«El agua ha alcanzado el metro y medio y ha destrozado todo»

Labores de limpieza en el bar El Niño Perdido tdespués de las inundaciones. / Rodrigo Jiménez

Los 37,2 litros que ha dejado la tormenta en Valladolid han obligado al cierre de negocios

RUBÉN SÁEZ

El cielo encapotado, el fuerte viento y los truenos se presentaron en Valladolid como preludio de la impresionante tromba de agua que ha desbordado la ciudad. Locales inundados, garajes inutilizados o calles embadurnadas de barro

Una vez más las predicciones volvieron a fallar, no fueron 20 litros, sino 37,2 los que anegaron los distintos puntos de la ciudad. El agua corría por las calles y el teléfono de los servicios de emergencias no paraba de sonar. Cientos de avisos a los que no había manera de hacer frente: vehículos atrapados, sótanos sumergidos o desprendimientos. Valladolid no había vivido nunca una situación igual, !20'2 litros en diez minutos¡ Una cifra récord, según la Aemet.

Apenas doce hora después de la espectacular tormenta, los comercios y locales siguen achicando agua, revisando daños y haciendo balance de una situación que«nunca fue tan gorda», como aseguran desde uno de los locales afectados.

A lo largo del Paseo de Zorrilla, una de las zonas más dañadas, se suceden las labores de limpieza y el intento de una vuelta a la normalidad. «Vine por la noche porque nos lo esperábamos peor», afirma Pilar, gerente de una de las peluquerías afectadas. Sin embargo, desde Aceitunas Olibher, con la planta baja inhabilitada por el agua, mantienen que no es la primera vez y «hay que buscar soluciones».

Pero sin duda, el protagonista de una de las imágenes más impactantes que ha dejado la lluvia en Valladolid ha sido la coctelería El Niño Perdido. Ricardo Izquierdo, camarero que se encontraba en el local cuando se comenzó a innundar, asegura que «el agua llegó hasta el metro y medio» y «ha destrozado todo». A consecuencia de la intensa tormenta, este bar de copas no sabe cuando va a poder reabrir sus puertas.

«Había cuatro dedos de agua»

Una situación similar ha vivido la Escuela Infantil Municipal Campanilla, en Parquesol, que al abrir sus puertas se ha encontrado con «cuatro dedos de agua». Solo tres de sus siete aulas se habían librado de los efectos de la tormenta, lo que ha obligado a acoger solamente a los niños a los que era imposible recoger. «Aún sigue saliendo agua del suelo», afirma su directora.

Entre las labores de limpieza y las miradas de preocupación surge un último anhelo común: «A ver qué pasa con el seguro».