Fosas comunes a la sombra de mausoleos falangistas

Mausoleo de Onésimo Redondo (1905-1936) en El Carmen, donde reposan sus restos desde el 13 de junio de 1941. /
Mausoleo de Onésimo Redondo (1905-1936) en El Carmen, donde reposan sus restos desde el 13 de junio de 1941.

Las monumentales tumbas de Onésimo Redondo y del general Martínez Anido presiden el panteón de vallisoletanos ilustres en El Carmen

J. SANZ

«No deja de ser curioso estar aquí, rescatando del olvido los restos de represaliados de una fosa común, y toparte con el muro del mausoleo de Onésimo Redondo cada vez que levantas la vista», reconoce el arqueólogo Julio del Olmo, director de los trabajos de exhumación de los enterramientos masivos de las víctimas de la represión franquista en el cementerio de El Carmen. Allí, bajo tierra, reposan amontonados los cuerpos de un millar de vallisoletanos, que fueron ajusticiados entre 1936 y 1941, a la sombra casi del fastuoso enterramiento de granito del líder falangista.

El monumento funerario, al que fueron traslados los restos de Onésimo Redondo (muerto el 24 de julio de 1936 en la localidad segoviana de Labajos) el 13 de junio de 1941 en un acto más que multitudinario, se encuentra, en efecto, a escasos cincuenta metros de la primera de las fosas localizadas en el camposanto y se cree que puede estar rodeado literalmente de otras seis más. Poco boato recibieron ellos en comparación con el fastuoso homenaje al Caudillo de Castilla dispensado en aquella mañana de un lunes de junio por las más altas autoridades franquistas, encabezadas por el ministro de Trabajo, José Antonio Girón Velasco, vallisoletano de adopción aunque nacido en Herrera de Pisuerga (1911-1995), y que aún hoy da nombre al barrio Girón. Sus restos, aunque en una sepultura mucho más modesta, también reposan en el cuadro contiguo al 58 de la fosa común.

El mausoleo de Onésimo preside desde entonces la zona noble del cementerio, como es el corredor ajardinado que acoge, en el centro, el panteón de personas (vallisoletanas) ilustres, donde reposan desde José Zorrilla su sepultura fue la primera en 1902 hasta Miguel Delibes el último en llegar en 2010. Pues bien, a un lado del panteón se encuentra el mausoleo de Onésimo y al otro, no menos fastuoso, el del general Severiano Martínez Anido (1862-1938), quien lideró la sangrienta represión contra los obreros en Cataluña durante la dictadura de Primo de Rivera y, después, ya en plena Guerra Civil, llegó a ser nombrado ministro de Orden Público con el fin, a juicio del historiador Hugh Tomas, de «sembrar el pánico» entre las filas republicanas. El general, aunque natural de Ferrol, murió en la capital vallisoletana el 24 de diciembre de 1938 fruto de una enfermedad. El actual mausoleo, financiado por el Ayuntamiento, fue edificado en 1949 y sus restos reposan allí desde el 3 de junio de ese año. Fue despedido, al igual que Onésimo, en un acto multitudinario.

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