El colectivo 'Déjame ser feliz' de Valladolid atiende en el último año 200 llamadas por acoso escolar

Niñas juegan en el taller de malabarismos celebrado en la Cúpula del Milenio. /Rodrigo Jímenez
Niñas juegan en el taller de malabarismos celebrado en la Cúpula del Milenio. / Rodrigo Jímenez

La Cúpula del Milenio acoge varios talleres y actividades lúdicas con motivo del Día Internacional contra el Acoso Escolar

RUBÉN V. JUSTO

'Déjame ser feliz' es el nombre de una asociación sin ánimo de lucro que intenta frenar el acoso escolar. Una realidad tabú, que, según el colectivo, configuró el día a día de al menos 200 familias vallisoletanas que buscaron su consejo a través de llamadas telefónicas. El organismo trató de visibilizar esta realidad con múltiples actividades en la Cúpula del Milenio con motivo del Día Internacional contra el Acoso Escolar .

La mañana fue momento para efectuar talleres de defensa personal, de prevención de 'bullying' y 'ciberbullyng' y para debatir sobre el acoso en las redes sociales. La tarde la protagonizaron talleres de malabares, pintacaras, bailes y espectáculos de magia.

En torno a las 18:30 horas, los pitidos de un centenar de motos rompieron en mitad de los talleres infantiles. Cien pilotos desempolvaron su chaqueta de cuero y partieron hacia la capital desde las provincias limítrofes para oponerse a esta lacra social.

Al acto también acudió la concejala de Educación, Infancia e Igualdad, Victoria Soto, quien propuso «establecer nuevos protocolos de actuación». La edil apunta que resulta necesario formar a profesorado, familias y alumnos para detectar nuevos episodios y para tratarlos adecuadamente.

Pasado doloroso

Marta Cortés, la fundadora de 'Déjame ser feliz', rememora la historia de la organización, que cumple un año. Un pasado cercano y doloroso en el que su hija sufrió violencia y en el que, consecuentemente, adoleció tres años de atención psicológica, una constante situación de miedo y una tibia rota.

«Me tiré todo un sábado llorando y cuando me levanté el domingo siguiente decidí fundar todo esto», recuerda. «Mi hija tiene Transtorno de Déficit de Atención (TDH), ahí comenzó el acoso», interpreta. «Llegaron a amenazarla de muerte y tuvimos que pedir un traslado de colegio por seguridad».

Para Marta Cortés, el acoso se efectúa de distintas formas. El primer maltrato es psicológico y le continúa el físico. Aunque, «lo peor son las redes sociales». Con el desarrollo de Internet, el maltrato se expande más allá de lo presencial, se multiplica y se difunde como un contenido viral. Para Marta es «un tema tabú porque la gente teme represalias». Según puntualiza, quiénes omiten o ignoran la realidad son igual de responsables que los agresores.