Los tesoros de Rioseco

Calle Mayor de Medina de Rioseco./Fran Jiménez
Calle Mayor de Medina de Rioseco. / Fran Jiménez

Siembre hay un buen motivo para visitar una localidad que sorprende por su rico y variado patrimonio y que invita al visitante a realizar «un viaje a la emoción»

Miguel García Marbán
MIGUEL GARCÍA MARBÁN

«Rioseco tiene tanta historia que toda ella se ha convertido ya en leyenda», escribe el escritor Jesús Torbado al llegar a la Ciudad de los Almirantes en su viaje por Tierra de Campos. Y es que Rioseco forjó su leyenda en la mezcla de almirantes de secano, viejas ferias y mercados, castillos de ensueño, cocodrilos de río, conquistadores de tierras lejanas, vírgenes y nazarenos, batallas perdidas, canales para navegar entre mares de tierra y fábricas como palacios, trenes con paso de burra, enormes torres de iglesias catedralicias, conventos de clausura y solitarias puertas de olvidadas murallas.

En un vistazo

Entrada conjunta. Adquirir la entrada conjunta es la mejor manera de conocer gran parte del patrimonio monumental de la Ciudad de los Almirantes. Con un solo tique se pueden visitar varios monumentos y disfrutar del paseo en el barco 'Antonio de Ulloa' por el Canal de Castilla. Para poder adquirir las entradas que incluyen paseo en barco se debe realizar reserva previa de las plazas del barco llamando al teléfono 983701923.

Las entradas conjuntas están a la venta en el Museo de Semana Santa, iglesia de Santa María, Museo de San Francisco y Centro de Viajeros del Canal de Castilla. Más información en la Oficina de Turismo 983720319.

Siembre hay un buen motivo para visitar una localidad que sorprende por su rico y variado patrimonio y que invita al visitante a realizar «un viaje a la emoción». Una visita que bien podría iniciarse en el Museo de San Francisco, instalado en la bella iglesia del antiguo convento franciscano fundado por los Almirantes de Castilla. Su sorprendente visita guiada con luz y sonido acercará al visitante a sus notabilísimas colecciones, entre las que brillan con luz propia los grupos escultóricos en barro cocido del insigne Juan de Juni.

Más tarde, el viajero pasará por la plaza Mayor para llegar al Museo de Semana Santa, que acoge la monumental iglesia de Santa Cruz. Un museo que le permitirá conocer una tradición secular, cargada de fe, historia y arte, declarada de Interés Turístico Internacional y Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial. En sus fondos sobresale la importante colección de pasos procesionales de los siglos XV al XX.

Un paseo por los centenarios soportales de la calle Mayor, corazón de la vida riosecana, donde resonarán los tiempos de las grandes ferias y mercados que la localidad acogió, guiará al visitante a la iglesia de Santa María, cuya esbelta y elegante torre barroca domina todo el espacio. En su interior se distingue la Capilla de los Benavente, uno de los conjuntos más relevantes del Renacimiento español.

Por la calle Mediana, se llegará a la iglesia de Santiago, que presenta una elegante síntesis de estilos, del gótico al barroco, tanto en el exterior como en el interior, donde «todo es armonía, elegancia y magnificencia», en palabras de Emilia Pardo Bazán al quedar fascinada con el impresionante retablo mayor churrigueresco con escultura de Tomás de Sierra.

No debe el viajero olvidar acercarse hasta el Canal de Castilla, un gran proyecto nacido del sueño ilustrado de crear una vía de comunicación y transporte que uniera el interior con los puertos del norte. Hoy, este espectacular curso artificial hidráulico y el pequeño puerto de interior que fuera la dársena de Medina de Rioseco ofrecen al visitante múltiples posibilidades deportivas, lúdicas o culturales como el paseo en el barco Antonio de Ulloa, las rutas en piragüismo o la visita a la fábrica de harinas de San Antonio. Tampoco debe de dejar de visitar las puertas de Ajújar, San Sebastián y Zamora como restos de la muralla de la ciudad.

En definitiva, una visita en la que tampoco podrá faltar el poder degustar sabrosas viandas como el asado de lechazo, los pichones terracampinos o la variada repostería como emblemas de una tierra que, una y otra vez, invita a volver, porque siempre se vuelve a aquellos lugares que te tocan el corazón.