Mantecados La Humildad traslada su fábrica a San Miguel del Arroyo

La carencia de un solar en Portillo que cumpla las condiciones requeridas ha provocado la mudanza de la factoría

ÁNGEL CAPELLÁNPORTILLO.
En el proceso productivo de los mantecados se procura no tocar el producto con las manos. ::                             A. CAPELLÁN/
En el proceso productivo de los mantecados se procura no tocar el producto con las manos. :: A. CAPELLÁN

Decir Portillo es sinónimo de mantecados y de dulces, es recordar el exquisito aroma que despiden en varias calles de esta singular villa los obradores que elaboran estos preciados y típicos manjares. Portillo endulza los paladares de los amantes de los buenos dulces.

Sin embargo, esta localidad vallisoletana está ahora un poco más vacía. Se puede decir que ha 'enviudado'. El horno de confitería más emblemático y característico del municipio, Mantecados La Humildad, se ha trasladado a la próxima localidad de San Miguel del Arroyo. Según Mario Adeva Sanz, gerente de Mantecados La Humildad y Dulcipava, el traslado ha estado motivado por la imposibilidad de «encontrar un solar dispuesto y acondicionado para poder desarrollar la actividad. En Portillo existe un polígono, pero es de una empresa privada, no tiene accesos y está sin desarrollar, es decir, no dispone de luz, ni de teléfono, ni de agua corriente, ni desagües. Nuestra actividad necesita agua saneada y pasar sus correspondientes controles sanitarios; por ello, no puedes establecerte donde quieras y abastecerte de agua de un pozo, por ejemplo. También se estudiaron otras zonas del municipio y tampoco pudo ser, por lo que se decidió llevar las instalaciones al polígono de San Miguel del Arroyo, que sí dispone de todos los servicios que necesitamos».

Tres generaciones representan la historia de esta fábrica de dulces desde que su creador, Adriano Sanz, decidiera vender a golpe de mulo y carro, como gráficamente se representa en una más que simbólica fotografía que se puede ver expuesta en la propia fábrica, los primeros productos que de forma totalmente artesanal hacían en los bajos de su casa familiar.

Los tres pilares del éxito

Tras los sucesores, vástagos de Adriano, la empresa llega a manos de su nieto y actual gerente, Mario Adeva Sanz, un auténtico innovador y vanguardista del sector del dulce, quien ha sabido conjugar los tres pilares básicos que garantizan el éxito comercial, como la tradición, la calidad del producto y su promoción. Buscando una selección de productos que permitieran abastecer un mercado que cada vez es más selectivo y competitivo. Así, productos tan tradicionales en esta localidad como la ciega, el amarguillo, las palmeritas, los copitos, los polvorones, los roscones, las tartas y pasteles, que en tiempos siempre se hicieron en esta casa, han tenido que ser apartados de circulación para centrarse en productos en las pastas de té rellenas, las pastas surtidas de piñón o de almendra y, por supuesto, el producto estrella, el típico mantecado de Portillo, también conocido como portillanos o zapatillas.

Un producto con historia

El mantecado tiene siglos de historia en Portillo, pues existen documentos del siglo XV que aluden a la existencia de pasteleros y confiteros en la localidad. En la actualidad se sigue elaborando de forma tradicional, amasando manteca de cerdo ibérico con harina de trigo y añadiendo aguardiente anisado para que dé ese sabor tan característico que se aprecia al saborearlo. Una vez cocido en el horno, se recubre el mantecado, primero por una cara, y una vez secado nuevamente en el horno, se vuelve a recubrir por la otra de un baño blanco, hecho con clara de huevo y azúcar, al que se añade un conservante natural, como es el vinagre o el limón. Al consumidor llega después de pasar tres veces por el horno, lo que proporciona una imagen de laboriosidad en su elaboración. Se trata de un manjar presente no solo en la vida de los propios portillanos, sino también del resto de los vallisoletanos (quién no recuerda las típicas 'zapatillas' de la Humildad que durante décadas se servían de complemento indispensable con ese elixir -llamado 'penicilina'- en el centenario bar El Penicilino, por citar uno de ellos).

Hoy en día los productos de la marca La Humildad y Dulcipava se distribuyen a través de las grandes cadenas alimentarias (Corte Inglés, Mercadona, Eroski, Supercor, Hipercor, Árbol, Lupa, Froiz, Ahorromax, entre otras), repartidos por toda la geografía nacional, especialmente en las comunidades de Castilla y León, Madrid, País Vasco y Galicia. Pero si usted ha montado en un Ave de largo recorrido, sepa que los mantecados con los que le han obsequiado en el viaje se elaboran en esta misma casa del municipio de Portillo.

Ubicados desde esta misma semana en unas modernas instalaciones sobre una superficie de 1.600 metros cuadrados (800 construidos), disponen de un nuevo sistema de fabricación, en el que los 10 operarios que conforman la plantilla trabajan en una serie de líneas de producción sin cruces entre ellas.

En una zona se fabrica el producto, el área donde se está en contacto con la materia prima, siempre de alta calidad (se utilizan grasas no hidrogenadas y detectores de metales y de cuerpos extraños). La zona de cocción es la de los hornos y, finalmente, el proceso concluye en la de empaquetado y pesado, dotada de etiquetadoras automáticas para que «el producto se toque lo menos posible con la mano», aclara Adeva, quien desde sus comienzos ha apostado por una producción de calidad, artesana y vanguardista en el sector del dulce.

Una vez finalizado el laborioso proceso ya solo queda el veredicto del consumidor, que podrá apreciar este dulce artesano que con tanto mimo se elabora.

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