

Así que, más allá de tacos y de sexo, sus letras se dirigen (con ironía y caricatura) a esos jóvenes que sueñan con que su cama es un ferrari, que su cuarto es un palacio, un plató de Telecinco, un sofá en gran hermano VIP. Chavalería que sueña con que la mesita de noche es caja fuerte con billetes de 500 y no con mudas del Bershka o camisetas del Siksilk. Son letras para imaginarse que el bus de Auvasa es limusina; que en la vida siempre es verano, eterna fiesta en el yate de Cristiano, un videoclip de reguetón. Son canciones donde la pepsi es Moët Chandon, donde los billetes de cien se tiran por la calle, donde «yo soy el rey» y todo lo demás rencor, envidia, rivales que miran y quieren lo que yo conseguí. Es ombliguismo calculado. Postureo declarado. Amor al euro, al dólar, al lujo y la billetera repleta. Soy el amo, viva mi cara, 'Ídolo' dicen estas letras del escenario, soy lo más. Y lo sabes. «Hacer dinero es un arte; trabajar es un arte. Los buenos negocios son la mejor de las artes», canta, aunque aquí no se escuche, en 'Avida dollars'. Pero luego, para redondear la jugada, se suelta con 'Llorando en la limo' (la última de la noche) para reírse de ese personaje que lo tiene todo menos a ti. El ídolo construido y caído.

Un grupo de adolescentes grita cuando ve aparecer a su ídolo.
Un grupo de adolescentes grita cuando ve aparecer a su ídolo. / Henar Sastre

O a lo mejor no. Porque como él mismo explica: «Mucha gente se piensa que sabe lo que quiere hacer C. Tangana. Hay mucha gente que se piensa que es fajos gordos, culos grandes, coches caros. Y te voy a decir una cosa. Dentro de este panorama nacional asolador, C. Tangana está enseñando a los chavales a bregar con gánsteres y multinacionales». Lo dice después de cantar 'Inditex', antes de entonar 'Forfri', de quitarse la sudadera y de quedarse en camiseta, con la marca de una gran empresa deportiva en el pecho y al cuello más oros que una viuda en Benidorm. Ha saltado C. Tangana del 'underground' a la radiofórmula. Del rap callejero a la fusión, al trap, reguetoneo de macroescenario en la Plaza Mayor, con 'Mala mujer' y 'Llorando en la limo' como traca final. Ese personaje que clama por la fama la ha logrado, a juzgar por lo de ayer.

Aunque tal vez el éxito no es del que triunfa una noche, sino del que sobrevive a la mañana siguiente. Y esto vale para los amantes… y para los cantantes.

Espectáculo de Coldchain en la Plaza Mayor.
Espectáculo de Coldchain en la Plaza Mayor. / Henar Sastre

El invierno de Coldchain

«¿Qué pasa Valladolor, cómo estamos?», saludan Suzzee y Zar1, integrantes de Coldchain, cuando ponen pie, voz y montaje en la Plaza Mayor. «Estamos en el valle o qué, Valladolor drama. ¿Cómo veis mi alma desde ahí abajooo? Vamos a bailar lo oscuro, Valladolor», dicen al inicio de una sesión... desconcertante. El dúo pucelano acercó el invierno al corazón de la capital con una propuesta de bases musicales, sonido industrial, aristas oscuras sobre las que se paseaba la voz y las consignas de Suzzee. «Me gusta sentirlo, vamos a bailar lo oscuro, yah, Valladolor, yah». Llegan para presentar 'Béntica', el trabajo que publicarán en otoño y del que ya se puede ver una pista, 'Oscuro', en las redes sociales. En el escenario se acompañaron del baile teatralizado de León Skulls Co. y del rap irreverente de Erik Urano. «Valladolor drama».

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