Luis Piedrahita: «Hoy abunda la grosería y la arrogancia, enemigas del humor»

Luis Piedrahita, preparándose para su lucha interna./ DIEGO MARTÍNEZ
Luis Piedrahita, preparándose para su lucha interna. / DIEGO MARTÍNEZ

El artista estrena 'Es mi palabra contra la mía' en el Teatro Carrión de Valladolid y ofrecerá al público una dosis de «ternura necesaria»

JIMENA VEROSValladolid

Ilusionista o «mago de las cosas pequeñas», como él mismo se define en su perfil de Twitter, Luis Piedrahita es uno de los pilares que sostiene el mundo del humor en nuestro país. Después de recibir este año la Grolla d'Oro por su labor en 'El Hormiguero 3.0', llega al Teatro Carrión de Valladolid para continuar con su tradición de estrenar cada espectáculo en las fiestas de la Virgen de San Lorenzo. Piedrahita espera a su público hoy y mañana, a las 20:15 horas, para expresar sus contradicciones vitales y cábalas internas en 'Es mi palabra contra la mía'.

–'Es mi palabra contra la mía' se presenta como un 'show' de humor, ingenio y ternura. ¿Por qué ternura?

–La ternura me parece necesaria. Hoy abunda lo contrario, la grosería y la arrogancia, enemigas del humor. Son una actitudes frías que repelen la empatía. Sin embargo, la ternura permite un abanico de emociones mucho más interesante. Para que el humor funcione con todo su potencial hay que de darle un pellizquito al corazón.

–Nadie está a gusto con lo que le ha tocado en la vida. ¿Usted lo está?

–Nadie lo está. La vida tiene malas noticias que vienen de serie y que son inevitables, como la perdida de seres queridos, el deterioro, el olvido, lo que pudo ser y no fue… Todas se resumen en una: el paso del tiempo. El humor hace que sea más llevadero y que sea soportable. Dicen que cuando uno disfruta, el tiempo pasa rápido y mejor.

–¿Qué idea hay detrás del título?

–Es un diálogo conmigo mismo. Un monólogo en el que, partiendo de la idea del descontento general, llegamos a la conclusión de que reírnos juntos es lo único que puede vencerlo. Yo opino esto, pero a veces me llevo la contraria. Es mi palabra contra la mía.

–¿Interactuará con el público como en otros espectáculos?

–Por supuesto. Tengo tres tradiciones a las que soy fiel desde hace más de seis años y que siempre se cumplen. La primera es lujo de contar con la ayuda del ilustre pucelano J. J. Vaquero para la elaboración del guión. Es uno de los humoristas más brillantes y auténticos que hay en el panorama nacional. La segunda es que mis 'shows' siempre se estrenan en las fiestas de Valladolid. Se ven aquí en primicia, antes que en ningún sitio. Y la tercera, es la improvisación. Siempre me gusta entender el espectáculo como un traje hecho a medida del público asistente. Cada función tiene algo único, siempre.

–Sus monólogos le llevan a analizar el comportamiento de la sociedad. ¿Es tan neurótica como la retrata o exagera las situaciones?

–Unas veces exagero para llegar a la comedia, pero otras veces piso el freno para esquivar el drama.

–¿Ha tenido que recurrir a la autocensura de algún comentario porque lo ha pensado dos veces?

–No. Nunca me autocensuro. Cuando pienso las cosas dos veces es solo para intentar que sean más graciosas. El único fin de este espectáculo es divertir. Si alguien consigue sentirse ofendido o halagado es solo mérito suyo.

–¿Cree que el abuso de los formatos televisivos con monólogos abre puertas a más actuaciones en teatros o saturan al público?

–El hecho de que haya monólogos en televisión ayuda a llenar los teatros. Pero la gente no es tonta. El público no acude al teatro a ver a un artista solo porque salga en la tele, sino que busca algo que le emocione. Este medio cada vez tiene menos capacidad de influencia.

–¿En qué medida han influido sus estudios en Comunicación Audiovisual en su carrera profesional?

– Mucho. No solo en la formación sino también en la gente que uno conoce durante ese periodo. Me encanta reencontrarme a mis compañeros de facultad ahora en el ámbito profesional.

–¿Prefiere trabajar en solitario?

–Llevo catorce temporadas en El Hormiguero y me gustaría seguir allí hasta el final. Me parece un espacio de absoluta libertad creativa. Antes escribía con Pablo Motos para El Club de la Comedia, allí nos conocimos. Por aquel entonces, hace ya 20 años, yo empezaba a subirme solo a los escenarios y a hacer monólogos. Es un espacio donde me manejo muy bien solo. Cuando hay un buen jefe trabajo bien y, cuando no lo hay, intento ser mi propio jefe.