Vientos de república en las calles de Valladolid

La manifestación del 29 de marzo de 1931, hace hoy 80 años, anunciaba la caída inminente de la Monarquía y el triunfo de las candidaturas republicanas en abril

ENRIQUE BERZALVALLADOLID.
Manifestación obrera en la Plaza Mayor en los años de la II República. ::
                             EL NORTE/
Manifestación obrera en la Plaza Mayor en los años de la II República. :: EL NORTE

Valladolid, marzo de 1931. La Monarquía se precipita sin freno por el precipicio del descrédito político. Sostén principal, junto a la Iglesia, de la dictadura de Primo de Rivera, el deterioro de esta la arrastra sin remisión. A la altura de finales de 1930, la República era un valor político en alza; sobre todo entre las élites políticas e intelectuales y en las capitales de provincia.

También en Valladolid, donde los partidos republicanos habían recibido como un mazazo las condenas a muerte, en diciembre de 1930, de los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández. Promotores de la llamada sublevación de Jaca, pronunciamiento militar a favor de la República, Galán y Hernández pasarían a la historia como auténticos 'mártires' republicanos.

Los rescoldos represivos de la sublevación alimentarían la marea de protestas republicanas. Sobre todo cuando el 20 marzo de 1931, en plena campaña electoral de los comicios municipales de abril, se celebró el consejo de guerra contra el Comité Revolucionario firmante del manifiesto republicano de agosto de 1930 (Pacto de San Sebastián): el juicio se convirtió en toda una manifestación de afirmación republicana.

Cuando el día 23 se hicieron públicas las condenas a seis meses de «prisión con moratoria» por «excitación a la rebelión» de Jaca, las fuerzas republicanas intensificaron la campaña por la amnistía. Esta resultó especialmente polémica el día 25, como consecuencia de una manifestación convocada en Medicina por la Federación Universitaria Española (FUE): la batalla campal con las fuerzas policiales se saldó con dos muertos, un estudiante y un guardia civil, y varios detenidos. La huelga estudiantil no tardó en extenderse por toda la península.

A la calle

La manifestación por la amnistía del 29 de marzo, hace hoy 80 años, coincidió en Valladolid con la procesión del Domingo de Ramos. Dos actos multitudinarios, pero de signo contrario. Los participantes de la primera comenzaron a reunirse en la Plaza Mayor a las diez de la mañana, guiados por la Agrupación Socialista y la Federación local de Sociedades Obreras.

Los directivos de ambas, de la Alianza Republicana, de la FUE y del Partido Republicano Radical Socialista encabezaron una multitudinaria manifestación que arrancó a las diez y media en punto, previo disparo de cohetes, tras un gran cartel rojo con la palabra 'Amnistía' dibujada en color blanco. Otro cartel rezaba: 'F.U.E. Amnistía. Proceso Mola'.

El objetivo era entregar al gobernador civil un documento con escuetas y concretas demandas políticas. En perfecto orden discurrió la manifestación por las calles de Santiago, Duque de la Victoria, Fuente Dorada y Angustias hasta desembocar en la plaza de San Pablo, donde se encontraba la sede del Gobierno Civil. Durante el trayecto, se fueron incorporando numerosos viandantes, como los «grupos del Barrio de San Andrés y de las Delicias», que, según EL NORTE DE CASTILLA, se unieron en Teresa Gil. No faltaron miembros -más de 200- de las agrupaciones socialistas de Laguna de Duero, Tudela, Mucientes, Boecillo, Zaratán, Villanubla y otros pueblos cercanos a la capital.

Al llegar a su destino, una comisión delegada se dispuso a entrevistarse con el gobernador. La formaban Remigio Cabello, Víctor Valseca, Antonio García Quintana, Eusebio González y Teófilo Salgado, por la Agrupación Socialista y la Federación local de Sociedades Obreras; Julio Guillén, Aurelio Cámara, José Antonio G. Santelices y Manuel Gil Baños, por Alianza Republicana; Enrique Pons, presidente del Partido Republicano Radical Socialista, a quien acompañaban los militantes Félix Otero y Juan Moreno Mateo, y, por la FUE, los señores Conejo y Merino, entre otros destacados republicanos.

El gobernador, Alfredo Queipo de Llano, atendió con amabilidad a la comitiva, cuyo documento presentaba dos peticiones concretas: «Que se conceda rápidamente una amplia amnistía que comprenda a cuantos españoles, tantos civiles como militares, estén presos, procesados, condenados o expatriados por delitos políticos y sociales y, de modo especial, como consecuencia de los sucesos de diciembre último»; y exigir las responsabilidades oportunas a la fuerza pública por el proceder ante los sucesos estudiantiles de Madrid, «y que se decrete, desde luego, la destitución del director general de Seguridad [Emilio Mola]».

Queipo de Llano no solo se comprometió a enviar dichas peticiones al Gobierno de la nación, presidido entonces por el almirante Juan Bautista Aznar, sino que alabó el orden y la importancia del acto realizado. Es más, incluso permitió a Remigio Cabello asomarse al balcón para expresar a la multitud congregada el éxito de la manifestación y reivindicar, a viva voz, las peticiones entregadas por escrito. El remate de su discurso fue revelador: «Terminó declarando que el acto y todos los análogos que se celebraban en España constituían una pública afirmación del bloque antimonárquico y un nuevo paso en el camino emprendido hacia el establecimiento de un nuevo régimen, dentro del cual todas las agrupaciones de carácter societario podrán seguir laborando por la fraternidad, la libertad y la justicia».

Siguiendo las indicaciones de Cabello, la multitud se disolvió en perfecto orden y en no más de diez minutos. Los congregados, en especial los convocantes, estaban convencidos de que aquel acto tan impactante les procuraría un apoyo decisivo para las elecciones del 12 de abril. No sabían hasta qué punto.

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