Viajaban en un vuelo que se desplomó 300 metros: «Creímos que el avión se iba a estrellar y que nos matábamos»

Luis Fernando Zúñiga y Natalia Sánchez, pasajeros del vuelo A330-343. /M. G. Marbán
Luis Fernando Zúñiga y Natalia Sánchez, pasajeros del vuelo A330-343. / M. G. Marbán

Pánico de una joven pareja de vallisoletanos a la vuelta de sus vacaciones en Isla Mauricio por el desplome del avión

MIGUEL G. MARBÁNValladolid

«De repente el avión empezó a caer y pensamos que se iba a estrellar contra el suelo, que todo se acababa, que nos íbamos a matar». Es el aciago recuerdo que Luis Fernando Zúñiga, de Medina de Rioseco, y Natalia Sánchez, de Villalba de los Alcores, donde es concejala del Ayuntamiento, tardarán mucho en olvidar después de haber vivido el pasado martes, en primera persona, el desplome durante unos 300 metros del Airbus A330-343 de la compañía española Evelop, en el que la pareja regresaba de sus vacaciones en Isla Mauricio.

«Todo sucedió de forma muy rápida, sin que se avisara de turbulencias como en otras ocasiones, aunque estaba encendida la luz», recordaron ayer los dos jóvenes, que todavía tienen el susto en el cuerpo, a sabiendas de que lo más importante es que «lo podemos contar», en palabras de Luis Fernando, quien lleva puesto un collarín en el cuello como secuela de incidente, junto a un fuerte golpe en el costado. Una contractura cervical que también presenta su novia.

Cuando llevaba cinco de las once horas totales del viaje, al sobrevolar África, «el avión empezó a temblar y, rápidamente, comenzó a caer, como cuando caes en una montaña rusa». En ese momento, Luis Fernando, que acababa de venir del servicio, no pudo ponerse el cinturón de seguridad y salió volando para, después de golpearse la cabeza en el techo, ir a parar al espacio de la puerta de emergencia que los dos jóvenes tenían delante. El joven riosecano recordó que «me encontré en el suelo sin saber qué había pasado, me puse de pie, me senté como pude con la ayuda de Natalia, nos agarramos de la mano y el avión comenzó de nuevo a caer. Entonces pensamos que todo se había acabado, que nos matábamos». Los dos jóvenes coincidieron en que la caída tuvo como dos tramos. En ese momento, Natalia, que no paraba de gritar, «lo único que quería es que acabara todo para no sufrir más, porque la sensación de caer es horrorosa y sabes dónde vas».

«Lo único que quería es que acabara todo para así no sufrir más, porque la sensación de caer al vacío es horrorosa y sabes dónde vas a parar»

Luis Fernando y Natalia tardarán mucho en olvidar los gritos de terror del avión; la ayuda que les prestó el pasajero que estaba junto a ellos y sus palabras de «ese chico ha volado»; toda la comida y bebidas de las azafatas por el suelo; los dos médicos que se prestaron voluntarios a realizar las primeras atenciones; las lágrimas de sus madres ante lo que podía haber ocurrido.

A los diez minutos llegaban las palabras del comandante para comunicar que había sido una turbulencia inusual que no la captan los radares y que el avión estaba estabilizado. Sin embargo no fueron muy agradables las cinco horas que aún quedaban para llegar a Madrid, pues a la mínima turbulencia las muestras de nerviosísmo se repitieron entre los pasajeros. Finalmente, llegaron a Valladolid, donde el miércoles fueron atendidos de sus lesiones en el hospital del Río Hortega.

Natalia Sánchez y Luis Fernando Zúñiga, pasajeros del vuelo A330-343.
Natalia Sánchez y Luis Fernando Zúñiga, pasajeros del vuelo A330-343. / M. G. Marbán

Ahora, Luis Fernando y Natalia tienen claro que tardarán en subirse a un avión, aunque al final lo hagan, porque «nos gusta mucho viajar». Pero saben que cuando llegue ese momento, Isla Mauricio no será su destino, «a pesar de que nos ha gustado mucho». Los dos no dudan en asegurar de que han vuelto a nacer y de que ya tienen algo muy importante que contar a sus hijos y a sus nietos.